Juan se ha levantado y escogido con mucho
cuidado la ropa, fijándose en las combinaciones y las poses que ponen los
modelos en el catálogo. Aprovecha y se echa un poco de colonia. Tiene los
deberes preparados por si le preguntan y tiene que salir a la pizarra. Cuando
está desayunando, su hermano de 5 años le salpica con la leche manchándole la
camisa.
"¿Es que no puedes dejar de comportarte
como un crío?", le dice al crío de su hermano.
Raquel, la madre, está delante, con los ojos
como platos. Conoce esa frase porque, ahora que lo piensa, se la ha soltado un
montón de veces a Juan. Pero Juan tiene 8 años, y eso de que no hagas el
crío, dicho por un niño de 8 años, suena muy raro.
Está comprobado que nuestros hijos aprenden
antes a imitar que a razonar. El pensamiento abstracto y crítico no se les
empieza a desarrollar hasta los 10 años, pero ya antes, mucho antes, que eso, te
darás cuenta cómo a veces le da por contestar con alguna de esas frases que
tanto repetimos sin darnos cuenta. Y es que nuestros retoños son como esponjas,
que todo lo absorben. Por eso en la infancia se les dan tan bien los
idiomas: porque asimilan muy rápido (y a veces, con poca crítica) todo lo que
les rodea.
El otro día Sonia, una madre
de 35 años, sorprendió a su hija cogiéndole las pinturas de su cuarto e
intentando maquillarse. "Antes de hablar con ella, lo primero que hice fue reírme
al verla, con sus piernecitas de 6 años metidas en mis zapatos de tacón y todo
llena de colgantes".
Sonia decidió regañarla "un poco" por cogerle las cosas sin permiso,
pero no le dio mucha importancia al tema. Y es que, aunque debemos estar
vigilantes, hay que tener claro que todo juego es bueno y sano mientras siga
siendo un juego, es decir, mientras no pase a ser una angustia. Que una niña se
pinte por jugar, está bien, pero que lo haga para estar guapa, es para
preocuparse.
El problema está en que no "todo lo que
les rodea" les lleva por el buen camino. Cada vez es más habitual ver a
niños que no alcanzan los 10 años, metidos en series de televisión, donde se
preocupan de cosas que muy poco tienen que ver con su edad. Si atendemos a la
tele, nuestros niños pasan de "Los Lunnis" al Gran Hermano
saltándose la etapa de "Parchís". Muy pronto ven a personajes que
se odian, se seducen, se manipulan...
Hay ahora todo un culto por la
apariencia con el que tenemos que andarnos con cuidado. A nuestros hijos se les
expone cada vez antes a relaciones que no son de su edad niños que se enamoran,
que se preocupan por su vestido, que adquieren NECESIDADES... Como señala
psiquiatra Ana Ruiz, de la Unidad Infanto-Juvenil del Hospital Gregorio
Marañón, "hay una erotización de la cultura, no hay más que ver la
televisión, las revistas del quiosco... hay una exposición cada vez más
precoz a la adolescencia. Y así estamos, adelantando problemas. La anorexia y
otros trastornos son cada vez más tempranos".
El mes pasado entrevistamos
al payaso Titu Cleques, que nos enseñó cómo los niños de Guinea
Ecuatorial se ríen de cosas distintas nuestros hijos. "Aquí
nos reímos de las desgracias de los demás, y ellos se ríen de las cosas más
simples. Si miras las películas infantiles ahora van a por los superhéroes
y la acción. Un niño aquí se ríe de que se caiga una abuelita. Un niño
allí no tiene dinero para comprarse una muñeca, se la monta con dos palos, y
se ríe de eso". Lo que está haciendo que un niño conserve su
inocencia y otro la pierda es, justamente, ese "todo lo que les
rodea". Tenemos que cuidarlo porque en él nos va la infancia de nuestros
hijos.
Hay que estar alerta ante esa
cultura que poco a poco socava los comportamientos habituales de un niño.
Tenemos que evitar eso que se dice de que "hoy los niños tienen de todo
menos infancia". A continuación os damos unas pautas para preservar la
infancia de vuestros hijos:
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Que no se nos caigan los
anillos: si le ves muy obsesionado y crees que es necesario: prohíbele cosas
que no creas adecuadas para su edad, pero recordando que prohibiendo solo
solucionamos la mitad del problema. También tienes que...
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Sustituir. Hay que
conseguir que tenga otras preocupaciones más propias de su edad. Para ello el
mejor camino es el juego. Pasa más tiempo con él o facilítale que se junte
con amigos de su edad y que jueguen juntos.
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Observa de dónde pueden
venir esas nuevas preocupaciones. Quizás pase mucho tiempo ante la tele,
más concretamente, quizás el problema sea que la mira haciendo muy poquita
crítica. Ponte a su lado y cuestiona lo que ves, coméntalo, ayúdale
a criticar esas imágenes de éxito rápido, así le estarás enseñando que
se puede mirar la tele sin fascinarse ante lo que ve.
La fascinación ante "la
caja tonta" es un problema que tenemos que cuidar muy seriamente, ya que,
como nos recordó el presidente de la Asociación de Usuarios de la
Comunicación, "hay
estudios que dicen cosas como que hasta los cinco años un niño no sabe
distinguir un anuncio de lo que es el resto de los programas, y que aun tarda un
poco más en saber que la finalidad de los anuncios es vender".
· A lo mejor tu hijo se junta
con amigos que se hacen los líderes a base de comportarse como mayores. Tienes
que detectar esas posibles amistades peligrosas. Si tienes la confianza
suficiente (y sería muy bueno que así fuera) puedes compartir tus
preocupaciones con los padres de esos otros chicos. Si no te es posible, habla
con tu hijo para que no se deje influenciar fácilmente.
· El problema puede venir de
una tontería como la fascinación por un nuevo personaje de la tele, o puede
que se produzca por algo más general, como que tengamos a nuestro hijo en un
ambiente que le empuje a crecer demasiado deprisa, a asumir responsabilidades
que no le tocan. Es verdad que vivimos en una sociedad que, al menos en sus
anuncios, invita a todos a vivir un poco a lo loco... pero la solución no
pasa por cargar a un niño de responsabilidades desde pequeñito.
¿Le hemos cargado con
actividades extraescolares pensando en el bien de sus estudios? Recuerda que la
infancia solo la vivirá una vez, y que para hacerlo de una forma sana, tan
importante es que todos los días vaya al cole como que pueda jugar todas las
tardes.
Es instaurando, promoviendo y
defendiendo esos hábitos de "niños" como conseguiremos que vivan y
crezcan sanos. Para aprender lo que vendrá después, siempre tendrá tiempo. Ya
cuando llegue a la pubertad su cuerpo le empujará a que ponga la cabeza rumbo a
otras preocupaciones. Pero mientras tanto, lo mejor que podemos hacer es
cuidar y cultivar su infancia, un tesoro delicado que les llevará muchas veces
a mancharnos irresponsablemente la ropa, o incluso a romperla jugando, sí,
porque nos va a desesperar a base de bien... pero es que ahora está en un reino
mágico, sin preocupaciones y con pocos límites, un reino en el que todos
empezamos, pero que es tan frágil que bastan unos pasos hacia el mundo adulto
para que se cierren las puertas del castillo. No es una calamidad, solo un
paso más, pero queda mucho tiempo aún para darlo...
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Todo juego es
bueno y sano mientras siga siendo un juego, es decir, mientras no pase a ser una
angustia
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Si le cargamos de
responsabilidades cuando solo es un niño, puede que lo estemos preparando mejor
para la escuela, pero estamos creando otros problemas
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Prohibirle cosas que
no sean adecuadas a su edad, puede ser necesario, pero solo soluciona la mitad
del problema
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