Estoy segura que en más de una ocasión te has hecho esta misma pregunta. Ante
todo dudas sobre tu capacidad como padre/madre y es ahí donde comienzan los
problemas pues piensas que has fracasado en algo y no sabes qué.
Cuando son pequeños les deseamos todo lo mejor
e incluso mentalmente tenemos un idea de cómo serán de mayores y que todo le irá
fenomenal, desde luego como padres ese es un deseo universal, pero ocurre que
empiezan a hacerse mayores y opinas que todos aquellos valores que le has
inculcado para que se convirtiera en una persona integra no han servido de nada
porque ahora le encuentras como si fuera “salvaje”: nada le gusta, todo le
parece poco o es como si le diera igual una cosa que la otra… en definitiva, no
identificas a ese pequeño o pequeña que era hasta hace bien poco.
Una vez leí que un adolescente es como un ciego al cual le arrojamos a un ring
de boxeo. Si a ese ciego le damos muchos consejos y no paramos de decirle como
debe golpear pero no le damos lo fundamental que es la vista, es poco probable
que gane el combate. Lo mismo ocurre con un adolescente, digamos que la
comunicación, y el respeto para verlos como un adulto en ciernes son a un joven
lo que la vista para el ciego.
Tu labor como padre y madres se inicia desde el nacimiento y no debes dudar en
que has hecho y estas haciendo una buena labor. La confianza en este aspecto es
fundamental. Nadie dice que es fácil, pero es un trámite de la vida como otro
por el cual tienes que pasar en la educación de tus hijos, en ese puente que
existe para la transición a una persona adulta.
Difícil. Las relaciones con los hijos adolescentes siempre han sido difíciles.
No hay recetas mágicas y tampoco son reales esas escenas de series
norteamericanas en las que padres e hijos conviven como si fuesen amigos. Un
gran error: padres e hijos no pueden ser amigos. Un padres y una madre no pueden
cambiar sus roles, siempre serán un padre o una madre. Es muy posible e incluso
es lo deseable mantener una relación adulta y de diálogo con nuestros hijos pero
esto no debe confundirse con querer volver a tener 14 años.
Como decía antes, los adolescentes pasan por una etapa en su desarrollo como
cualquier otra etapa de nuestra vida. Ocurre que son unos años complejos, en los
que se forja su personalidad, intenta averiguar quienes son y que posibilidades
tienen y desde luego sueñan con jugar a ser mayores y poner hacer lo que
quieren. Y ese miedo a un cambio al cual se suma una transformación en su
cuerpo, hace que sufra distintos estados de ánimo y nunca lleguemos a entender
que es lo que quieren.
Está claro que no hay recetas pero si os puedo dar unos consejos útiles que
quizá os sirvan; sobre todo consejos de comunicación. No puedes olvidar que la
comunicación es el punto de partida en toda relación humana y máxime en estas
edades:
-
Uno de los elementos más importante es saber que
la forma que usamos para
comunicarnos afectan al modo en que nos relacionamos afectivamente
-
Enséñale y predica sobre todo con el ejemplo esto es algo muy importante, (si
no, no hay enseñanza valida). Que seamos capaces de escucharnos entre nosotros y
sobre todo entender el punto de vista del otro. Eso no significa que cambiemos
de parecer, simplemente que entendamos que hay otras formas de pensar y la
nuestra no es la única y por tanto la válida. Todos/as somos personas únicas:
tenemos emociones, genio, gustos y necesidades distintas.
-
Es necesario y está claro que
la piedra angular de las relaciones familiares
es entender que si acepamos a nuestros hijos tal y como son, realmente les
proporcionamos un don: la fuerza para ser ellos mismos y el valor para empezar a
enfrentarse a los prejuicios del mundo exterior. Todos tenemos derecho a
equivocarnos y aprendemos con los errores. Es la ley básica de la naturaleza, la
forma más primitiva de aprender.
-
Puedes comunicarle tu opinión como adulto, hablar como adulto, no imponer tu
criterio. Muchos padres y madres pecan de tener la razón y saber siempre que es
lo mejor para sus hijos y esto no siempre es cierto. No siempre acertamos en las
decisiones y pasos que damos en nuestra vida. Es posible que intuyamos que es lo
mejor para ellos pero eso no es motivo alguno para obligarles a seguir nuestro
camino tal y como se lo hemos trazado. Dale un margen de error y de poder
probar, esta es la mejor forma de entrenarles para llegar a ser adultos
responsables.
-
A la hora de hablar sobre temas que te inquieten, tales como drogas,
relaciones sexuales y demás, no esperes para darle la “gran charla”. Esto es lo
que menos se debe hacer. Aprovecha momentos puntuales tales como escenas de una
película o un anuncio televisivo o esos juegos agresivos de la play station que
tanto le gustan, para exponer tus ideas sobre el tema concreto. “Mejor pequeñas
charlas que una gran charla”
-
Escúchale
-
Intenta ser positivo/a y sobre todo optimista en tus argumentos. Evita sobre
todo compararte con tus años de juventud y que todo tiempo pasado fue mejor.
-
Si en algún momento de
la conversación su respuesta es agresiva y sin darte
cuenta va subiendo el tono, para y déjalo para cuando los ánimos estén más
calmados.
-
Habla sobre tus cosas, no tengas miedo a mostrarte como eres.
De esta forma
fomentarás la sinceridad y sobre todo la confianza.
Mónica S. Florido
Gabinete Psicopedagógico Infantia
C/Víctor de la Serna,5 1ºB
Tel: 91 402 45 65
www.gabineteinfantia.es