EL SABER SI OCUPA LUGAR: ELEGIR MOCHILA
Los
padres los dejamos en la puerta. Los profesores, dan su clase y se marchan. Los
compañeros, van cambiando de año en año.
¿Quién es el que, haga frío o calor, llueve o truene,
aguanta el tirón y se pasa todo el colegio montando guardia, siempre al lado de
nuestro hijo?
Pues su mochila.
Llega ahora el tiempo de preparar las armas para esa guerra
llamada curso escolar, y no queremos que a la batalla se presente nuestro hijo
muy a la moda pero completamente indefenso. Existen unos seres muy peculiares,
llamados genéricamente “profesores”, que en los últimos tiempos piden para
cada asignatura un libro y un cuaderno, y así, al final, con esa excusa, nos
obligan a sacar al niño llevando mochilas que parecen casi bibliotecas
andantes.
Y todo ese peso, y todo ese saber, sobre la pequeña
espalda de nuestro hijo, esa que está ahora en pleno desarrollo y que tenemos
que vigilar para que no se curve mientras crezca.
Por estos motivos, conviene plantarse a la hora de comprar
una mochila teniendo claro que NO todas son iguales, y que a la mejor
no llegaremos ni pensando en el precio ni pensando en lo bonito o feo del diseño.
Hay que pensar en la espalda y las recomendaciones que hacen los médicos para
no dañar esa parte del cuerpo que, por llevar atrás, fuera de la vista,
solemos descuidar cada vez que nos sentamos en sillas y sofás.
Lo primero es que el peso se pueda repartir bien.
Para ello necesitamos dos buenas asas, algo que podemos medir comprobando cuáles
tienen mayor y mejor acolchado. Ahora también sacan mochilas que tienen un
asa que funciona a modo de cinturón. Eso ayuda a esparcir mejor el peso, por lo
que, si podemos, debemos siempre elegir una que los tengan. También conviene
que miremos si la bolsa tiene una franja de acolchado en la parte de abajo,
para amortiguar la carga que soportan los riñones.
En este asunto, como en otros muchos, el tamaño es
importante. Muchos padres, agobiados por el recital de gastos que supone la
vuelta al cole, intentan, como no, ahorrar en lo que se pueda. “Vamos a
coger una mochila grande, y así te sirve para más años” puede ser una
frase tentadora, pero, OjO. Acogernos a esta opción es un pasaporte seguro para
perjudicar la espalda de nuestro hijo.
Debemos elegir aquella bolsa que tenga un tamaño
proporcional a la edad del crío. Ponerle en los hombros una mochila más grande
supone que, con facilidad, se nos olvide el detalle y carguemos alegremente todo
lo que da de si la mochila. Pero aunque intentemos evitar esto, aunque carguemos
la bolsa lo justo, al estar la mochila con unas medidas mayores, el peso se
reparte de una forma que va a dañar su espalda.
Asas, acolchados, y proporción deben ser la base de toda
elección muy por encima de los berridos que nos haga nuestro hijo para que
le compremos “esa-de-tantos-colores-y-tan-bonita-y-tan-chula-y-porfa-compramela-porfa-porfa”.
Una vez seleccionada, un último consejo. Los expertos
estiman que ningún niño del mundo debería arrastrar una mochila con una
carga cuyo peso sobrepase el 15% del peso corporal del hijo. Por mucho que
se encabezonen los profesores en otras cosas.