Desde que nuestros niños nacen están
en contacto directo con la poesía, se duermen oyendo nanas, aprenden colores,
letras, a contar, ..., con poemas. Más tarde descubren las adivinanzas y los
trabalenguas en los que nuevamente recurren a la poesía.
Cuando unimos a los niños con el arte,
siempre obtenemos un resultado sorprendente, ya que su imaginación y
creatividad alcanza limites para nosotros insospechados. La poesía puede
enriquecer el lenguaje oral y las expresiones de los más pequeños. En el
colegio, los profesores de educación infantil, enseñan mucha poesía como
actividad previa a la lectura. Una vez que los niños se interesan por la poesía,
les enseñan a recitar los poemas utilizando las manos y el cuerpo. Así, los niños
aprenden a comunicar sus ideas y mensajes tanto por medio del lenguaje oral como
corporal. Por medio de la poesía además
estimularemos la memoria, la creatividad, la sensibilidad y contribuiremos a su educación
estética. Así que anímate, aquí tienes algunos ejemplos, de los clásicos de
la literatura, para que empecéis a ensayar los dos:
PREGÓN
(Rafael Alberti)
¡Vendo nubes de colores:
las redondas, coloradas,
para endulzar los calores!
¡Vendo los cirros morados
y rosas, las alboradas,
los crepúsculos dorados!
¡El amarillo lucero,
cogido a la verde rama
del celeste duraznero!
¡Vendo la nieve, la llama
y el canto del pregonero!
LAS
MOSCAS (Antonio Machado y Ruiz)
Vosotras, las familiares,
inevitables golosas,
vosotras, moscas vulgares,
me evocáis todas las cosas.
¡Oh, viejas moscas voraces
como abejas en abril,
viejas moscas pertinaces
sobre mi calva infantil!
¡ Moscas del primer hastío
en el salón familiar,
las claras tardes de estío
en que yo empecé a soñar!
Y en la aborrecida escuela,
raudas moscas divertidas,
perseguidas
por amor de lo que vuela,
-que todo es volar-, sonoras
rebotando en los cristales
en los días otoñales...
Moscas de todas las horas,
de infancia y adolescencia,
de mi juventud dorada;
de esta segunda inocencia,
que da en no creer en nada,
de siempre... Moscas vulgares,
que de puro familiares
no tendréis digno cantor:
yo sé que os habéis posado
sobre el juguete encantado,
sobre el librote cerrado,
sobre la carta de amor,
sobre los párpados yertos
de los muertos.
Inevitables golosas,
que ni labráis como abejas,
ni brilláis cual mariposas;
pequeñitas, revoltosas,
vosotras, amigas viejas,
me evocáis todas las cosas.
LA
HISTORIA DE UN PERRITO (Gloria Fuertes)
Regalaron a los niños
un cachorro de seis días.
El perrito casi no andaba ni veía.
Le criaron con biberón
y puré de salchichas,
pero no lo acariciaban,
le estrujaban,
le estrujaban. ¡qué paliza!
El perro a los niños
les alegraba, les hacía niñerías.
Los niños al perro
le hacían perrerías.
Creció el perro paso a paso,
y los niños ya no le hacían caso.
Cuando la familia
se fue de vacaciones,
le abandonaron en la carretera
entre unos camiones.
Y dijo el perro ladrando en voz alta
(que quien lo escuche se asombre)
-Me dan ganas de dejar de ser
el mejor amigo del hombre.
Pasó días sin beber nada,
sin comer algo.
El perro cambió de raza,
parecía un galgo.
Le recogió un viejo mendigo.
Le dijo: -Voy a ser tu amigo,
te cortaré el flequillo
y serás mi lazarillo.
El perro movió el rabo,
estiró el hocico,
movió la nariz,
por primera vez fue feliz.
EL LAGARTO ESTÁ LLORANDO
(Federico García Lorca)
A Mademoiselle Teresita Guillén
tocando un piano de siete notas
El lagarto está llorando.
La lagarta está llorando.
El lagarto y la lagarta
con delantalitos blancos.
Han perdido sin querer
su anillo de desposados.
¡Ay, su anillito de plomo,
ay, su anillito plomado!
Un cielo grande y sin gente
monta en su globo a los pájaros.
El sol, capitán redondo,
lleva un chaleco de raso.
¡Miradlos qué viejos son!
¡Qué viejos son los lagartos!
¡Ay cómo lloran y lloran,
¡ay!, ¡ ay!, cómo están llorando!