¿Cómo ayudamos al niño a ser
asertivo?
La asertividad se puede enseñar
de forma indirecta (se trata de todo lo que podemos influir
en el niño sin que él se dé cuenta) o directa (con técnicas
concretas).
Formas indirectas:
debemos, en primer lugar, describir objetivamente el "problema"
que presenta el niño y una forma sencilla es la de escucharle,
dedicarle tiempo para descubrirlo, ser empáticos (ponernos en su
lugar y ver el problema desde su punto de vista). Cuando el niño
no toma la iniciativa para contarnos cómo se encuentra, qué le
pasa, debemos ser nosotros los que demos el primer paso. Para ello
es fundamental encontrar "TIEMPO" para estar con él
y escucharle. En realidad se trata de ser empáticos con el niño,
es decir, ponernos en su lugar y ver el problema desde su punto de
vista.
Por otro lado, en este proceso de
ser más asertivos, debemos hacerles conscientes de algo que suele
pasar desapercibido y son los "derechos". Es a través de
las conversaciones diarias, comentando noticias, contándoles
experiencias o anécdotas… Podemos introducir el tema de los
derechos y así el niño irá incorporando a sus conocimientos la
existencia de unos derechos que él tiene que respetar, pero que
también han de respetarse en él.
Una buena idea es reforzar las
capacidades. Cuando el niño se comporte de forma correcta, es
adecuado hacer un halago hacia el chico como "muy bien, has
demostrado que eres capaz para controlar la situación y decidir
por ti mismo".
Además es fundamental cuidar
el lenguaje con que nos dirigimos a los niños. Debemos
reflexionar si nos dirigimos de forma positiva y constructiva ("estoy
seguro de que la próxima vez e va ha salir todavía mejor") o
negativa y destructiva ("esto está fatal, es una porquería,
eres un desastre") El lenguaje positivo implica la posibilidad
de mejora personal, el negativo destruye y cataloga por lo que no
merece la pena esforzarse más.
Formas directas que
tenemos a nuestro alcance para enseñar en la asertividad. El niño
no es capaz de afrontar un problema de relación con los demás,
aunque sí es consciente de que ese problema existe. Es decir, sabe
qué algo no va bien pero no sabe cómo solucionarlo. Para superar
esa situación es necesario que los adultos guiemos su
comportamiento y analicemos con él la situación con la que se
sienta incómodo (antecedentes que la caracterizan y consecuencias
que siguen). En definitiva, debemos formar "equipo"
con él.
Lo primero que hay que transmitir
es la seguridad y confianza de que el problema tiene solución y
además nos lo tenemos que creer. Esto que decimos tiene especial
importancia en casos como el de los niños que se sienten acosados
por algún compañero de clase y no sabe cómo afrontar el problema.
Las consecuencias son que el niño está agobiado, angustiado, este
estado emocional influye de manera negativa en su estado anímico y
por supuesto en su rendimiento académico. En un caso similar, el
adulto (padre, madre...) debe estar al lado del niño y ayudarle,
analizando por qué se produce este acoso y cuál debe ser la
respuesta del niño. Por tanto, el adulto debe ensayar con el niño
la situación problemática, imaginarse las situaciones
problemáticas y peligrosas y afrontarlas. Es importante ofrecer al
niño varias alternativas de conducta. Esto conlleva que el niño
amplíe su capacidad de decisión.
También es bueno ponerle al niño
ejemplos concretos de casos similares que el adulto conozca y, si
puede ser, explicar cómo se superó la situación.
Un principio importante a tener
en cuenta es que no debemos esperar avances de forma inmediata. Al
contrario, debemos considerar que hay que avanzar poco a poco, con
seguridad y que el niño perciba cada avance como un éxito y esto
redundará en aumento de seguridad.