Antes
que nada, explicación. ¿Qué significa éste título? ¿No estamos entre
padres, entre los nuestros? ¿Cómo que el buen hijo también desobedece? ¿Qué
es esta traición?
Pues esta traición es un intento de tranquilizar a los
que se frustran siempre que su hijo hace cosas distintas de las que nos gustaría.
Somos Padres, tenemos que educar, tenemos que encauzar a nuestro hijo por el
buen camino de la vida. Pero, por mucho que lo intentemos, a ese camino no
obedeciendo.
Hace unos meses, la televisión emitía un anuncio muy
claro al respecto. En él se veía al hijo, cómo iba creciendo. Primero era
un pequeñín que se ponía a saltar sobre el sofá, y una voz le gritaba “¡No
hagas eso!”. Él obedecía. Luego, ya con unos diez años, esta viendo la
tele, y la misma voz le dice “¡Vete a hacer los deberes!”. Y él, automáticamente,
obedece. Más tarde, es adolescente, está en el mismo salón, pone su música
a todo volumen, y, como es lógico, la misma voz vuelve a gritarle: “¡Baja la
voz!”. Él, que es muy obediente como se puede ver, lo baja sin más.
En la siguiente imagen, se ve al mismo chico, a la entrada
de una discoteca, y un amigo le da una pastilla de droga y una pregunta: “¿Qué
se dice?”. Y él, con obediencia y educación, responde. “Gracias”.
A veces echamos de menos los tiempos de nuestros padres. ¿Cuántas
veces no hemos pensado eso de que “esto, cuando yo era niño, no pasaba”?
Y es que, en aquellos tiempos, lo que decía un padre iba a misa, se acataba sin
más. Pero los tiempos han cambiado. En muchas cosas a peor, pero en otras, no
tanto.
Los que tengan en la vida como objetivo encontrar el botón
que haga que su hijo obedezca, se equivocan. Están destinados a la frustración.
Nuestra misión no es hacerle más obediente, si no más responsable con su
vida y con la de los demás. Y a veces, para ello, hay que saltarse las normas.
Hay que, con buen fondo, buscar caminos propios. Hay que pensar por uno mismo.
Porque “el buen camino de la vida” es una senda con muchos recorridos, y no
siempre nos los sabemos todos.
Hace unos meses, en el Panel de Expertos vimos un caso. El
padre le había dicho a la niña que fuera inmediatamente a casa después del
recreo, y como la niña se retrasó unos minutos, lo que tuvo nada más
llegar fue una riña. Por portarse mal.
Luego resultó que aquella hija había llegado un poco más
tarde porque por el camino se había encontrado un pajarillo muerto. Se lo quedó
mirando. Le empujó con un palo, y como vio que no volaba, se puso muy triste.
Cuando llegó a casa, encontró ese enfado por desobediente.
Los niños son maravillosos. Dan una guerra y unos
problemas que sólo se le pueden perdonar a un menor de edad. Nos llevan una y
mil veces por la calle de la amargura. Pero tienen una mirada muy
interesante: están descubriendo el mundo, y a veces, en ese descubrir, se
paran, hacen una pregunta o te dicen una cosa que te descoloca... pero que a
veces, hasta te puede enseñar algo de la vida. Conviene oírles.
Conviene que cuando no hagan lo que les dijimos, nos paremos a pensar primero
por qué. Qué le llevo a ello.
Una vez, siendo niños, seguro que alguien os contó esa fábula
en la que unos modistas muy famosos y reconocidos deben hacerle un traje al rey,
que ellos, tan subiditos y reputados, le entregan un traje “invisible” que sólo
pueden ver los listos, y que al final el rey convoca al pueblo entero para que
le vean así vestido. Y todos vemos al rey. Y todos nos callamos, porque decir
que no ves el traje es reconocerte estúpido según las convenciones sociales. Y
sólo un niño levanta en dedo y dice: “¡pero si está desnudo!” Y
todos despertamos del hechizo gracias al niño.
A veces pienso, que aquella no era una fácula escrita para
niños.
Andrés Suárez. Psicólogo