No es fácil ser niño. Estás todo el día soportando los rollos de un profe, y
cuando por fin te sueltan y llegas a casa, resulta que quieren que sigas con la
condena, que hagas deberes.
Claro que, tampoco es fácil ser padre. Te llega el niño a casa, con ganas de
todo menos de estudiar, y resulta que el profe le ha puesto una ristra de
ecuaciones e hipérboles (¿alguien recordaba lo que era una hipérbole hasta que
nuestro peque nos lo recordó?). La merienda, aun la tolera, pero, ¿cómo hago
para sentarle a estudiar lo que le han mandado?
Desde SomosPadres hemos ido recogiendo los trucos y estrategias que recomiendan
los expertos, y las experiencias de algunos padres a los que les funciona. Aquí
tenéis, de Padres a Padres, las pautas que de verdad funcionan.
CUESTIÓN DE HORARIO
1. Negociar con el enemigo
-> “Era una
guerra”. Así recuerda Ana María el trago que tenía que pasar cada día para
convencer a los señoritos Javier (7 años) y Matilde (6 añitos) de que si debían
hacer los 20 ejercicios que les mandaban cada día lo mejor era ponerse con ellos
en cuanto terminaran de merendar.
“Al final les convencí de que me habían convencido, que
tenían razón, jugar era algo importantísimo, una obligación con la que
estaba muy de acuerdo... pero les dije que, como también tenían que
ponerse con los deberes, íbamos a hacer un horario para que al final del día
hubiera tiempo para cada cosa”. Una vez estudiado el asunto, Ana María optó por
colocar el horario, “bien grande y con colorines”, sobre la nevera. “Así ellos
entendían que si se ponían con los deberes a las 5 de la tarde, luego desde las
6,30 ya tenían todo el tiempo para jugar, pero cuanto más tarde se ponían, menos
tiempo les quedaba”.
2. Recordar y mejorar el pacto
-> Detrás del horario de Ana María hay una
verdad como un templo: los niños tienen una relación con el tiempo muy especial.
Al principio, cuando son bebés, si algo no está delante suyo piensan que ha
desaparecido, se alteran, pero luego se olvidan como si no hubiera existido
nada. No saben relacionar un hecho con otro. Sólo con los años van aprendiendo
que lo que hacen ahora, tiene consecuencias luego. Pero para que desarrollen
ese sentido, tenemos que estar al lado recordándoselo.
“Recuerdo que a Javier le molestaba a partir de cierto
momento que le mirase cómo hacía los deberes. Pero como no estaba segura de que
ya pudiera hacer las cosas completamente sólo, yo me seguía pasando cada a la
mitad de sus deberes, para ver cómo le iba. Un día se enfadó conmigo porque le
dije que si hacía ejercicios después de ver cada fórmula de matemáticas, se las
aprendería más rápido que sólo memorizando. Se enfadó mucho y creo que se lo
tomó como un ataque. Entonces le dije que podía hacer lo que quisiera, que eran
sus deberes y su responsabilidad, pero que no se enfadara si alguien le daba
un consejo, porque si el consejo era bueno, él terminaría antes de estudiar y
tendría más tiempo para jugar”. ¿Qué pasó después? “No hizo falta decirle
nada más; probó el sistema que le dije y, como vio que funcionaba, ya nunca más
se molestó si me pasaba a ver cómo le iban los deberes y le hacía sugerencias”.
CON MOTIVACIÓN SE VA A CUALQUIER SITIO
3. ¿Qué son para ti, los deberes? -> Para el niño que sólo ve lo bien que
se lo pasa jugando en el parque, los deberes son un fastidio insufrible que
habría que prohibir. Todo lo contrario le pasa al niño que sí, que sabe que se
lo pasa bien en el parque, pero también sabe que cuando hace bien los deberes
sus padres le felicitan, y que lo hacen porque demuestra responsabilidad e
inteligencia, porque, según le dicen, estos deberes le van a ayudar muchísimo de
mayor.
4. ¡Pero qué mayor eres! -> “Mi Juan era
el típico niño capaz de montar un espectáculo y chillar con tal de que todos le
miráramos cómo daba una voltereta”, recuerda Sonia. “Así que con los deberes lo
vi claro: en cuanto llegaba, lo preguntaba que qué había aprendido, que qué
había hecho [¿tu solito? ¡qué bien, qué grande!]; luego le explicaba todo el
tiempo que las matemáticas que él había aprendido hoy servían para calcular
luego cuanto tardaba un cohete en ir a la luna, la comida que necesitaría el
astronauta, cuántas patatas tenía que plantar nuestro tío para dar de comer a
todos... yo creo que si le haces ver que cuanto más aprenda se vuelve una
persona más interesante para todos, con más cosas que enseñar, y más poderoso,
más capaz de hacer cosas, pues entonces estás dando un poco en la fibra
sensible de todo niño, en esas cosas que él quiere: atención, fuerza,
admiración...”.
INNOVACIÓN
Es lo fundamental y normalmente, lo que menos se trabaja.
5. No todo se puede comer con cuchillo y
tenedor -> “Al principio intentaba que mi hijo aprendiera todo como yo lo
había hecho”, cuenta José Ramón, historiador además de padre. “Con lengua, con
historia o con matemáticas seguíamos el mismo método: leer la lección, resumen,
y estudiar el resumen. Aunque al repasar parecía que lo sabía todo, luego las
notas en mates e inglés eran muy flojas, así que fui a hablar con el maestro”.
A José Ramón, el profesor de su hijo le explicó que cada
materia tiene una forma de ser estudiada. Para inglés es mejor machacarse a
hacer ejercicios que memorizar sólo las normas generales. Y con matemáticas
funciona igual.
Tenemos que animar a nuestro hijo a que sea activo y trate
de variar siempre sus métodos de estudio en función de la materia. Esta
lección que trata sobre los huesos, ¿cuál puede ser la mejor forma de recordar
esa información? Y esta otra que es sobre el Renacimiento. ¿No habrá que hacerlo
de otra forma?
Más importante que aprender una lección, es aprender cómo se
puede aprender cualquier lección.
6. Predicar con el estímulo
-> Pero
claro, no podemos quedarnos sólo en teoría. “Yo mismo me tuve que aplicar el
cuento” recuerda José Ramón. “Me dijeron que no sólo debía motivarle a él a que
encontrara distintas soluciones a cada tema, si no que yo además tengo que
explicarle las cosas tratando de combinar soluciones: para unas cosas le
explico con dibujos, para otra haciendo gráficos, en otras cosas doy ejemplos de
cosas similares... lo importante es no repetirse, esforzarte tu en probar
distintas explicaciones”.
NO PARTIR DE CERO
7. A quien madruga... -> “A estudiar se
enseña mandándole al niño a que haga la cama antes de venir al cole” repite
siempre una profesora, y no le falta razón. Para coger valor y enfrentarse todos
los días a eso de los deberes, conviene que antes hayamos habituado a nuestro
hijo a que tiene unas responsabilidades con las que debe cumplir todos los días.
Si antes de que empiece el cole ya participa en poner la
mesa o en hacer su cama, tenemos medio camino ganado. Con los primeros
deberes lo único que tiene que hacer es seguir aplicando ese sentido de la
responsabilidad que ya hay en él.
Tener un hijo te cambia la vida. Pero tener un hijo que ya va al cole te cambia
la paternidad. Un nuevo rol entra en tu cuerpo, una nueva responsabilidad: ya no
“sólo” debes alimentarle, cuidarle y entretenerle. Ahora además, tienes que
establecer métodos para formarle. Nosotros aquí hemos recogido algunas
herramientas útiles que encontramos por el camino, pero seguiremos buscando para
vosotros. Si tienes algún truco o pauta que crees que puede serles de
utilidad al resto de padres, no te olvides de mandárnosla a
redacción@somospadres.com para
nuestro siguiente artículo.