Querido Papá Noel:
Te escribo esta carta con un
lápiz rojo de mi hijo, en el dorso de un recibo, sentada al lado de la
lavadora entre un lavado y otro, y quien sabe cuando volveré a tener un poco
de tiempo libre en los próximos 18 años. He sido una buena madre durante
todo el año. He alimentado, lavado y cuidado a mis hijos cada vez que lo han
necesitado. He visitado al pediatra muchas más veces de lo que he visitado a
mi propio médico. He vendido sesenta y dos cajas de barritas de chocolate
para lograr el dinero para plantar un árbol que dé sombra en el patio de la
escuela. Pensaba que quizás, visto que no te he pedido nunca nada, esta
Navidad podrías traerme algunas cositas. Aquí tienes mis deseos: