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La realidad sociológica de las adopciones internacionales en España
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Las Adopciones Internacionales se han convertido en un fenómeno social
incuestionable a lo largo de los últimos años. De ser un país sin apenas
experiencia adoptiva internacional, nos hemos convertido desde el año 1995,
fecha en la que España ratifica el Convenio de la Haya de 29 de mayo de 1993
sobre Protección del Niño y Cooperación en materia de Adopción Internacional; en
el primer país europeo y en el segundo a nivel mundial, detrás de los EEUU, con
más de 30.000 menores adoptados por vía internacional en menos de 10 años.
En la actualidad, las Adopciones Internacionales, se encuentran bifocalizadas,
por un lado China, principal emisor de menores en nuestro país, y por otro,
aquellos países resultantes de la desintegración de los regímenes comunistas de
Europa del Este. Pero debemos tener en cuenta que los menores adoptados por vía
internacional, no son los más desfavorecidos, ni los países en los que los
padres deciden adoptar son los más idóneos.
Siempre pensamos en países del Tercer Mundo o en aquellos en los que su
población infantil se ha visto afectada por conflictos bélicos, hambrunas,
epidemias o desastres medioambientales, pero los principales emisores de
menores, Rusia, y China, son en realidad grandes potencias económicas y con un
gran peso estratégico a nivel Internacional, que pueden amparar perfectamente a
sus nacionales, existiendo así, otras causas políticas y sociales ajenas a la
situación económica que propician el abandono y el desamparo de los menores en
sus Estados de origen.
El descenso de la tasa de natalidad y de los menores en situación de ser
adoptados en nuestro país, podrían ser las dos grandes causas estructurales que
expliquen el vertiginoso crecimiento de las Adopciones Internacionales, sin
embargo, en la actitud de los padres adoptantes entran en juego otros factores
como el tiempo de espera de las Adopciones Nacionales, que se puede prolongar
más de cinco años, o la posibilidad de poder adoptar a un lactante, sano, de una
determinada raza e incluso pudiendo elegir el sexo.
Desde una perspectiva social, se puede explicar el aumento de las Adopciones
Internacionales, atendiendo a diferentes causas, ya sea de índole social o
personal, como la frustración de muchas parejas al no poder tener hijos y que se
ve satisfecha por medio de la adopción, el miedo a embarazos de riesgo en
mujeres de edad avanzada (esta idea está relacionada, con el hecho de que la
mujer se haya incorporado al mercado laboral, y que por lo tanto haya pospuesto
su maternidad) e incluso el miedo a tratamientos de fertilidad costosos y muchas
veces traumáticos para la pareja.
A partir de la década de los noventa el impacto social que causó el hecho de que
ciertas figuras relevantes de la escena pública decidieran adoptar niños,
normalizó y fomentó una situación que anteriormente era inusual, extraña,
exótica y cargada de secretismo. Sin embargo, en la actualidad, la Adopción
Internacional es un fenómeno social que está de moda, no sólo por la
idealización que desde los medios de comunicación se nos presenta de las
Adopciones Internacionales, como un acto de generosidad y de solidaridad por
parte de los padres adoptantes, sino por utilización de determinadas empresas de
publicidad y de marketing, que recurren a los menores adoptados para publicitar
sus productos, lo que viene a constatar, el auge y la normalidad del fenómeno
adoptivo internacional, y dar a entender, que como paso previo a su integración,
es necesario que las familias confíen en estos productos.
En los medios de comunicación, con frecuencia, aparecen noticias relacionadas
con sucesos que empañan y cuestionan a las Adopciones Internacionales, no sólo
en el funcionamiento de las Entidades Colaboradoras de la Adopción Internacional
(ECAI), en lo referente a la adaptación de los menores o en su asignación; sino
también, en las numerosas reformas legislativas que a lo largo de los últimos
años se han venido sucediendo y gestando en nuestro ordenamiento jurídico, y que
han ido variando su contenido dependiendo no sólo de la importancia social del
fenómeno, sino también de las presiones de los padres adoptantes convertidos en
verdaderos “lobbies políticos” en la consecución de sus objetivos; pero nuestro
ordenamiento debe ser garante del interés superior del menor, con lo que se
deben alejar todos aquellos condicionamientos ideológicos que hacen cuestionar
la verdadera finalidad de las adopciones que es la de buscar una familia idónea
para el menor, y no como desgraciadamente está sucediendo que es buscar al mejor
niño para los padres adoptantes.
Pero la integración y la adaptación de los padres adoptantes y de los menores no
es tan idílica como se nos presenta en los medios de comunicación, no sólo en el
seno de la familia, sino también en la escuela y en la sociedad.
Al fin y al cabo, se debe aceptar que estos menores llegan con una “mochila”
cargada de recuerdos, emociones y situaciones traumáticas, siendo conscientes
del cambio que van a experimentar, pudiéndose dar problemas de convivencia y
adaptación en sus nuevas familias, y aunque la adopción es un proceso de una
única dirección, existen casos en los que los padres adoptantes eluden su
responsabilidad, al no poder asumir los miedos, la inseguridad, las dificultades
surgidas en el proceso de integración etc. quedando los menores bajo la tutela
de la Administración Pública.
Además, en nuestro sistema educativo, debido a la necesidad de dar una respuesta
a la situación de los menores inmigrantes, se produce un vacío en lo que
respecta a los menores adoptados por vía internacional.
Así, con el afán de atender a la diversidad discrimina e incrementa las
diferencias entre los menores inmigrantes y los adoptados, no prestando atención
a su situación de “abandono” y sus carencias intelectuales y emocionales
derivadas de su institucionalización en centros de menores u orfanatos,
escolarizándolos en niveles que les corresponden por edad, pero no teniendo en
cuento los conocimientos y carencias anteriores, e incluso no permitiendo su
permanencia durante más de un año en los cursos de la enseñanza no obligatoria.
Lo mismo sucede con el profesorado y con los programas específicos que cada CCAA
dispone en la atención a la diversidad educativa, dando prioridad a los menores
inmigrantes y no contemplando la especial necesidad educativa de los menores
adoptados, que se tienen que adaptar a un nuevo país, unas nuevas costumbres y
una familia nueva.
Debido a la falta de recursos y de implicación por parte de las Administraciones
Públicas, la efectiva adaptación educativa dependerá del esfuerzo personal de
los profesores-tutores y de la propia familia.
La Adopción Internacional como institución de protección de menores, debe ser
subsidiaria de la Adopción Nacional como un recurso excepcional. Si el menor es
susceptible de ser adoptado, se deberá dar prioridad a la Adopción Nacional, y
sólo cuando ésta no sea posible, se deberá recurrir a la Adopción Internacional.
MANUEL BAELO ÁLVAREZ
Politólogo y Sociólogo. Universidad de la Coruña
Graduado en Estudios Jurídicos
Experto en Servicios Sociales y Adopción Internacional
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