“El adolescente es un ciego que se mueve en un mundo cuyas dimensiones han
cambiado”
Para
un padre, se ha comunicado bien con su hijo, cuando el hijo parece que ha
escuchado, comprendido y aceptado el mensaje del padre; pero para un
adolescente , se ha comunicado bien con sus padres cuando ha captado su
interés por lo que él dice o hace, cambian algo de lo que les ha pedido y
obtiene de ellos lo que les ha pedido.
La comunicación es buena entre un padre y su hijo
adolescente, cuando el adulto no se interesa sólo por lo que quiere
conseguir, sino que también la relación, las formas en que se dirigirá al
joven, el efecto y las consecuencias que su mensaje produce en él.
Ellos esperan que sus padres se comporten con seguridad y firmeza, les
exijan y les pongan límites, que les dediquen tiempo y que sean capaces de
afrontar y manejar las situaciones conflictivas.
Cuando un adolescente se intenta comunicar contigo y tu con él, hay que tener unos puntos claros:
No
olvides saludarlo cuando te dirijas a él por primera vez en el día
Adapta
progresivamente tu lenguaje sin llegar a hablar como él.
Escúchale con atención y buena predisposición. Déjale hablar
No
juzgues demasiado rápido ni demasiado fácil, no te rías de él.
No le obligues
a compartir inmediatamente tu punto de vista.
Escoge la
forma interrogativa para pedirle algo o para reformular lo que él acaba de
ordenar
Evita darle
órdenes, gritar, hablar demasiado rápido, demostrar una irritación profunda o
ser agresivo.
Dirígete a él
lo más tranquilo posible. Di lo que quieres con palabras.
No dejes que
te confunda, te desestabilice o te irrite cómo el adolescente interpreta tus
palabras; no intentes justificarte, vuelve a mandar tu mensaje más claro y más
ilustrado, más concreto.
No
exijas que tus demandas se cumplan inmediatamente. Dale la posibilidad
de decir “no”, de discutir, de reflexionar y escoger.
No
esperes que reconozca verbalmente que él está equivocado y tú tienes
razón.
No dejes
de comunicarte con él aunque no responda o no quiera escucharte.
Desarrolla la creatividad para comunicarte con él, diciéndole las cosas
de forma agradable, con humor, repitiendo las críticas todas las veces
que sea necesario sin cabrearte y pídele que haga lo mismo contigo.
Habla de
los conflictos, no los evites.
La persona a la que el adolescente reconoce como
una autoridad, se diferencia de ellos por sus actitudes, conductas y
palabras; es respetuosa, los escucha, impone límites claros,
explícitos, justos, sabe sancionar sin humillar, es fiable,
competente; acepta la oposición y la confrontación, sin derrumbarse
y sin volverse violenta y sin ser demasiado inconsciente ni
demasiado inaccesible.
Para aumentar la confianza
con los adolescentes:
Interésate por lo que dice sin juzgar.
Valóralo y díselo cuando haga un progreso, haga algo bien o por lo menos
lo intente. Júzgalo por lo que hace y no por lo que es.
Adapta tus exigencias a sus posibilidades reales, no te muestres
constantemente insatisfecho.
Identifica tus resistencias para no acentuarlas con actitudes nerviosas,
hostiles o indiferentes.
Cuando te da una muestra de cariño reacciona de forma mesurada y
haciéndole saber, mejor con expresión verbal, que esa actitud te gusta.
Piensa antes de poner los límites y las prohibiciones adecuadas para
cada adolescente, para cada momento y para cada hecho.
No reacciones demasiado rápido, ni responda inmediatamente a una actitud
o una conducta exagerada.
Tus reacciones deben ser los más estables posibles ante una situación
que se repite.