Sandra Rubio Gutiérrez, de 9 años y vive en Cobisa (Toledo)
La semana pasada me fui de vacaciones a Canarias. Fue estupendo. Hice bastantes castillos de arena con ayuda de mi hermana mayor, Marieta.
También jugué con ella a saltar las olas, a la raqueta y a bucear en el mar. Nuestra piscina era preciosa. Era enorme, con el agua muy
dulce, limpia y templada. Por las tardes, Marieta y yo íbamos a bucear por el mar o por la piscina o a hacer castillos de arena
tranquilamente. O a tomar el sol. O a comer polos. También mi hermana pequeña, Genoveva, que la llamamos Veva y mi hermana gemela, Cristina
que la llamamos Kris disfrutaban de las vacaciones.
Pero voy a presentarme:
Me llamo Lindy Rally y tengo 14 años, igual que Kris. Marieta tiene 16 años y Veva tiene 7 años. Un día espléndido, me levanté a las 9 de la
mañana. Me quité el pijama y me puse una sencilla camiseta de tirantes y unos pantalones cortos ajustados a mis muslos. Cogí unos zuecos
abiertos y me peiné. Acto seguido, canté a la dormida Marieta:
- Marieta, despierta. ¡Venga, Marieta, que vamos a comprar el pan!
- Vístete – Marieta se dio la vuelta en la cama.
- Ya estoy vestida – repliqué.
- Péinate – Marieta gruñía cómo un lobo.
- Ya estoy peinada.
- ¡Pues vale!
Camino al baño, le oí gruñir:
- ¡Hermanos! Son tan plastas que aburren a un muerto.
- Si yo soy plasta, tú también – repliqué.
- ¡No me repliques, Lindy! A tus años ya debes portarte bien – Marieta cayó en la trampa.
- A mis años, a mis 14 años, anda que tú con 16 – seguía replicando.
- Lindy, te la estás ganando – mi hermana me amenazaba.
- ¿Que clase de regalo? – seguía replicando -. Porque si me lo estoy ganando siempre papá o mamá me compran un regalo. ¿Quizás para mi
cumpleaños? – Quería provocar a Marieta al máximo, dejarla fastidiada y replicar a todo.
- ¿Que qué regalo? Un tortazo. ¿Te parece bien? – Marieta volvió a caer en la trampa.
- No me parece bien. Te lo regalo – repliqué.
Marieta me pegó un tortazo y repetí:
- Te lo regalo.
Mi tortazo se oyó en toda la casa. Moló. Toda la familia se levantó. Pero se volvieron a acostar.
- Tú... tú eres una enana – A Marieta no le hacía gracia.
- Y tú una tía marrana – seguía replicando.
- ¡Que me dejes de replicar, Lindy calindry! – Marieta gritó.
- ¡Que no me da la gana, Marieta Julieta! – Quería fastidiarla.
- ¡Pues vale, tonta del bote!
- Venga vamos a dejar de pelear.
- Sí pero no te lo perdonaré nunca.
Me fui a la cama de Kris. Estaba durmiendo cómo un tronco. De repente, se me ocurrió una idea para desperezar a todos los de la familia sin
tener que ir de cama en cama y grité:
- ¡Dios mío! Al intentar hacer el desayuno, ha salido fuego. ¡Socorro! ¡Auxilio!
Mi familia saltó de la cama. Y tuve que pedir perdón varias veces. Bueno, aquí acaba la historia. Tened cuidado, ¡en la orilla del mar
hay medusas!
Los datos de la autora son:
Sandra Rubio Gutiérrez, de 9 años y vive en Cobisa (Toledo)