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¿Cuál es el papel del padre, hoy?


Padres hoy

Nuevos problemas, Nuevas soluciones

padre e hijos
Con la que está cayendo, ¿cómo se es padre, hoy en día?. ¿Cómo actualizarse a este siglo?. Cambia la familia. Cambia el padre

Cada vez más mujeres se incorporan al mundo laboral, los abuelos no siempre viven con sus hijos, y los niños juegan más en casa que en la calle. Todo cambia, y también lo que ahora se espera del padre. ¿La autoridad de antaño o la comprensión? ¿Pero esto no era el papel de las madres? ¿Dialogante o seco? El buen padre, en estos tiempos. Descubrimos sus secretos

Las palabras a veces dicen más de los que dicen. Suelen estar cargadas con un puntito de psicología que expresan cosas de las que no siempre nos demos cuenta. Hoy decimos "niño" y, eso no solo significa una persona que tiene pocos años. Para nosotros es también lo más sagrado, valioso e importante de esta vida. Pero si le seguimos el rastro a este término, veremos que en otros tiempos decir "niño" era lo mismo que decir siervo o aprendiz de guerrero.

 

La mayor parte del vocabulario que utilizamos para referirnos a nuestra familia viene con un sello del pasado que hoy está más que caducado, pero que nos recuerda de dónde venimos: padre viene de "pater", que en latín se usaba para referirse a los "patrones"; y ya familia viene de "famulis", que en la antigüedad se utilizaba para referirse a casas en las que los amos vivían con sus esclavos.

Muchos padres que hoy lo son se sienten confundidos: en las casas donde ellos se criaron había un padre con el que no se podía hablar, ni jugar, ni mucho menos levantar la voz, o protestar. La palabra del padre era la ley y los demás (también la madre) no podían hacer otra cosa que no fuera obedecer.

En los tiempos que vivimos todo eso está desapareciendo: ahora somos más flexibles, se escuchan las opiniones de los demás (incluida la del niño), e, incluso, sabemos de hogares en los que, “el que realmente lleva los pantalones” es un niño [por cierto, ¿se imaginan de donde viene eso de “quién es el que lleva los pantalones en casa”].

Ser padre hoy no es cosa fácil: hay que reinventarse. Hace unos años bastaba con repetir lo que se había visto hacer antes a los padres, y todo marchaba bien. Ahora no, ahora estamos en un mundo que cambia, y no solo lo hace porque haya internet. Cada vez tenemos más claro lo valioso que es que cada niño se desarrolle según sus cualidades... no según las nuestras. Aprovechamos para escucharle para conocerle mejor y así poder ayudar... mientras que antes el padre era firme, inamovible, repetía unos valores que venían de mucho tiempo, que entonces funcionaban, pero que hoy, tal como están las cosas, no tienen el mismo sentido.

Antes un buen padre, era “firme”, y, por ejemplo, decidía él lo que el hijo debía estudiar en la universidad, en lugar de contar con su opinión. Hoy vemos que educar no es transmitirlo todo, sino crear individuos fuertes, seguros de sí mismos y de unas decisiones que ellos toman ante un mundo que cambia todos los días. La casa no es el lugar donde el niño aprende a obedecer al padre, si no donde el padre le prepara para enfrentarse a la vida, donde le enseña, poco a poco, a ir asumiendo libertades y decisiones de una forma responsable.

"Recuerdo que cuando era pequeño, en mi casa mis padres hasta nos prohibían juntarnos con algunos chicos de clase" recuerda Alejandro, que con 40 años ya va a por el tercer hijo. "El que sus padres no fueran a misa, o que ellos no estuvieran bien arreglados, era suficiente para que mi madre nos llamase la atención si veía que jugábamos juntos".

Lo puñetero de ser como somos, es que antes las discusiones se acababan con un grito o una orden, mientras que ahora le damos vueltas y vueltas hasta convencer al niño. Como dice Julio, de 35 años, "a los niños de hoy en día les tienes que hacer política y de la buena, tienes que hablar y hablar con ellos hasta que, por fin, se dan cuenta de que quieren hacer lo que tu dices, de que eso es justamente lo que más les favorece a ellos, mientras que antes bastaba con que lo dijeses tu y punto".

Pero aún así, este cambio merece la pena: antes el padre lo era porque conseguía para su hijo todo lo necesario para vestir, comer... era una relación más limitada, donde no podíamos escuchar las preocupaciones de nuestro pequeño, ni echarle una mano en sus grandes tragedias... nos perdíamos la inmensa experiencia de conocerle, de ver cómo cambia, como piensa.

Javier: "Tengo 35 años y a veces, cuando vamos a casa de mis padres y mi hijo me monta alguna escenita, veo a mi padre que suelta un esto antes no pasaba, ya le hubiera yo dado un un buen par de tortas. Sin embargo yo prefiero seguir así. Yo con mi padre nunca salí a jugar, ni pude contarle mis problemas de clase, eso quedaba entre yo y mis hermanos, que éramos un mundo aparte (y no siempre bien preparado para dar respuestas y apoyo a determinados problemas)... eso sí, tortas me llevé unas cuantas. No he salido mal ni le reprocho nada, e incluso a veces me planteo si no tiene razón, pero luego creo que, si fuera tan firme como él lo fue conmigo, también tendría que mantenerme más distante, y entonces, ¿qué quieres? No tendría tanta ilusión porque llegue el fin de semana para poder jugar con el peque".

Además del juego de la infancia, Javier apunta otra etapa en la que esta confianza puede ser el mejor arma contra determinados peligros. “Una de las cosas en las que pienso, es que, cuando era adolescente, tenía un amigo que para nada podía hablarse con su padre: este le zurraba cuando hacía las cosas mal y punto. Cuando este compañero llegó a la adolescencia, ahora me doy cuenta de que estaba completamente solo, no tenía ni información ni confianza ni apoyo por ninguna parte. Sus amigos en realidad le seguían porque era el más gallito, pero no tenía con ellos una relación de la que pudiese aprender valores. Eso, te lo aseguro, facilitó que acabase muy mal, haciendo muchas tonterías… y mientras su padre, lo único que hacía, claro, era zurrarle. Se que mi hijo no va ha contarme cuando sea adolescente todo lo que le pasa, pero quiero que sepa que estoy aquí y que puede contar conmigo si me necesita”.

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