El
auténtico progreso se nota en cosas pequeñas, sencillas, y de las que casi no
nos damos cuenta. Por ejemplo, los filósofos. Llevan desde el principio de los
tiempos tratando de averiguar que de dónde venimos y a dónde vamos, pero de un
tiempo ha esta parte han evolucionado. Ya no pierden el tiempo. Han encontrado
otro enigma más cercano pero igualmente difícil: ¿qué es un buen padre? ¿dónde
habita? ¿cuáles son sus usos y costumbres? ¿qué se puede esperar de él? ¿hay
que esperarle? ¿cae del cielo?
Hablan los principales afectados, madres e hijos:
“Para mí está muy claro: el buen padre es el que
cuando el crío es pequeño arrima el hombro con las tareas, se levanta, le
da el biberón, y lo baña. Y luego, cuando el niño es adolescente, no duda
nunca en decir que no, es paciente hasta el extremo pero también persuasivo, y
sobre todo, sabe sacrificar su propio tiempo para acompañar al niño en
sus actividades. Eso es primordial”
Pilar Campo. Madre de Javier (7) y Luis (9)
“Para que un hombre sea un buen padre lo único que hace
falta es que se complemente con la madre, que tengan los dos bien claro
que tienen el mismo objetivo, y que allí donde no llega uno de ellos (por su
carácter, o por la falta de tiempo), ahí tiene que llegar el otro para
complementar. Si la madre es dialogante y el padre también, entonces no
podemos hablar de un buen padre. Deben repartirse las tareas, no sólo las
de la casa, si no también y sobre todo, las de la educación. Uno debe ser más
firme, otro más paciente, uno más exigente, el otro más comprensivo...”
Susana Machargo. Madre de Pablo (5) y Marta (10)
“Me gusta mi papá cuando me hace sorpresas y me
lleva en el asiento de delante del coche”
Ana Álvarez, 7 años
“A mi cuando se pone a hacernos una cena de las
suyas. Siempre hace patatas, que es lo que me gusta”
José Álvarez, 5 años
“Yo creo que hoy un buen padre es aquel hombre que no sólo
está presente en cuerpo, si no también y sobre todo en corazón. El que
detecta en seguida los sentimientos de los demás de la familia, se preocupa
por ellos, y sabe sacar siempre del bolsillo algo para hacer y disfrutar todos
juntos. Ese es un buen padre y un buen marido para mí”.
Georgina Zariquiegui. Madre de Félix (9) y Natalia (11)
“A lo mejor no tengo muy claro lo que es un buen padre,
pero sí lo que no es: no es una madre. Creo que ahora los hombres andan
demasiado confundidos, no asumen tareas que sólo a ellos les competen, y encima
se pierden haciendo otras que a nosotras se nos dan mejor. Un padre debe ser,
eso, padre, un hombre con hijos, capaz de compartir las tareas, pero sobre todo,
de transmitir como un hombre sus valores, sus creencias, y su sentido de lo
justo y lo bueno. Debe saber negociar y escuchar, pero también imponer de
buenas maneras. El otro día, por ejemplo, charlamos con nuestro hijo, que
tiene un viaje, se lo pagamos, le compramos ropa para que fuera, le estamos
cambiando la habitación... y todavía se nos enfada porque no le compramos un
gorro. Pues ahí, para mí, un buen padre es el que sabe atajar esa situación,
por las buenas, para que las cosas vuelvan a su cauce y no estemos todos
torcidos. Lo esencial es eso, que la mujer nunca se sienta sola porque el hombre
la respalda, y no como les pasa a muchas, que no se sienten solas, pero porque
además de cuidar y enseñar al niño tienen que cuidar y enseñar al padre, y
eso no puede ser”.
Lucía Lara. Madre de Manuel (7) y Sara (5)
“Un buen padre es ese en el que puedes confiar,
porque te escucha, se pone en tu lugar, entiende que las cosas no son iguales, y
te da consejos, pero siempre respetando tu opinión”
Ivan, 14 años
“Un buen padre es el que te quiere todo el
tiempo, aunque hayas hecho algo malo”
Tanit, 7 años
“Un buen padre es, ante todo, una marca comercial que se
han inventado para vender más cosas, libros, estilos... No existe una fórmula
para ser buen padre, no hay recetas que lo cataloguen. Lo único que se
puede pedir a un hombre es que quiera a sus hijos por encima de todo, incluso
por encima de sí mismo, y que sepa dirigir ese cariño para hacer los esfuerzos
que necesita la crianza, es decir, repartir las tareas, estar pendiente del
afecto que necesitan, y saber instruirles en la vida, tener conversaciones
grandes y pequeñas todo el tiempo para guiarle por la vida. Lo fundamental es
eso, que quiera tanto a sus hijos que ese sentimiento le lleve al camino del
buen padre, y creo que para cada uno y cada familia ese es un camino
distinto”.
Elena Martínez. Madre de María (12) y Raúl (9)