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Entre 6 y 11 puntos:
entre tus muchas cualidades,
una de ellas es que tienes una paciencia de santo. Pero esta cualidad se puede
muy bien volver en tu contra, cuando por ella aguantas, toleras y permites
situaciones ante las que ser paciente es no hacerle ningún favor al niño.
Los
hijos necesitan limites, y marcarlos, supone batallar con ellos constantemente.
Educar es persistir en ese conflicto hasta que vas metiendo en tu hijo los
valores y respetos que quieres que tenga. Evitar ese conflicto, darle el gusto
en el momento, lo que hace es que crezca sin esos limites que necesita para
dirigirse en esta vida y no perderse.
Cuando uno es padre, la
humildad hay que tenerla, claro, pero en su justa medida: nunca pienses que tus
convicciones y conocimientos valen poco y no merecen ser impuestos a un crío.
Realmente lo que tu has aprendido en esta vida, es lo que le debes transmitir,
lo que le va a servir para construirse él su camino. Por eso, estate muy alerta,
y todo lo que él haga y te parezca incorrecto, se lo debes hacer saber, pero
sobre todo, la debes liar una y mil veces si hace falta para que cambie de
actitud. Si no logras que tu hijo respete y obedezca lo que le dices tu, con
menor motivo respetará y obedecerá luego lo que le digan los demás.Entre
12 y 15 puntos:
estás en el medio de la balanza, y conjugas respuestas en las que eres muy
permisivo, con otras en las que te sabes imponer. Realmente, hay que ser así,
porque para educar también hay que saber adaptarse a cada situación, negociar,
y, en algunos momentos, centrar nuestra autoridad en imponer algo muy básico,
dejando que gane él en otras parcelas más secundarias.
El
problema es tener muy claro qué estás queriendo inculcar a cada momento, porque
si le consentimos en algo en lo que el día anterior fuimos inflexibles, estamos
perdidos: si, como en la primera pregunta, cuando nos monta un berrinche
cedemos, ese día retrocedemos tres pasos, él verá que montar el número todavía
le sirve de algo, y, al final, lo que conseguimos es que nos los siga montando.
También
debes tener cuidado con los excesos de diplomacia. Hay momentos en los que eso
de ser racional y discutir las cosas, es una pérdida de tiempo porque el niño
está en un estado tan temperamental que no va a atender a razones, por lo que no
queda otro camino que imponerse. Eso de “lo vas a hacer porque te lo digo yo, y
punto” no es una frase que debemos llevar como constante, pero sí que tenemos
que sacarla de vez en cuando, porque tan importante es que sepa discutir,
escuchar y aprender, como que reconozca y acepte que tiene ciertas autoridades a
las que respetar.
E 15 y 18 puntos: Desde luego, eso de
que ahora los padres consienten mucho a sus hijos, no va contigo. Tus respuestas
denotan que uno de los pilares de la educación que le estás dando a tu hijo es
el que respete siempre la autoridad paterna, y obedezca lo que tu le dices,
porque como padre que eres, lo que quieres es lo mejor para él, y como tú sabes
más de la vida, pues tus ideas y opciones son siempre las mejores para él.
El problema de este esquema, es que para seguir sabiendo qué es lo mejor para tu
hijo, tienes que escucharle, y mucho. Si no conoces cómo siente tu hijo,
difícilmente podrás darle una educación completa, y, para ello, tienes que
dejarle que se exprese, que te plantee sus gustos. En lugar de negarle “porque
si” la opción que él te plantea cada vez que ésta choca con lo que tu piensas,
pídele que la argumente. El ejemplo está en la tele. Si siempre se ve lo que tu
digas, ¿cómo vas a saber lo que le gusta a él? Lleva este ejemplo concreto a
otros campos y te darás cuenta que, al ser tan inflexible, no le dejas dar
determinadas respuestas, ni argumentarte sus gustos o ideas, y eso conlleva una
distancia entre los dos que no es buena para educar. Vigílala.
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