La ciencia descubre los efectos que
este estereotipo está teniendo sobre madres, pero también sobre hijos.
Que no es la religión, que ahora es la ciencia
la que dice que la felicidad está en el equilibrio, en saber darle importancia
a las cosas que podemos mover, cambiar, mejorar. Está ahí pero también está
en saber relajarse, mirarse los defectos con ternura, tratando de cambiarlos,
claro que sí, pero si no se puede… pues tampoco se acaba el mundo.
Las madres han cambiado. Ahora somos mucho más libres, más sabias,
y, por qué no decirlo, más guapas. En el modelo anterior, para que una
mujer tuviera más espacio había que hacer reformas en la casa. Ahora
trabajamos, educamos, decidimos. Nuevos campos donde ampliar las libertades… o
la lista de cargas.
LA NOTICIA
Andrea O’Reilly es una investigadora de
la Universidad
de Nueva Cork que lleva siete libros estudiando el rol de la madre a lo largo
de los años. Sabe de lo que habla, y advierte: “Esto de ser madre se está
convirtiendo en un deporte de alta competición”. Algo así como una
carrera de obstáculos en la que hay que ser experta en decoración, estética,
nutrición, psicología, educación y hasta bricolaje si nos ponemos.
“En los últimos
quince años hemos subido mucho el listón. Durante las décadas de los 70’
y los 80’había una idea de la maternidad mucho más realista. No esperábamos que las
mujeres dedicasen todo su tiempo y energía a los niños”.
Esta estudiosa se ha
fijado últimamente en que esa concepción de la mujer era también la que
reflejaba ese espejo que es la televisión de aquellos años. Echando un vistazo
a la tele de hoy, O’Reilly señala que hay una visión extrema, o se es una
madre perfectísima o, quien no cumple todas las normas, queda considerada en la
pantalla como una madre malísima.
Series como
“Mujeres desesperadas” solo presentan una imagen, la de la madre con un
cuerpo perfecto, viviendo en una casa estupenda y manteniendo una relación
perfecta con sus hijos. “Es como si solo hubiera una forma aceptada de ser
madre, la que podríamos llamar como “maternidad intensiva”, explica
esta experta.
“Parece que si tu
hijo no forma parte de un equipo de fútbol o no sigue cursos de patinaje artístico
o no habla seis idiomas con tres años, pues eso significa que no estás
haciendo lo suficiente”.
NO SOLO NOS AFECTA A NOSOTRAS
Estamos de nuevo ante una de esas llamadas de
atención para que no nos dejemos comer el terreno por lo que dice la tele. Eso
es algo que no solo puede acabar presionándonos en exceso. Es que, según
O’Reilly, esto de cumplir con las leyes de las madres perfectas también
podemos hacerle mal a nuestros peques.
“Después de escuchar a profesores, monitores de campamento o padres,
tengo claro que estamos creando una generación de niños sin imaginación,
sin iniciativa, y sin autonomía a fuerza de protegerles constantemente y
planificar hasta el más pequeño detalle de su vida. ¡Y lo peor es que creemos
que esa es la forma de hacerlo bien!”
¿EN SERIO?
Señales de alarma desde la ciencia. Puede que
las palabras de O’Reilly no sean exactas, puede que no estemos tan influidas
por la televisión como ella nos dice, pero merece la pena pararse a pensar
en ello. Al fin y al cabo vivimos rodeados de imágenes, series,
publicidades, que gota a gota, sí es posible que tengan algún efecto del que
no nos demos cuenta.
¿Nos agobiamos demasiado? ¿Nos exigimos la perfección en todo
lo que tenga que ver con nuestros pequeños? Por supuesto que tener un hijo nos
significa una gran responsabilidad y que no hay que tomárselo a lo loco, pero
tampoco es cuestión de convertirlo en un sacerdocio.
Aquí en SomosPadres
hemos visto a súper mamás con siete churumbeles que nos han enseñado tres
lecciones magistrales en esto de ser padres: hay que saber priorizar, disfrutar
de lo bueno aunque no puedas tener lo mejor, y asumir que nos vas a llegar todo.
La vida es muy
amplia, y a veces en nuestro afán de protegerles nos olvidamos que para
aprender de verdad es necesario equivocarse, fracasar y sufrir problemas.
Como dijo el poeta, “cuando nace, el niño llora”, es decir, hay cosas que
le van a molestar, pero si se las evitásemos nunca crecerían.
La vida es buena,
pero no es perfecta. Como intentemos nosotros serlo, mal les estaremos
preparando para ella.
MEJOR QUE NO TENER FALLOS ES SABER QUÉ
HACER CON ELLOS
Más allá de las grandes palabras, en estos
dos años que llevamos de SomosPadres hemos visto pasar expertos en educación
que nos han repetido muchas veces grandes lecciones que debemos darnos para
poder dárselas después a nuestros hijos. Grandes lecciones de humanidad,
imprescindibles para un niño emocionalmente, y que
no siempre están en la agenda de una madre perfecta.
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HAY QUE ENSEÑARLES que no somos perfectos, que cometemos errores y
no solo sabemos reconocerlos si no que hay veces que hasta pedimos perdón
por ellos. Como dice Bernabé Tierno, eso de pedir perdón se enseña dándole
tu el ejemplo primero.
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HAY QUE ENSEÑARLES
que les queremos y les cuidaremos, que estaremos
ahí siempre que él lo necesite, pero que nunca estaremos en TODO lo que tiene
que enfrentar en esta vida. Llega un punto donde tenemos que empezar a cambiar
nuestro rol, y en lugar de ayudarle con todo, dejar que sea él quien nos llame
cuando nos necesite. Incluso hay veces que tendremos que darle un pequeño empujón, algo
así como esas aves que, cuando ven a su polluelo capaz de volar pero asustado,
le empujan un poquito para que se de cuenta de que tiene más fuerza de la que
se cree.
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HAY QUE ENSEÑARLE, en fin, que él tiene que enfrentar problemas
primero porque es su responsabilidad y segundo, porque estamos convencidos de
que él es capaz de ello. Hay madres, perfectísimas ellas, que lo primero
que hacen es solucionarle al niño la vida, en lugar de animarle a que se la
solucione él.
Madres imperfectas del mundo, ¡unámonos! No podemos dejarle el futuro a esas estupendas, infalibles, artificiales e
insustanciales perfectísimas.
Entre otras cosas, porque no existen.