¿Cómo y por qué importa tanto que le enseñemos
nosotros a leer?
Les enseñas a hablar y parece que ya lo has
hecho todo. Que lo demás es algo que le enseñarán en clase. Pero no. Sin
nuestra ayuda un hijo puede aprender a hablar. Lo tiene fácil: basta con oír a
su alrededor. Pero será casi imposible que aprenda a leer y le coja gusto al
asunto, si en casa no se lo intentamos inculcar.
Dicen los profesores que el niño que le
gusta leer, ya tiene solucionados la mitad de los problemas que dan los
estudios. Hay un millón de teorías que lo demuestran, pero ninguna vale
tanto como Marta. Esta muchacha cuando tenía seis años y medio, era la única
de su clase que no sabía leer y ahora, gracias a que sus padres siguieron unos
buenos consejos en casa, está terminando ya la carrera de derecho.
Es la historia de Marta, pero sobre todo,
son...
LAS MEJORES RECETAS PARA ENSEÑAR A UN NIÑO
A LEER:
Primer paso: CONFIANZA. "Hay que
darle un empujón". Cuantas veces hemos oído esta frase? Y es que, un
empujón en la buena dirección nos lleva a todas partes.
"Lo primero que le dije a los padres es
que a la niña había que motivarla" recuerda hoy Bernabé Tierno, el
pedagogo que atendió a Marta cuando sus padres le buscaron "Tienes que
decirle que es muy inteligente y que estás seguro de que, poco a poco, será
capaz de leer tan bien como cualquiera".
¿Has intentado aprender otro idioma? ¿A que
hace falta estar cargado de moral para conseguir cierto éxito? Pues esto es
igual. Aunque a nosotros eso de leer nos parezca la cosa más fácil del mundo,
aprenderse todos los trucos de las veintitantas letras requiere un trabajo tan
duro que más vale empezarlo llenándole de confianza.
Segundo paso:
ACCIÓN. ¿Por donde
empiezo? "En el caso de Marta lo que hicimos al principio fue coger unas
tarjetas y escribir en cada una de ellas una palabra de pocas sílabas en bolígrafo
rojo, para que le resultara más fácil leerlo. Ella tenía que coger la
tarjeta y llevarla hasta la cosa que le correspondía. Si decía mesa, a la
mesa. Que mamá, pues a mamá".
El juego que empezó el profesor Bernabé en su despacho se
lo llevaron luego los padres de Marta a casa, donde le encontraron nuevas
variantes. Que si ahora yo dibujo y tu pones el nombre de eso que he
dibujado. Que ahora lo que hacemos es coger plastilina y poner con ella
nuestros nombres, o el plato que nos apetezca para hoy, sobre la mesa de la
cocina.
"A la niña le encantaba, porque era como
un juego, se divertía, la felicitábamos, y ella misma se daba cuenta de cada
vez podía con palabras más difíciles".
Tercer paso: MEDIOS. "Por
desgracia en Navidad pensamos mucho en traerles juguetes pero nos olvidamos de
los cuentos", dice Bernabé. Actualmente se ha llegado al milagro de que ya
venden cuentos hasta sin letras, de tan fácil que lo ponen. No hay edad sin
libro, así que ningún niño es demasiado pequeño para que le busquemos un
libro.
Pero para que aprenda a leer tenemos que
empezar equipando nuestra propia mesilla de noche. "El niño tiene que ver
que ahí siempre hay un libro. Que todos leemos algo. Tenemos que crear un
ambiente que anime a la lectura. Rodearle de ello, ponerle fácil que pique en
el libro".
Cuarto
paso: CREAR EL "VICIO" DE LEER. Se dice que los libros nos hacen viajar. Y es verdad. De lo que se
trataría ahora que a nuestro hijo ya no hay palabra que se le resista, es de
crearle afición por este tipo de viajes.
El profesor Bernabé Tierno tiene para esto también algunos
trucos: "Para empezar es bueno que, por ejemplo, el padre busque al hijo y
le diga que entre los dos van a regalar un libro a mamá. A ver. ¿Qué crees
que le puede gustar? A mamá le gusta estar siempre con las flores, ¿no? Pues
vamos a buscarle un libro de plantas".
De lo que se trata es de explotar por todos los
medios al mejor aliado que tenemos en esta guerra que es la de hacerle un
gran lector: su curiosidad. Nuestro hijo está ahora descubriendo el mundo,
y él mismo va a sentir un millón de inquietudes. En un momento le gustará
saber cómo es posible que un amasijo de hierros vuele por el aire. Al rato
querrá saber si las ballenas hablan de alguna forma. Tenemos que enseñarle
que para cada inquietud, para cada gusto o afición, hay un libro esperando.
"El libro debe ser, sobre todo, una
herramienta con la que ampliar lo que ya te gusta. Así, desde los propios
gustos, es por donde se accede a la cultura", comenta Bernabé
Tierno.
¿Que vais a hacer un viaje? Pues, por qué no
prepararlo. Ver en un mapa dónde está ese sitio, cómo es. ¿Que tenemos que
organizar una fiesta de cumpleaños? Pues vamos a ver qué recetas hay en aquel
libro de postres. ¿Que le ha gustado esa película de caballeros? Seguro que
en la biblioteca hay novelas o comics sobre la época.
Hasta si lo que nos ha crecido en casa es un
adolescente apasionado [ay Dios] de la música heavy, podemos aprovecharnos de
ello y decirle eso de que: a mi no me gusta, pero en fin, vamos a buscar libros
sobre esos grupos, si es que se les puede llamar grupos; seguro que alguna
biografía les han dedicado, a ver si así por lo menos les sacamos algo de
provecho a los melenudos esos.
"Hay que crear un ambiente de
lectura". Ésta es una tarea vital que sólo se puede hacer desde casa. Es
fundamental. Básico. Pero sobre todo, es sencillo: hay un millón de formas
distintas para acercarle a la lectura, y lo mejor es que no todas pasan por
el heavy.
Ramón Muñiz Abad