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¿Qué hacer cuando cuando nuestro hijo es acosado?
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¿Cómo podemos combatir lo invisible? Porque, uno de los mayores problemas que tiene el bullying para nosotros, como padres, es que lo tengamos delante de nuestras narices y no nos demos cuenta. Uno no suele andar por ahí contándole a los demás que hay alguien acosándole, y si ese “uno” tiene menos de diez años, pues más aún.
DETECTAR EL PROBLEMA
“Los cambios son la clave, hay que estar atentos a ellos” recomienda el experto en infancia
Bernabé Tierno. Según él, debemos encender nuestras alarmas si vemos a nuestro hijo
más despistado que de costumbre, con pesadillas, tristeza, desconfianza o, de repente, flaqueando en los
estudios.
Estas señales nos pueden dar una pista, pero no son definitivas. Hay que hablar con él, pero, ¿y si nos dice que todo está bien y aún nos quedamos con la mosca detrás de la oreja? “Yo aconsejo siempre que no nos fiemos del todo de lo que nos diga nuestro hijo; sería bueno
aparecer a la salida del colegio y mirar con nuestros propios ojos si pasa algo, o ir a donde esté con los demás y
hacernos los encontradizos” cuenta Bernabé Tierno. También estaría bien preguntarle a los amigos de nuestro pequeño, por si acaso, si ellos saben de alguien que se esté pasando.
¿Y qué hacemos si vemos a nuestros hijo metido en un problema así? Pues movernos y hablar, en casa y en la escuela.
¿QUÉ DEBEMOS HACER EN CASA?
Al cole hay que ir todos los días, y que te estén machacando todos los días hunde al más pintado, así que debemos
recuperar un poco el autoestima de nuestro hijo. Además, la razón está de nuestra parte. Lo primero es demostrarle que si se meten con él no es porque sea menos que los demás, si no todo lo contrario.
“El niño acosado es el estudioso, el tímido, el buena gente que no se mete con nadie... lo que ocurre en las aulas es un reflejo de la sociedad: ¿a quién van a pisar? Al que es bueno y aplicado, ese es único que merece la pena como rival” asegura
Bernabé Tierno.
Tenemos que hablar mucho del tema. De él y del agresor, que es justamente lo contrario. “Todo adolescente que arremete a otro lo hace porque así llena un vacío, una frustración con la que trata de compensar los defectos y limitaciones que tiene”. Hay, según Tierno, una cosa que está muy clara:
el chico inteligente, equilibrado y que no le falta de nada, ese nunca hará bullying. El problema de personalidad no lo tiene nuestro hijo, lo tiene el otro, y eso hay que hacérselo ver.
¿Y EN EL COLEGIO?
Hay profesores y profesores, pero por principio debemos pensar que todos tenemos el mismo
objetivo: que nuestros pequeños crezcan de la mejor manera posible. Si detectamos que nuestro hijo está sufriendo un problema de bullying el centro tiene que reaccionar, y nosotros debemos de ayudarle a ello. Con quejas, sí, pero también con sugerencias.
Actualmente las normas protegen mucho a los pequeños y los profesores se sienten limitados para aplicar los castigos a los que en ocasiones les gustaría recurrir.
Debemos presionar al centro y exigirle que actúe, pero conociendo bien lo que se puede y lo que no se puede hacer.
Lo primero es sacar a la luz el tema, y eso no sólo se debe hacer entre los afectados. Los maestros deben dedicar tiempo a hablar del acoso, concienciar a todos los alumnos, porque, como dice Tierno,
“la información siempre es formación”. En el aula se intenta enseñar números, naturaleza, a esforzarse... también hay que enseñar cómo actuar ante este problema, lo que significa para unos y para otros. Y
dejar MUY CLARO las medidas que el centro tomará ante cualquiera que se pase de la raya. Nuestro hijo tiene derecho a sentirse unido a los demás y defendido ante cualquier problema
“Hay que generar una dinámica en la que todos se sientan unidos ante el problema” aconseja este experto en pedagogía que, según asegura, él ya reserva diez minutos de sus conferencias para tratar el tema.
¿Y SI ES EL NUESTRO EL ACOSADOR?
La primera vez que muchos padres enfrentan este problema es porque un profesor les llama y les dice que su hijo, el niño de sus ojos, anda haciéndole la vida imposible a un compañero. Aunque estas palabras puedan parecernos increíbles,
no ayudamos nada atacando al profesor o minimizando las cosas.
Nuestros hijos son lo primero. No sabemos hacer otra cosa que quererles, y, en ocasiones, pro lo que vemos en casa no podríamos imaginarnos para nada que luego ande en clase teniendo un comportamiento semejante. Pero hay algo que debemos tener claro: es verdad que nuestro hijo no es un monstruo, pero tiene un problema de maduración.
Al nacer nuestro hijo sólo se conoce a sí mismo. Todo lo demás está ahí para servirle. No es egoísmo: es que el cerebro al nacer funciona de esta manera.
Como la vista, que se va desarrollando poco a poco, la empatía, el ponerse en el lugar del otro, también es algo que se va desarrollando poco a poco...
pero hay que motivarlo.
“Para desarrollar la empatía de un niño, su capacidad de ponerse en el lugar del otro, y, por tanto, tener más aguante y tolerancia, el hijo debe tener dos cosas: experiencias directas
y unos padres que estén a su lado haciéndoselas entender”.
Éste es el consejo de Bernabé Tierno. “Todos los días a nuestro alrededor, hay millones de ejemplos de cómo nos necesitamos unos a otros, pero el niño no los sabe si nadie se lo
explica”. Hay que hablar con él, señalarle cada vez que alguien le está ayudando o se está preocupando por él, y también recordarle lo mal que se siente cuando alguien no se porta bien con él. Tenemos que explicarle que el portarse mal los unos con los otros es una cadena que sólo se puede solucionar cortándola.
“¿Qué pasaría si el niño que tu un día pegaste resulta que cuando crezca se hace más fuerte?”. Como decía Gandhi, “ojo por ojo y el mundo acabará ciego”.
También debes estudiar un poco el entorno de tu hijo. ¿De dónde le pueden estar llegando esas malas influencias? “En la televisión hay mucha violencia verbal, los directores de los programas animan a unos y otros a gritarse, y parece que, cuanto más denigres al otro, más éxito vas a tener.
Pon a un niño interiorizando ese ejemplo y acabarás teniendo bullying, que no es más que un acoso que empieza igual, con la violencia verbal, repetida siempre y que a veces da lugar a otras”.
UN ENTORNO SANO DA A UN NIÑO SANO. No debemos culparnos si algo ha salido mal, porque nuestros ojos y nuestra atención no pueden abarcarlo todo, pero
si ahora vemos uno de estos problemas delante de nosotros, hay que ponerlo como número uno en nuestras preocupaciones. Si no desterramos de nuestros hijos los comportamientos violentos ahora que son pequeños, el bullying sólo será el inicio de una mala mata que puede acabar estropeando la que tiene que ser la mejor de todas las frutas: nuestro hijo.
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