Hay una lista que invariablemente aumenta
todos los año. No nos referimos a la de gentes que sufren hipotecas, o a
la de padres desbordados por sus hijos. No. Esta vez hablamos del listado
de enfermedades que andan en propagación.
La dermatitis es una de estas molestias que, en vez
de quedarse en el baúl de los recuerdos, cada año se hace más fuerte.
Según los dermatólogos, detrás de esta ola de enrojecimientos que se ceba
con nuestros pequeños, están cosas tan dispares como el uso de determinada
ropa, la adicción por lavarle el pelo, y hasta el exceso de perfumes,
maquillajes, tatuajes o piercings.
Los números cantan: se calcula que un
5% de hijos de menos de 19 años han pasado por esta experiencia. Si
los juntásemos a todos, formaríamos con ellos una gran ciudad de 1,8
millones de enanos. Pero, ya que nos hemos liado a números, también hay
uno bueno: en la inmensa mayoría de los casos, la cosa no pasa de los
dos años.
El problema es que pica, que molesta, y un niño
chinchado es como una bomba constante de broncas, enfados y berrinches. Además,
si no se cuida, la dermatitis va a más y puede acabar atrayendo otro tipo de
enfermedades.
No es difícil verla venir, pues en
cuanto brota enseguida nuestro hijo se mostrará fastidiado. En los bebés, la
cosa empieza a tomar forma en la cara, en las rodillas, en forma de puntos
que se vuelven costras. Los niños suelen tener avisos parecidos en las
articulaciones (OjO a los tobillos) y cerca del cuello.
Cuando veamos alguna de estas señales,
debemos echar mano del médico o farmacéutico. Para no llegar a este
momento, os recapitulamos a continuación las precauciones y medidas a
tomar:
Al niño, para poder lucirlo en condiciones, tenemos que llevarlo lavado.
Pero eso no significa que debamos pasarle el champú cinco veces a la
semana. Hay que ser limpio, pero moderado. Y sobre todo y ante todo,
NUNCA emplear en un niño champús y jabones que están prescritos para
adultos, pues es exponer una piel muy delicada a unos niveles de
tóxicos que no están pensados para ellos.
Para evitar disgustos, hay que tener jabones, perfumes y cosméticos como
dice la etiqueta: fuera del alcance de los niños.
Dermatitis y alergias son primos hermanos, así que, cuidado también con
todo lo susceptible de causar alergia. En ello está el polvo que
puede haber en su habitación (y que tan bien se camufla en moquetas
y alfombras, por ejemplo). Conviene tener la habitación bien aireada y
cambiar con frecuencia las sábanas, pero ahí no acaba la cosa: también
debemos prestar atención a las cremas y pomadas que llevan mercurio y os
juguetes que tienen níquel.
Los bebés son un mundo a parte. Un mundo de cuidados constantes,
con todo y para todo. Al bebé la dermatitis le puede venir de cosas tan
sencillas como que la mamá esté tomando huevo o leche de vaca,
alimentos que pueden provocarle alergia, si no en nosotros, en el bebé a
través de la leche de las tomas. La solución no pasa, evidentemente,
por quitarle la leche materna si no todo lo contrario, pro quitarnos
nosotros de esos alimentos.
La ropa también puede ser causa de este tipo de problemas. Como
siempre, el material más recomendable es el algodón. Fuera lanas, y
todos esos materiales que no permiten respirar a la piel.
Y, si llegamos tarde, no queda otra que
paciencia, detectar el origen del problema, y someter al peque a unos
baños con aceites, darle cremitas hidratantes y cualquier otra medida
que nos recomiende su pediatra. Un truco de abuela, consistía en poner en
el agua del baño una cucharadita de bicarbonato, y tiene su razón de ser
ya que neutraliza la acidez del sudor y ayuda a mejorar el aspecto de la
piel.