¿Cómo
explicarle las cosas a alguien que es nuevo en éste mundo, no sabe para
qué sirve cada cosa y encima y todo, no entiende tus palabras porque no
sabe lo que es una palabra?
Si
te sorprende ésta pregunta seguramente no hayas tenido aún que
enfrentarte a un bebé: ahí estáis, tu y esa maravilla que mide medio
metro, y tu eres el adulto, es decir, “el que sabe” manejar la situación,
porque si no sabes enseñarle tu, ¿quién va a hacerlo? La naturaleza es
muy sabia, pero como todos los profesores que nos encontraremos, también
necesita de nuestra colaboración.
Obsérvale.
Eso es lo primero que hay que hacer para ayudar a nuestro bebé a que
desarrolle sus capacidades. ¿Qué es lo que le gusta? ¿Qué le asusta?
¿ En quién se fija más? Saber éstas cosas y cómo utilizarlas es la
clave de todo ésta etapa.
Un
ejemplo: el otro día hablé con las madres de dos preciosos bebés:
Daniel y Javier se llaman. A Javier, como era el más “adulto” (tiene
ya 20 meses), le habían regalado un triciclo hace varias semanas, pero,
según decía su madre, no había forma de que el pequeño le tomase
confianza al juguete y se subiera sin ayuda. Así que con un poco de pena
los padres habían decidido que si el otro bebé sabía aprovechar el
juguete se lo regalarían a él. Aunque tiene tres meses menos, Daniel es
un bebé muy atrevido, y en cuanto vio el triciclo se subió a él y empezó
a moverse. La sorpresa vino cuando Javier, al ver como su amigo jugaba
sin miedo en el triciclo, se acercó al juguete y no paró hasta subirse
por primera vez él solito.
Ya
unas semanas antes los padres de Javier se dieron cuenta de que su pequeño
dejaba de cojear cuando gateaba desde el momento en que vio como su amigo
lo hacía de esa forma.
Seguramente
al observar a tu bebé habrás visto reacciones parecidas. Una de las
maneras en que los más pequeños se van desarrollando es esa. Ven un
ejemplo y lo imitan. Es una manera de asimilar algo que les impactó,
un estimulo, es decir, algo que desde fuera despierta su interés y energías
para que aprendan o superen algo. Esa es una forma sencilla de
comunicarnos con nuestro bebé, de animarle a intentar cosas.
Los estímulos son un lenguaje completamente nuevo para nosotros, que siempre
estamos acostumbrados a comunicarnos con palabras. Por ello el bebé
supone un gran reto personal: tenemos que ponernos a su altura para que
nos entienda, saber qué dice con su mirada, cómo hacer que nos imite
un gesto, una palabra, un tono, una actitud... se trata de seguir jugando
y riendo con él, pero al divertirnos juntos tenemos que estar abiertos y
atentos para aprender de él su lenguaje, su forma de decir las cosas. Así
nos comprenderemos y sentiremos aún mejor con nuestro niño.
Si te resulta complicado entender a tu bebé, tranquilo, ya sabes que no hay mal que
cien años dure. A
partir de los tres años todo será más fácil,
porque normalmente el pequeño ya conoce el vocabulario suficiente como
para estar a nuestro lado con ese millón de preguntas del tipo “y por
qué esto, y por qué le otro..., y por qué aquello...”. La educación
entonces se basará en una paciencia infinita para ir respondiendo a las
preguntas de tu hijo. Se trata “solo” de ir viendo y hablando con él.
Pero cuando las palabras no sirven de nada a la hora de enseñar muchos padres
pierden la paciencia. ¡No os desaniméis! Es precisamente ahora cuando éste
tipo de esfuerzos merecen la pena. Cuanto más pequeños son más
capacidad de aprender tienen, y solo van manteniendo esa capacidad si se
la estimula. Está comprobado que en el octavo mes de embarazo nuestros
hijos tienen entre dos y tres veces más neuronas que un adulto. Resulta
que las neuronas, si no se usan van muriendo y no se regeneran. Conclusión:
los estímulos ayudan a que esa enorme capacidad de aprender que tenemos
al nacer dure más tiempo. Las caricias y juegos con los que ahora
disfrutamos juntos servirán durante muchos años.
ALGUNOS
EJEMPLOS MÁS
No hay una tabla definida de estímulos, aunque sí unas nociones generales.
Cada niño es un universo que crece y se expresa a su manera, y la esencia
de todo éste proceso es que tu y él os acerquéis, conozcáis lo que el
uno quiere decir al otro. Más importante que ninguna receta es afinar el
instinto materno y paterno, él va a guiaros sobre las necesidades de
vuestro hijo muchas veces mejor que ningún médico.
No
hay una tabla definida de estímulos, aunque sí unas nociones generales.
Cada niño es un universo que crece y se expresa a su manera, y la
esencia de todo éste proceso es que tu y él os acerquéis, conozcáis lo
que el uno quiere decir al otro.
Más importante que ninguna receta es afinar el instinto materno y
paterno, él va a guiaros sobre las necesidades de vuestro hijo muchas veces mejor que ningún médico.
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Un
ejemplo de la potencia y lo diversos que son los estímulos está en
los padres canguros. Un estudio que publicó la Academia de Pediatría
de EEUU demostraba los beneficios de que uno de los padres tuviera
abrazado en el pecho a su bebé prematuro. Con dos o tres horas al día
e “incluso aunque el niño tenga un tubo de oxígeno” se conseguía
que los niños se desarrollasen mejor que si estaban todo el tiempo en
la incubadora. Ese era el primer resultado de esos momentos en el que
la piel se abraza a y da cariño, pero es que además el estudio decía
que los padres “se deprimen menos, son más cálidos, e interactúan
mejor con su bebé”. Y es que el primer estímulo, el más
importante, y el que si no lo tenemos de nada sirve todo lo demás, es
el estímulo afectivo, capaz de éstos pequeños milagros con una sola
muestra de ternura.
Antes
de nacer:
Comienza
a estimular al bebé antes de que nazca. Desde el quinto mes ya es capaz
de ver y oír, y casi todo lo que escuche mientras esté calentito ahí
dentro , después le recordará a esa seguridad y calma.
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En
una habitación tranquila intenta relajarte y meditar. Piensa que tus
sentimientos también le están envolviendo. Habla con tu bebé,
cántale una canción o ponle una que a ti te guste y sea tranquila.
Cuando haya nacido le ayudará a relajarse.
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Escucha
de vez en cuando música clásica. Hay una corriente médica, llamada
musicoterapia, que estudia los efectos de cada sonido sobre el
organismo. Según ésta ciencia violines y pianos, cuando no se tocan
con mucha furia, favorecen el ritmo cardiaco y el riego sanguíneo. En
general se recomienda música clásica porque con éste tipo de música
es más fácil aislar el sonido de los instrumentos. Solo así llegarán
melodías al bebé: piensa que de otra forma, ahí dentro, con el líquido
amniótico, los sonidos se distorsionan.Los tonos graves relajan
nuestro organismo. Que el padre hable con el bebé si queréis que
cuando nazca se tranquilice con su voz.
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Si
ya tenéis hijos haced que hablen al nonato, de ésta forma aprenderá
pronto que ellos pertenecen a ese círculo de personas que lo cuidan
desde siempre.
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Cuando
el bebé haga algo que estáis intentado enseñarle, tenéis que
felicitarle TODOS. Contarle a los abuelos y hermanos que es lo que estáis
intentando que aprenda para que así ellos también puedan animarle.
Después
de nacer:
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Después
del parto, ¿cuál es el momento más feliz que se tiene con un bebé?
Cuando consigue unir ante nosotros esas dos sílabas mágicas de
“pa-pa” y “ma-ma”. Pero los niños no nacen sabiéndolo decir.
Puedes esperar a que él aprenda solo o puedes intentar enseñarle.
Para ello dedica todos los días un rato a enseñarle a hablar. No se
trata de ponerle junto a la tele o de leerle un cuento que no
entiende. Debéis repetirle sonidos simples y con vocales. No
desesperes si tarda en reaccionar. Él nos va a marcar el ritmo todo
el tiempo, y a veces su ritmo no es el que más nos gustaría.
-
De
todas formas lo difícil es que empiece a seguirte, pero una vez
entiende el juego ya verás como todo va más deprisa.
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Pero
no vayas a quedarte en el “pa pá” y “ma má”. Ahora que ya
sabes como hacerlo, intenta seguir enseñándole otras palabras
sencillas.
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En
la medida de lo posible, a todo lo que le digas debe acompañarle una
entonación y unos gestos específicos. Aprenderá antes a percibir el
sentido de lo que le decís por el tono de voz. En cuanto a los
gestos, si adoptáis unos, aplicarlos siempre. Por ejemplo, cuando vayáis
a moveros por la casa intenta anunciárselo señalando con la mano, y
cuando quieras que se siente, palmea el asiento.
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“Tatapetameca,
¿eh?” no significa mucho para ninguno de nosotros, pero para él es
todo un discurso y un intento por hacerse entender. Trata de
comprender sus balbuceos y felicita cada progreso.
-
“NO”.
Quizás sean éstas las dos letras más poderosas. A veces también
ayuda decirle “caca” o cosas parecidas. De todas formas, recuerda
que hasta que no cumpla los diez meses no puede comprender el
significado de la negación. Y no abuses: si el niño oye todo el
tiempo “no”, al final le parecerá una palabra como las demás.
-
Aunque
creas que nos hemos vuelto locos, déjale durante una temporada que
coja los alimentos con los manos. Necesita comprobar su tacto y
aprender de él. Ya sabes lo que te toca: babero, toalla y no se te
ocurra ponerte algo elegante. A la hora de cambiar los tipos de
comida, procura estar presente para que se sienta seguro.
Y sobre
todo, recuerda que no todo está escrito. Estimular a un bebé es aprender
a hablar con él, criarte en la sensibilidad y la intuición, mirar cuando
quiere comida y cuando tiene otro tipo de necesidad.... Para saber esas
cosas tenemos un instinto natural. Entenderás a tu hijo si estás
pendiente de él y de lo que intenta aprender. El trabajo de padres es el
de sensibilizarse en el niño, para entenderlo y poder cuidarle mejor.
Pero el estímulo principalmente esta basado en el instinto
Autor:
Ramón Muñiz Abad
Imágenes:
Maria Casado Lafuente