Ahí se la juegan. Cada vez que nuestros hijos atraviesan la puerta de casa caen en manos de unos seres que hace
mucho tiempo dejaron atrás la escuela, suelen tener la cabeza en muchos sitios, y, desde luego, no andan preguntándose hasta dónde llegan los invertebrados o cuál es la capital de Mongolia.
La escuela se aprueba en clase pero sobre todo en casa, y si lo primero es dominio de los profesores, lo segundo, el hogar, es nuestro reino. Aquí impera la ley del más viejo, y no vale eso de sentarse y esperar a que en clase se lo enseñen todo.
Muchas veces queremos imaginarnos nuestro hogar como el lugar donde descansar, donde relajarnos y dejar pasar las cosas, pero, ¡ay amigos! No puede ser. Dicen los estudios que la mayoría de los infartos se dan entre los 30 y los 40 años, que es la década en la que más responsabilidades tenemos, y una de ellas, la más importante, son nuestros
pequeños. Sabemos que educarles puede resultar una tarea terrible [¡vaya que sí!], pero de todos los esfuerzos que podemos hacer al día, éste es el que más nos merece la pena. ¡Así que no hay
excusa! Vamos a ver juntos una serie de pausas para poder hacer deberes sin
estreses. El secreto de todo, como siempre, está en una planificación flexible
pero arraigada, en una serie de rutinas tan habituales que no necesitan una
guerra cada tarde.
Los expertos no dejan de repetir que el NO es muy educativo, así que vamos a establecer un mapa de NOes para ordenar nuestros dominios de tal manera que cuando llegue a casa nuestro hijo se encuentre
esas rutinas que le lleven directo al éxito escolar... y a nosotros a la
tranquilidad de las cosas bien hechas.
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NO DEJARLES SOLOS.
¡Ah, muy bonito! Resulta que nuestro hijo, al que en clase le enseñan muchas materias, que todos los días se enfrenta a una horda
de profesores cada uno creyéndose que la suya es la asignatura más importante del mundo y que por eso deben hacer montañas de deberes, resulta que este pequeño que ronda la decenita de años, tiene que apañárselas él sólo con todo ello y que como no lo haga bien, luego encima nos llegan las notas y nos enfadamos. ¡Por favor!
Debemos ser su guía y no olvidar ni por un momento que ellos no nacen
aprendidos. ¡Es nuestra responsabilidad
enseñarles cómo se aprende a aprender! Habla con él y negocia un horario razonable para estudiar todos los
días. Que los deberes no sean una carga, si no una actividad donde os encontréis, que
podáis compartir, en la que no se sienta sólo. Muchas veces
hablamos de lo importante que es jugar con un niño, porque ahí nos relajamos
todos, nos ponemos divertidos, y damos a conocer una parte muy positiva de
nosotros que nos permite conocernos mejor. Los deberes, bueno, no son tan
divertidos, pero también nos ayudan mucho a conocernos. Y si no te dejas
convencer y sigues creyendo que son un fastidio... ¡pues ahí tienes un motivo
más para no dejarle sólo ante ellos!
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NO AGOBIARLES. ¡Ah, muy bonito! Resulta que como nos preocupa muchísimo que vaya bien en la escuela, en cuanto llega a casa nos pegamos a su espalda para llevarle hasta el escritorio o las clases extraescolares o cualquier ocupación que no parezca que sirva para aprovechar el tiempo.
La profesión de los niños es perder el tiempo. Perderlo jugando, explorándolo, y eso debe ser sagrado. Tienen que jugar, merendar,
desconectar. Sin eso jamás podrán tener una buena concentración.
De lo que se trata es de irle metiendo poco a poco unos hábitos de estudio que nadie le va a enseñar.
Pero tan importante como es respetar el tiempo de estudio, lo es respetar el de
juego. Ahí es donde pueden cargar las pilas para enfrentarse a lo demás.
A los 6 años debemos arreglárnoslas para que le
vaya echando media horita a repasar un poco la lección o a hacer los
deberes. Media hora a estas edades, entre tanto juego, es bastante llevadero
y le va permitiendo interiorizar y asumir esa pequeña rutina. El paso de los cursos irá complicando las cosas y requiriendo que estiremos ese tiempo. Pero para hacerlo sin brusquedad, por un pequeño tiempo hay que empezar.
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NO HACERLES
TODO. Suele pasar. Hartos de que el niño nos haya dicho ya todas las capitales de un continente sin acertar con la que es, solemos perder un poco los papeles y gritársela nosotros. ¿Quién no ha tenido la tentación de completarles una suma en la que se atragantaban? Sobre todo si la tarea empieza a retrasarse y la noche se nos viene encima.
Pues a todo esto hay que darle también un rotundo NO. Cada vez que nuestro hijo no resuelva un problema podemos darle alguna pista, pero sobre todo,
repasar de nuevo la lección para que se fije en esa cosita que le va a dar la respuesta y en la que no había caído. ¿Qué no entiendes una palabra? Pues mira, esto es el
diccionario, tráelo que te voy a enseñar cómo se utiliza.
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NO OLVIDARNOS DE SUS ESTUDIOS.
Nunca. No podemos confiar en él toda la responsabilidad y quedarnos tranquilamente a esperar que vengan las notas. ¿¡Qué ejemplo es ese!?
¿Cómo podemos esperar que él vaya haciendo esfuerzos todos los días si nosotros le damos la imagen del que espera al último día para hacer algo? A los niños se les enseña
así, dándoles ejemplo. Coge todos los días y dedícale aunque sean veinte
minutos a repasar la lección
o los deberes. 20 minutos es un tiempo muy mínimo que tendríamos de todas
formas que ampliar los fines de semana.
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NO ESCATIMAR ESFUERZOS.
Con esto, además de los quince minutos o la media hora diaria de repaso, queremos deciros que hay que ir a visitar a su tutor y que nos cuente qué materias le cuestan más y de qué forma se pueden reforzar. Más vale que hablemos ya, desde este momento. Es posible que a nuestro hijo le convenga alguna clase de refuerzo, o algún profesor particular en determinada materia. Y eso tenemos que
saberlo, por que si no, si ha tenido la mala suerte de retrasarse o de contar en
clase con un profesor que no sea muy bueno, nuestro pequeño puede empezar a
frustrarse, a ver que por más tiempo que le echa no consigue enterarse de las
cosas, y por tanto, se puede desanimar y bajar los brazos.
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SOBRE TODO NO BASARLO TODO EN LOS NOES. La
casa es el nido, y los padres están para cuidarlo a uno, no para ser sus
carceleros. Toda esta serie de medidas y pautas hay que conseguirlas, claro,
pero se trata de llegar a ellas juntos, sin tener que imponerle al niño qué
debe hacer. ¡Imagínate! Todo el día en clase con un señor que le dice lo que
tiene que hacer, para llegar luego a casa y no hacer otra cosa que seguir
obedeciendo. Dictar estas pautas puede ser tremendamente dañino si no empleamos
un poco de "mano izquierda": podemos ganar durante unos
años a un hijo extremadamente cumplidor, pero a la larga se acabará
desplomando porque, sin darnos cuenta, lo hicimos irresponsable. Cuando a un
niño no se le dan opciones, no se le deja elegir, y solo le queda obedecer,
podrá andar muy derechito ahora, pero a la larga lo pagará.
Por eso, por todo eso, antes de dar un no
conviene dar un sí. Al éxito se llega juntos: consigue que las medidas sean de
mutuo acuerdo. ¿Que cómo se logra eso? Pues sabiendo llevarle. Elogiándole
cuando lo hace bien, mostrándole lo contentos que estamos de él cuando
consigue buenos resultados... y cuando no los consigue, demostrándole que
como padres que somos nuestro cariño no va en función de la nota, que le
seguimos queriendo, y que aquí cuando llegan los fallos lo que hacemos es
preocuparnos de cómo solucionarlos juntos, no de a quién echarle la bronca.
Este mapa de NOes te puede marcar un poco los límites del camino por el cual debéis ir juntos. En cada momento deberemos estudiar el cumplimiento del horario, si está bastando, si hay que ampliarlo. Lo fundamental, la regla de oro, es dedicar esos quince minutos a repasar con él. Eso nos dará la medida de todo y podremos, sin lugar a dudas, saber la notas que se merece nuestro hijo antes incluso que el profesor.
Para ampliar la información:
Buenos hábitos de estudio
Fórmulas
que funcionan para espantar el fracaso escolar (Garantizadas)
Las
notas del primer trimestre: curar a tiempo