Avalancha. Llegan los niños. Llegan dispuestos
a quedarse, a jugar, a saltar, a pelearse... traen consigo un arma
peligrosísima: energía a raudales. Y contra eso hay defensa posible. Lo mejor
es claudicar y unirse al enemigo. Solo así podremos guiar ese vendaval y
conseguir que el tornado encuentre sitios seguros donde desahogarse.
Pocos son los padres a los que
"vacaciones de los niños" les suene a descanso. El niño tiene
programado que debe levantarse a las 8 de la mañana y no es fácil sacarle esa
manía de la cabeza. Ya podemos estar cansados, deseando paladear un poco
más las sábanas [solo un poquito más]. El niño es niño y en su inocencia
ignora la crueldad a la que nos somete: Son días en los que uno se acuerda de
los maestros del niño y se debate entre ponerles unas velas [¡benditos! ¡qué
paciencia!] o echarles una maldición [¡no hay derecho! ¡yo trabajando y ellos
de vacaciones!].
Precisamente el suyo es ahora el ejemplo que
debemos tomar. El profe es un adulto que les va dando tareas a los niños,
tareas en las que se implican, que captan su interés, en las que se concentra y
con las que aprende. No es que el profesor se haya ido y ya está, es que se
ha tomado un descanso y ahora nos toca a nosotros "cubrir" su puesto.
Obviamente estamos de vacaciones, y además no
hemos tenido tiempo en todo el año de sacarnos la carrera de "seño"
y de "profe", así que, ya que somos un poco novatos en esto, mejor
será navegar con el viento a favor. Será una escuela sin cursos ni exámenes.
Buscaremos ejercicios que se parezcan más a los juegos que a los deberes; el
tiempo de recreo será muy importante en nuestro horario, y entre las
asignaturas a las que más horas dedicaremos no estarán tanto las matemáticas
y sí el dibujo o el deporte.
Por ejemplo podemos empezar dejando, tras el
desayuno un tiempo de juego en pijama o de dibujos en la tele. No deberíamos
permitir que éste tiempo fuese más allá de una hora, porque si no los niños
se nos mal acostumbran y luego dan mucha guerra cuando intentamos hacer algo
diferente.
Si tus hijos ya cuentan con seis años,
¡enhorabuena! Te acaba de tocar un ayudante para la casa. Tienes que tener
la habilidad de presentarle las tareas diarias como retos únicos, y con eso no
solo te habrás ganado un aliado, sino que además le estás enseñando el orden
y a que sepa hacerse cargo de sus cosas. Es mejor que en lugar de decirle
"haz esto" o "ven aquí que no haces nada" intentes seducirle.
"A ver si eres capaz de llevar la ropa sin que se te caiga" o
"mira, así se dobla un pantalón, ¿a ver cómo lo haces tu?". Quizás
para ti hacer éstas cosas sea una pesadez, pero para ellos es todo un
descubrimiento. ¡Les encanta hacer las cosas que hacemos los grandes! Y si
además le dices cosas como que acompañarte a la compra "es algo de mucha
responsabilidad, hay que prever todo lo que podamos necesitar en casa, no es
cosa fácil, no lo puede hacer todo el mundo... ¿has visto tu a niños
comprando en el súper?" Así conseguirás que se sienta importante. Junto
a él, tu mismo puedes aprender a mirar las pequeñas cosas del día a día con
los ojos de un niño, que le dan a todo un sentido especial muy sano para la
vida.
Hemos tenido ya recreo, un poco de
"prácticas domésticas", pero a nuestra "escuela en casa"
no le puede faltar tampoco deporte. Que corran, naden, vayan en bicicleta, le
den patadas a un balón o palmadas, lo que sea... pero que se cansen [no lo
duden, el que inventó el deporte debía ser un padre muy apurado, seguro]. Son
unas fechas excelentes para comprarles pelotas, bicicletas, raquetas... ¡sacos
de boxeo si hace falta!
Ya se acerca la hora de la comida. ¿Cuándo se
ha visto a un niño cocinar? Nunca, ¿verdad? Pues por eso vamos a
proponérselo, porque es una aventura. Le enfundamos el delantal, guantes y
gorro si podemos, y a partir de ahora le llamaremos por su verdadero nombre:
chef, maître, garçon, o como quiera que le bauticemos. Si os gusta el disfraz
pero los platos que sueles hacer no le dan mucha oportunidad para participar, en
nuestra sección
de cocina encontrarás algunas recetas aptas para cocineros
"precoces".
Después de comer, lo mismo de la mañana: a
recoger un poco entre todos y tiempo de recreo. Pero como ya han
"trabajo" mucho con los juegos, así para variar, vamos a hacer que
trabajen con la cabeza.
El verano debe ser tiempo de lectura, así
que intenta conseguir libros que le interesen, que le enganchen, y no olvides
preguntarle por lo que lee, pedirle que te lo resuma. Esto es muy bueno para que
desarrolle sus capacidades de comprensión, expresión y memoria.
Hablamos de leer (comics, tebeos, cuentos,
novelas...) pero a lo mejor a tu hijo lo que de verdad le conviene es repasar
los libros del cole, o los cuadernos de ejercicios para el verano. Eso es algo
que os debió de decir el profesor al final del curso.
De todas formas te proponemos que, como en
todas las escuelas, busques un sentido más global a los ejercicios, que vayan
acompañados de conversaciones, charlas o excursiones. Podemos por ejemplo
hacer semanas temáticas. la primera, pongamos por caso, dedicada a los
animales; y nos vemos alguna película de animales, dibujamos unos cuantos,
leemos cómo viven, por ejemplo en "El libro de la selva"... y luego,
lo mejor de todo: nos lo llevamos al zoo, o al circo. Si queréis
"exprimir" más la salida, pedirle luego que os haga una redacción,
para que no se le olvide escribir.
El tema de las excursiones lo podéis hablar
con otros padres y organizarlas en grupo, o que unos padres se lleven un
día a todos los chicos, y la semana siguiente les toque la guardia a otros.
En éstas fechas hay todo un mundo de
actividades para salir con los niños, pues son muchos los padres con el
mismo problema. En nuestra agenda
encontrarás algunos Museos e instituciones que organizan en éstas fechas
aventuras, campamentos urbanos, excursiones y demás dinámicas pensadas solo
para enanos. Seguramente tu ayuntamiento también tenga varias opciones
preparadas. No olvides consultarles en el área de cultura.
Y así, juego a juego y salida a salida, se han
ido pasando las horas y se nos va echando la noche encima. Mañana habrá que
inventarse de nuevo algo, pero ahora, por primera vez en todo el día, podemos
disfrutar del lado amable, hermoso y tranquilo de un niño: cuando duerme.