La ruta de costumbres y vírgenes lleva este mes de Octubre a Zaragoza. Vestida el Rocío, le toca el turno ahora a la Pilarica, santo y seña de la capital aragonesa y motivo de una de las mejores fiestas celebradas en nuestra geografía.
El momento, además, acompaña. Si no hemos acabado saturados de vacaciones (y por más fiestas con las que salpiquemos el calendario, ¿quién puede cansarse de descansar?) este mes podemos escaparnos algún fin de semana a la capital maña, que
anda en pleno frenesí modernizador preparándose para la Expo Internacional que en el 2008 pondrá los ojos de todo el mundo sobre esta ciudad de rica historia nutrida a orillas del Ebro.
Mejores calles, mejores alojamientos... la ciudad se ha concienciado que lo suyo
va a ser recibir gente y andan ensayando con todo aquel que se presta.
Otro de los “agravantes” por el que merece planteárselo es por la privilegiada situación que atraviesa ahora la ciudad, conectada a Madrid y muy pronto a Barcelona por ese tren llamado de forma sencilla Ave, aunque igual se le podía llamar: “maravilla de la modernidad capaz de acortar el espacio y el tiempo entre las ciudades”.
En fín. La lista de servicios que presenta esta candidata a alegrarnos una escapada es pródiga en detalles que podemos resumir en uno solo: ya que al final tenemos que ir a conocer tantos edificios y cultura, ¿por qué no
aprovechar estas fechas, en las que las calles se llenan de alegría y juegos para niños, y conciertos, y tradiciones, y juegos, y festivales y colores y toros... y.... y...?
Pues eso: ahora mejor que nunca.
DE PRIMERO, UN POQUITO DE HISTORIA
Católicos, romanos, o árabes. Cada cultura ha ido aportando su arquitectura hasta completar una ciudad que aunque ha visto pasar a otros pueblos, sólo ha conservado lo mejor de estos.
EL PALACIO DE LA ALJAFERÍA
es una buena muestra que ya nos va enseñando cómo la combinación de materiales y elementos sencillos, cuando se sabe, son capaces de alumbrar belleza.
También el arte mudejar se localiza aquí y allí, en la TORRE DE LA IGLESIA DE LA MAGDALENA
(con sus matemáticos frisos y pliegues que tanto seducen del estilo árabe), en la de
SAN MIGUEL, SAN GIL o la de SAN PABLO.
El casco viejo de la ciudad sirve como herencia y testimonio de que allí, hace miles de años, estuvo el imperio romano, con sus ideas claras en cuanto a la arquitectura y urbanismo de las ciudades. Aún se pueden observar restos de lo que fue la muralla romana, pero lo mejor de todo son las formas que dibujan las casas. No son octogonales todas por un capricho moderno; es que así ya las hicieron hace miles de años.
EL EPICENTRO DE ESTE TERREMOTO
Nos sentimos grandes, pero somos pequeños. Un grano más en una playa inmensa.
Algo así puede sentir uno cuando se encuentra, cara a cara, con la Virgen del Pilar en ese momento de gloria que para ella es erigirse sobre su manto de flores. Uno de los instantes más auténticos de estas celebraciones consiste justamente en llevar cada uno su flor, su ramo, su floristería particular y ponerla a los pies de la patrona.
Y digo a los pies porque a más no se llega. Cuando aparezcamos veremos bajo la virgen cómo los nativos han levantado ya con sus contribuciones
toda una montaña de considerable altura para dar color y alegría a los pies de la señora de la ciudad, la
Pilarica.
La Virgen del Pilar es así. Habitualmente reside en la espléndida basílica que los zaragozanos le construyeron a orillas del río, dominando toda la villa. Pero cuando sale, se pone bien guapa.
La BASÍLICA, es una construcción que, como el manto de flores, también se ha hecho de forma que nos recuerde lo pequeñísimos que somos. Sus altos muros nos dejan como pasmarotes, contorsionando nuestro cuello para poder ver algo el techo.
Al principio lo que allí había era una iglesia mozárabe, pero ahora uno se encuentra allí un batiburrillo de estilos bien aliñados todos bajo las características del barroco. Es un palacio
sorprendente: de materiales humildes (al menos en sus caras exteriores, donde se ve un ladrillo bien plantado pero ladrillo al fin y al cabo), la sencilla pasta de la que está hecha sin embargo contrasta con la sensación de
hallarnos ante algo grandioso, quizás no por su riqueza, si no por sus dimensiones, que forzosamente nos acercan un poco a la experiencia religiosa.
El paseo obligatorio por el interior nos permitirá descubrir, entre otras tantas, una joya de un genio que dio la región: Goya, que tuvo a bien pintar las altísimas cúpulas.
MÁS ARTE = MÁS GOYA
El sordo más sombrío, el pintor más colorista. Goya, autor de “Saturno devorando a sus hijos”, “La Primavera” o “La maja vestida/La maja desnuda”,
murió un día en Burdeos pero vive ahora por Zaragoza. Padre según muchos de la pintura moderna, Francisco de Goya y Lucientes protagonizó una vida marcada por los avatares políticos.
Primero partidario del liberalismo y la modernidad, cuando vió cómo éstos eran encarnados por unos franceses que no tenían reparos a la hora de ajusticiar a los compatriotas (como reflejó el “Los fusilamientos del 2 de Mayo”), entró en
crisis, y dejó de ver esperanza en una sociedad, que, al lado de su genio, quedaba bastante atrasada.
Eso por no hablar de su azarosa vida amorosa, o de los comentarios que lo situaban en tratos con la Duquesa de Alba.
Una vida para los libros de historia y para llenar la ciudad de Museos en honor y gloria del pintor. Toda ruta goyesca que se precie debe incluir:
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El Museo
Zaragoza, que recoge algunos retratos al óleo
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El Museo
Ibercaja: imprescindible. En él se albergan las cuatro seres completas de sus
famosísimos grabados. Una obra genial.
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Cartuja del Alua
Dei: aquí lo que encontraremos serán muestras de su saber reflejadas en el mural. Y es que el artista le dio, además de al óleo, a los cartones, telares, paredes, murales y lo que tuviera a mano. Cosas de genios.
MÁS ZARAGOZA: SUS GENTES
Uno de los más peculiares monumentos a conocer deberían ser las propias gentes de Zaragoza, que mantienen con tesón una cierta leyenda brava. Son personas sencillas, claras, amables hasta lo indecible, pero... ay amigo, como vean una sombra de
traición, despídete del cuento. El maño solo exige una cosa, lealtad y respeto. Si cumples con eso, todo lo demás no te preocupes que ya te lo pone él.
MÁS ZARAGOZA: GASTRONOMÍA
Si hay algo que aprecia un buen turista, eso es el buen tapeo. Pero no el que ofrece, con sabio esfuerzo, un solo local consentido comercial del asunto. Hay en España regiones que han desarrollado una cultura del tapeo a la que no se escapa ni uno solo de sus bares o restaurantes. Y Zaragoza es una de esas ciudades.
Aquí el tapeo se lleva con normalidad y gusto. Mucho gusto. ¿Quieres pescado? Pues en seguida recibimos frituras, rabas o cazuelas. Pero si quieres embutido, ¡ay amigo prepárate! En unos instantes desfilarán ante tu mesa un ejército de quesos, chorizos, salchichones, y, cómo no, jamón de Teruel.
El festival debe completarse con alguno de los vinos tintos de la región.
Pic Nic o Taberna Azoque son algunos de los bares que hacen leyenda a base de tapas.
Pero si lo que buscáis es un buen restaurante de cocina tradicional, allegaros a El Fuelle o La Rinconada de Lorenzo.