Nos
toca. Eso que el
profesor acaba de poner en nuestras manos, además de un boletín de notas, es
un testigo: en los próximos meses, nuestra es toda la responsabilidad de educar
al peque. Porque llega el verano y con él, las vacaciones para todos… menos para los libros si somos unos padres
responsables (y lo somos).
Ya lo
hemos dicho muchas veces: leer es la base
de toda la educación. El que logra meter en su hijo el gusto por la
lectura, tiene media guerra escolar ganada, porque le
costará menos concentrarse, estudiar, y sacar adelante ese ejército
infinito de exámenes que se le vendrán encima.
Así
que, ahora que va a tener un montón de horas libres, de lo que se
trata es de ir poniendo esas miguitas que le hagan picar y lo acaben
convirtiendo en un adicto a la letra impresa.
Es una
misión difícil, claro. Los diseñadores de consolas se estrujan las neuronas
cada día para atraer la atención por atraerse la atención de nuestro hijo,
los de la tele igual; hasta la piscina se pone a llamarles. Pero a
nuestro hijo nadie le conoce mejor que nosotros: ese es nuestro arma, y vamos a sacarle
partido.
El regalo es un buen cebo. ¿Te has fijado que, recién
comprados, hasta los libros de matemáticas
captan su atención? Pues ahí tenemos otra vía: regálale para estas
vacaciones un libro [mejor si no es de matemáticas].
La clave está en encontrar un libro que sea algo más: que sea una extensión de sus
inquietudes. El fútbol, las aventuras, los animales, los viajes, el miedo,…
hay un libro apropiado para cada
hijo, sólo tenemos que aplicar en su búsqueda nuestro mejor olfato.
¿Ves
que el tuyo es un chaval que busca constantemente tu atención? Pues ahí
tenemos un punto para la estrategia: coge asiento y regálale
toda tu atención mientras te lee un cuento. Es más. Leer cada uno a un
personaje, o una frase para hacerlo más
entretenido.
Porque
en esto de la lectura es básico que comprendamos algo muy importante: tenemos
que involucrarnos hasta las cachas. A un
niño no se le hace lector por comprarle cien libros. Con que tengamos uno que
le guste mucho, y que lo leamos juntos, que se convierta en un ritual divertido,
con uno solo podemos cambiar su mundo lector.
¿Cuántas veces puede un niño ver una película de
dibujos si le gusta? Miles. Pues con los libros pasa igual. Pero no basta con que sea un buen libro: para que le encante, al libro
tenemos que añadirle lo mejor de nosotros mismos. Tenemos que leérselo,
meternos en el papel, crear un ambiente especial. Cuando un niño escucha a sus
padres narrarles el cuento, metiéndose en el papel, haciendo un poco de teatro (Y entonces… chan, ta, ta chan….),
entonces el libro pasa a ser un juguete con el cual viaja a otro mundo. Y eso es
lo mejor que se le puede pedir a un a libro.
Si este
pequeño teatro lo llevas como una rutina sagrada, mejor que mejor. Eso de leer con él antes de que se duerma, además de un momento muy íntimo y
delicioso, es un hábito muy saludable: haces que cada día, antes de
despedirse, pase un rato a solas contigo, con un libro, con la fantasía…
elementos que repetidos cada día son como un bálsamo para su carácter y
desarrollo.
Pero para nuestra misión pro-lectora puede también
ayudarnos de otras armas: el cómic,
con sus dibujos, causa menos rechazo entre los niños, y según, los expertos, es
igual de válido que un libro: aquí lo importante es que el chico lea, ya
sea un cuento, un tebeo, o la misma constitución.
Pensando en echarnos una mano, ahora los quioscos también
reciben revistas echas especialmente para
niños. Es una buen opción que recomendamos para tu hijo…
pero también para ti: son de fácil lectura, y echándoles un vistazo
podrás tomar muchas ideas de los temas sobre los que le gusta leer a tu hijo,
algo que nos viene muy bien luego para la caza del libro perfecto.
Toda estrategia queda
incompleta si no aprovechamos para visitar con él esos parques temáticos de la
lectura llamados bibliotecas. El lugar es tan fascinante para un niño, que conviene
que vayamos con él desde una edad muy temprana. Que se acostumbre a verlos, que
los toque, que los abra y mire los dibujos…. Hay que ir familiarizándole con
ellos desde pequeños: los niños ahora, en vez de llegar con un pan debajo del
brazo, deberían hacerlo con un cuento.
Y hablando de
cuentos, los cuentacuentos. Es una manera indirecta de llevarle a la lectura, pero también
funciona. Los cuentacuentos son personas que saben muy bien como crear ese
clima, como atraparles en una historia, como invitarles a que se acerquen a
cuentos y fábulas.
Por eso sería muy
conveniente que creciera con uno de ellos en casa. Con un cuentacuentos.
Hemos estado mirando listas de precios y, lo más económico, según parece, es
que al papel de padres le añadamos también el de cuentacuentos. Suena un poco
raro, pero, si lo piensas, por ellos ya
hemos sido antes Papá Noel, los Reyes Magos, o el Ratoncito Pérez. A quien
ya ha sido tantas cosas, una más, con tal de que si hijo lea, no le importa. ¿Verdad?
¡Ánimo!