De
visita en la sabana... ¡¿cántabra?!
"Año
dos mil y pico. Toda la península ha sido colonizada por una civilización de
hormigón, coches y hoteles. ¿Toda? ¡No! En el Norte existe aún un rincón
donde las bestias campan en secreto y libertad".
Este
no es el comienzo de ningún libro. Existe un lugar así, no es una leyenda
urbana. En Cantabria hay aún un rincón donde uno se puede dar de bruces con un
elefante, salir corriendo para que no le alcance un jaguar, o vérselas con una
pitón. Es decir, lo ideal para pasar un fin de semana loco con los niños.
Y no
es broma. Ya habremos hecho viajes kilométricos
para ir a ver una fiesta, una virgen,
una iglesia, una exposición. ¿Por qué no hacerlo para ver cómo viven estos
animales, aquí, sin necesidad de marcharse al África?
Pocas
cosas habrá más especiales que los animales para un niño. Mantienen una relación estrecha donde los
adultos nos hemos quedado fuera. Los animales son para un niño fuente de sueños,
de cuentos, de fábulas siempre con moraleja. De eso y de aprender leyes de la
vida, de conectarse con la naturaleza y con el mundo.
Por
eso no es casualidad lo que hace unas semanas dijeron un grupo de afamados
escritores. Estaban recordando su infancia y de repente, entre aquellos
recuerdos, surgió la sorpresa de que todos habían pasado en su día la misma
enfermedad: para todos su primera novela fue una que escribieron de niños,
sobre unos animales que hablaban...
Pero
perderse en la sabana cántabra tiene premio además para vosotros, papás. No
es normal. No es sólo que aquello tenga sus elefantitos. Es que encima están
puestos en un paraje de esos que las
revistas llaman idílicos. Picos y llanuras, charcas, todo salpicado de verdes,
rojos y amarillos. Nosotros que sabemos situar Santander en el mapa podemos
estar por allí repitiéndonos mentalmente eso de que no hemos salido de la península,
de que no estamos en Africa... pero con los niños eso es tiempo perdido. ¡Trata
de convencerle de que no está en las mismas tierras de Indiana Jones!
Y
algo de razón tendría nuestro hijo si dijera eso, pues una vez vino por las Españas
Spielberg, ha rodarse unas escenas, y contó que lo que más le maravillaba de
este país era esa variedad geográfica; el que haya sitios que tan pronto
pueden parecer el desierto del Sahara como otros que se asemejan al Amazonas.
Esto, amigos, se llama Santander pero podría ser África.
Pero
como dicen los carniceros, vamos por partes. Vamos por datos.
¿QUÉ?
El Parque de la Naturaleza de Cabárceno.
¿DÓNDE?
A poco más de
15 kilómetros de Santander (Cantabria), colindando con el pueblo de Liérganes.
¿CUÁNDO?
Se puede disfrutar del Parque durante todo el año, en un horario de 9,30 de la
mañana a 18,00.
¿QUIÉNES?
Osos, lobos, ciervos, elefantes, reptiles, ñus, bisontes, antílopes,
jaguares... y así sigue la lista de hospedados hasta alcanzar más de 70
especies con una población que supera el millar de bichos.
¿CÓMO?
Se prepara un coche con algunos complementos, como niños y demás. Se cierra la
puerta de casa (con los niños fuera de la misma). Se va uno a Santander y de
allí a Liérgenes y de allí al susodicho parque. Una vez en el mismo se
procede exactamente igual que los primeros visitantes de Parque Jurásico. Es
decir, se asombra uno (¿cómo no hacerlo ante un paquidermo?) y se deja llevar
por las rutas que para coches hay
habilitadas. ¿Que nos gusta mucho un sitio? Pues nos bajamos y lo vemos. Porque
esto no se va a ver bien sólo desde el coche.
Con mucho sentido de la naturaleza los organizadores de
este parque, que ronda ya los quince añitos, han situado algunos de los mejores
parajes al final de sendas a las que se accede a pie. Es decir, que hay que
caminar pero que al final del camino la cosa tiene premios como conocer a
Juanito, una señora pitón de 90 kilos que se embuten en 6 metros. Es la
vedette de una de las diecinueve zonas diferenciadas del parque, puestas así
por aquello de no mezclar un oso con una pitón o un jaguar.
PARA
SACARLE JUGO A LA VISITA
¿Cuál
es tu animal favorito?
La
pregunta te puede parecer un poco extraña, pero mientras te la piensas, seguro
que recuerdas que si te hubieran hecho esta pregunta con seis años no hubieras
tardado ni seis segundos en responder.
Enseñarle
esta naturaleza a un niño, meterle de esta manera en el otro lado del
documental, es algo que va a impresionarle durante varios días. Y eso es algo que nosotros podemos aprovechar. Tendrá
ahora la mente dispuesta a investigar y a soñar. Muy bien. Pues hagámoslo.
Juntaros
en pos de una científica investigación sobre ese animal que tanto le ha
llamado la atención. ¿Qué come? ¿Cómo vive? ¿Por qué? ¿Cómo se ha
adaptado su cuerpo a sus circunstancias? ¿Cómo se libra de sus enemigos? ¿Cuánto
vive?
Si
lo piensas, este tipo de preguntas lo que
hacen es acercarle a la Vida, así, con mayúsculas. Quizás no puedas con
seis años contarle a un niño las vicisitudes de tu relación amorosa, de cómo
fue vuestro noviazgo. Pero en cambio si puedes adentrarle en esta parte de la
vida tratando de entender cómo se cortejan los animales. Y lo mismo con la
educación, por ejemplo. ¡¡Hay que ver lo rápido que se compadecen estos
pequeños monstruos de los sacrificios que hacen la mamá de un león mientras
ahí estás tu, batallando todos los días para recoger sus mochilas del cole!!
Pero
que no todo sea ciencia. También
conviene despertar la imaginación. Pídele que haga dibujos. Escúchale
preguntar. Incluso cuando te diga que si el elefante tiene esas orejotas
porque le tiran mucho de las orejas. Escúchale y llévale de viaje después del
viaje. Invéntate cuentos sobre exploradores, juega a ello con el niño.
Es
lo bueno que ha tenido este viaje. Que en él hemos visto un mundo de cerca, un
nuevo mundo en el que jugar juntos.
TAMBIÉN
DE INTERÉS
Porque
no solo de bichos vive el adulto, no de complacer a los pequeños, la zona
cuenta, además de con una naturaleza soberbia, con una serie de pueblecillos
mineros hoy en estado de delicia rústica.
Liérgenes,
con sus calzadas de piedra gritando por todo lo alto que el origen de este núcleo
es bien antiguo, sería un bien ejemplo. También San Roque de Riomiera o
Villacarriedo.