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ADICCIONES SIN DROGAS


Muchos padres cuando veíamos a nuestros hijos enganchados al móvil, al teléfono o a Internet, no pasábamos de preguntarnos [ante todo y sobre todo] lo caro que podía salirnos aquella forma de divertirse.

Pero ahora parece que hasta de la videoconsola tenemos que empezar a sospechar. Según el Instituto Superior de Estudios Psicológicos (ISEP) ya podemos hablar de “adicciones sin drogas” o “adicciones psicológicas” producidas por el móvil, los chat de Internet, o los videojuegos, y, cómo no, ahí están nuestros hijos, más cerca de nadie de todos esos aparatos.

Tenemos que cambiar el chip: hay abusos que no son sanos. Tener al niño todas las tardes jugando a la consola puede que nos de cierta tranquilidad, porque por lo menos así sabemos donde está, pero la verdad es que él está en edad de hacer otras cosas.

El problema lo han descubierto los psicólogos y es precisamente psicología lo que ahora necesitamos. Antes de nada, hay que hacerse la siguiente pregunta: ¿por qué nuestro hijo se pasa tanto tiempo con el móvil, la consola o internet?

Los hijos [aunque a veces no lo parezca], son seres humanos [o eso dice la teoría]. Vamos a intentar entenderles. ¿Qué es lo que puede haber detrás de estos comportamientos? No es un afán de derroche o fastidio. Es algo mucho más sencillo: tu hijo tiene ganas de conocer gente, de tener amigos. En su cabeza las cosas son sencillas: piensa que sí, que puede salir a la calle, arriesgarse e irse con una gente que a lo mejor no le acepta y le margina, o simplemente gente que no comparte sus gustos... podría hacer eso y pasarlo mal, o puede meterse en Internet y, con solo poner lo que le gusta, encontrará a cientos de personas con las que poder hablar. Si, además el chico está en la adolescencia y no se siente bien con su cuerpo, en internet uno puede decir que es rubio, cachas y, si le da la gana, hasta cambiarse de sexo.

Con el teléfono pasa algo parecido: cada vez que nuestro retoño manda un mensajito o hace una llamada, se da cuenta de que tiene amigos, de que puede contarles lo que le preocupa.

Como hemos dicho, tu hijo es un ser humano, y no hay nada peor para un ser humano que sentirse solo o aburrido (y esto va por los videojuegos).

Pero por mucho que faciliten la comunicación, el abuso de estos medios puede hacer más mal que bien.

Como dice el psicólogo Ángel Abad, “si para una persona quedarse sin batería supone una hecatombe, es que hay un problema”. Y es que al echarle horas y horas a estos aparatos, luego, cuando no los tenemos, podemos sentirnos como si nos faltase algo terriblemente imprescindible. Eso es la ansiedad, y por eso hablamos de adicciones.

La frontera entre un uso razonable y un abuso puede ser tan tonta como comprobar qué pasa si tu hijo se queda un día o dos sin su consola, o sin móvil. De todas formas, el Instituto Superior de Estudios Psicológicos nos da algunas pistas para detectar la “telefonitis” y otros males:

  • cada vez le cuesta más comunicarse cara a cara y se siente inseguro.

  • se vuelve hipersensible a las críticas

  • tiende a aislarse de los demás

  • puede empeorar las notas e incluso volverse más agresivo

¿Cómo superar el problema de un uso con abuso?

Cuando era pequeño le dábamos solo una golosina y no la bolsa entera porque sabíamos que pasaba lo que pasaba. A lo mejor ahora tenemos que volver a plantearnos ayudarle controlando de esa manera.

Aunque no podemos quedarnos solo en eso. Un niño que se pasa las tardes enteras enganchado a la consola ya no sabe que puede pasárselo bien de otra forma. Y un adolescente que se pasa con los chats, quizás lo haga porque sea la única forma que tiene de contarle sus problemas a alguien.

Todavía no se ha registrado ningún caso de móvil o videoconsola que haya “obligado” a un niño a jugar solo con la máquina: es el niño el que ha elegido. Elegir significa siempre escoger el camino que creemos que es mejor entre todos los que conocemos. Vamos a tener que enseñarle al niño que hay otros alternitas que él ahora no ve, otras formas de pasarlo bien, y otras formas de comunicarse que son mucho más enriquecedoras. Internet es muy bonito, pero hablar cara a cara aporta mucho más.

Si le cuenta sus problemas a alguien que vive a miles de kilómetros antes que a sus padres o amigos, tenemos que hacer algo por cambiar eso. Es nuestro deber esforzarnos para que pueda confiar en nosotros, que sepa que estamos ahí, que nos importa lo que le pasa.

No está en nuestra mano “hacerle” amigos a nuestro hijo [aunque ya nos gustaría], pero lo que si podemos [y debemos] hacer, es ayudarle a que se relaciones, a que salga. Por ejemplo, podemos: dejarle que traiga amigos a casa, (incluso a dormir), o que se vaya con ellos a otra casa; permitirle hacer un viaje (si ya es lo suficientemente responsable); animarle a que se vaya de campamento o apuntarle a un grupo de convivencia como los “scouts”... Ponerle fácil el conocer amigos, esa es la clave.

Si el problema es que no hay manera de que se de cuenta de que hay vida después de los videojuegos, además de ayudarle a encontrar amigos con todo lo anterior, tenemos que volver nosotros a jugar el papel de “padre-con-el-que-uno-se-lo-puede-pasar-pipa”, un rol que nos tocó hacer cuando era niño y le llevábamos al parque, y que puede que lo hayamos dejado demasiado pronto. ¿Cuándo fue la última vez que jugamos un partido juntos o fuimos a ver algo que a él le interesase? ¿Cuándo el último paseo en bici?

Acaba de empezar el curso y lo mejor es hacer las cosas bien desde el principio. Hay que ayudarle desde ya a que sepa gastar su tiempo en lo que le hagan estar bien, y no en lo que le cansa, irrita, y le hace perder un poco el sentido de las cosas. Mejor curar ahora, que luego vienen las notas y los disgustos.

Datos curiosos
  • El psicoterapeuta alemán Andreas Herter estima que en Alemania hay 380.000 adictos a los mensajes de texto de los móviles.

  • Para el gobierno italiano, el 65,9% de los chicos italianos entre 14 y 16 años abusan del móvil

  • Las claves para superar este tipo de dependencias pasa por solucionar los problemas de base, fomentar la comunicación familiar, restablecer la confianza con los padres y los amigos y aceptar la imagen corporal” Instituto Superior de Estudios Psicológicos

/Ramón Muñiz Abad/

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