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Madrid en cuatro estaciones

De Madrid al cielo decían antes, pero no, ya no, de Madrid a ninguna parte. Madrid es el cielo. Eso que llaman “oferta cultural y de ocio” se hace infinito en esta, una de las capitales más importantes del mundo, ciudad grande pero con huecos especiales para una visita con niños.


Porque Madrid es un puzzle, un conjunto de pequeños rincones totalmente antagónicos. Desde la mezcolanza y el exotismo de Lavapiés, hasta la clase y alcurnia de Castellana, pasando entre tanto por unas raíces que no existen en la gente (se dice que de cada cuatro madrileños, tres tienen los padres fuera) pero sí en los museos, monumentos, palacios. 

Pero vayamos por partes. ¿Ya estamos en Madrid? Pues lo primero es despedirnos del coche, salvo caso de extrema gravedad. El automóvil es una fuente inagotable de penas en una ciudad pródiga en zanjas, obras, atascos, y sobre todo, transportes públicos puntuales, y raudos. No hay color a la hora de moverse, por lo menos en el centro de la ciudad.

Así que, utensilio de primera necesidad: hacerse con un mapa de metro (en todas las estaciones nos lo proporcionarán) y mirar de reojo los letreros del autobús (porque lo del mapa, con esto, está más complicado; aunque si vais con todo planeado, la página de la EMT os será de utilidad). Vamos por paradas.

· SOL: El epicentro de las carreteras españolas y el centro de nuestras miradas cuando llega la nochevieja. La Puerta del Sol, sede del gobierno madrileño, nos proporciona un espacio de tiendas (FNAC, Corte Inglés, y una hilera de boutiques) en dirección a Callao. La elección es ardua, porque en sentido contrario tenemos la Plaza Mayor , surtida de terrazas y callejuelas con restaurantes y mesones “very tipical”, que diría aquel. Os aconsejamos, a la hora de decidir, que le preguntéis a la estatua del Oso y el Madroño, algo chiquitilla pero emblema de la ciudad.

Otro símbolo, pero este bien distinto, se encuentra en la aledaña carretera de San Jerónimo, donde está ubicado el Congreso de los Diputados, con sus dos leones a la entrada, tan fotogénicos ellos.

· SOL-ÓPERA: entre ambas estaciones se encuentra lo más real de la capital: el Palacio Real, que junto a los Jardines de Sabatini y la Catedral de la Almudena, forman un complejo de obligada visita.

El Palacio Real es, además, fruto de una travesura de la historia. Espectacular por fuera, ha sido constantemente despreciado por aquellos que tenían la ocasión de habitarlo. Primero fue Felipe V, del que cuentan las malas lenguas que, al enterarse de que el palacio estaba incendiado, descorchó una botella de champán y ordenó su reconstrucción pero con muros mucho más gruesos. 

Y es que el Palacio está edificado en una loma con unas vistas envidiables, capaces de dominar una buena porción de la ciudad, algo que, a cambio, lleva el coste de estar expuesto a los peores vientos. Por eso, y pese a la reconstrucción que inició Felipe V, ni Franco primero, ni Don Juan Carlos después, han querido utilizarlo como residencia (el primero prefirió el Pardo y el segundo habita el Palacio de  la Zarzuela).

Pero, por lo menos en este caso, los inconvenientes que unos tuvieron para utilizarlo a diario, ahora sirven para que el pueblo llano pueda visitar con más facilidad el complejo en el que residieron monarcas y gobernantes como, además de los ya mencionados, Bonaparte, Isabel II.

En uno de los costados del palacio tenemos el Parque del Oeste, con la misma vista espectacular, y algunos chiringuitos donde volver a poner gustosamente los pies en el suelo.

· ATOCHA: uno de los nudos sur del centro de la ciudad. En el interior de la estación de tren podemos sorprendernos con un exuberante jardín mantenido en condiciones de selva amazónica: cada poco tiempo chorros de agua vaporizada garantizan la supervivencia del ingenio. 

En frente, el Museo Reina Sofía, al que merece la pena acudir aunque solo sea para ver en vivo y en directo ese grandioso mural tan lleno de historia que es el Guernica de Picasso. Aviso: que nadie espere encontrar arte clásico aquí. Este es un museo de arte moderno, lleno de surrealismos y vanguardias extasiantes para muchos, pero de difícil comprensión para otros. 

Siguiendo por la Castellana, nos encontramos con la famosa Cuesta Mollano, una calle en la que se ubican una hilera de puestos con libros viejos, viejísimos, y de ocasión. Siempre hay alguna pieza interesante que aparece al primer vistazo.

Si continuamos la Cuesta hasta el final, nos daremos de bruces con la entrada a uno de los pulmones de la ciudad: El Parque del Retiro, un lugar imprescindible si vamos con peques. En su interior, además de una vegetación muy agradable de pasear, tenemos lugares para el recreo, mimos, títeres, magos, alguna que otra orquesta, y el famoso estanque, donde podemos darnos un paseo en barca si nos apetece. Hay rincones increíbles: el jardín francés, cortado con mimo, yerba a yerba; el Palacio de Cristal, delicado y mágico, estanques con cisnes, praderas para merendar, gente en patines, columpios. Un lugar para el recreo.

En cambio, si en lugar de seguir la Cuesta Mollano, retomamos nuestra ruta por la Castellana, encontremos el Museo Botánico, con especies únicas en el mundo. Es un recorrido bastante ameno y educativo.

En frente suyo, el Museo del Prado, grande entre los grandes, albergando en su interior obras de Goya, de Velázquez, de El Greco, Rubens… Es un edificio inmenso, de dimensiones maratonianas, y difícil de abarcar en una mañana (OjO por tanto con no sobrecargar a los pequeños). Imprescindible la contemplación de Las Meninas, las pinturas negras de Goya, y algunas obras de Caravaggio y Rubens. Tras ver tanto tesoro, el misterio es plantearse qué habrá almacenado en los sótanos del museo, cuando se dice que lo que hay expuesto puede ser una décima parte de todos los cuadros del museo. 

Plaza Mayor de Madrid· PLAZA DE ESPAÑA: Centro de negocios y de ocio, la Plaza de España, rodeada de algunos de los edificios más altos de la ciudad, es un pequeño parque a modo de oasis entre el asfalto, una locura tal que bien se ha ganado la estatua ecuestre de Don Quijote que preside el lugar. ¿Qué se puede hacer en la Plaza de España? Ir al cine (Ideal, Alpaville… nombres clásicos del cine, que cuentan ahora además con una tienda dedicada únicamente al séptimo arte). Eso y comer en los restaurantes de la zona.

También se puede ir dando un agradable paseo hasta una de las mayores rarezas de la ciudad: el Templo de Debod. Emplazado en uno de los extremos del ya mencionado Parque del Oeste (y es que son  70 hectáreas ahí de verde, en medio de la ciudad). El templo es un injerto en la villa madrileña. Construido por el faraón Adijalamani de Meroe para mayor gloria del dios Amón, el gobierno egipcio lo donó en 1968 al estado español, como agradecimiento por la ayuda prestada a la hora de rescatar los templos de Abu Simbel (también célebres por ser “transplantados”). ¿Cómo se regala un templo? Pues partiéndolo cuidadosamente en cachitos para luego reconstruirlo en las mismas condiciones.

Una paradoja: como el templo lo construyó la civilización egipcia, allá por el año 2200 antes de Cristo, está asumido que este extraño regalo extranjero es ahora el edifico más antiguo de la ciudad.

SOLO PARA NIÑOS.

Las opciones para pasarlo genial con los peques son grandiosas en Madrid. Aquí os dejamos algunas ideas:

  • Museos aptos para peques: el Reina Sofia tiene un servicio de guardería activa que es envidiado hasta por los mayores. Los niños se ponen a jugar, a hacer plástica y a conocer arte así, de forma divertida (OjO. Hay que llamar al museo y reservar plaza). Otro Museo que da mucho juego a los pequeños, es el de Telecomunicaciones, que suele organizar aventuras para los más pequeños (como podéis consultar puntualmente en nuestra Agenda).

  • ¡Qué animalada! Leones, panteras y elefantes, focas, cachalotes, y pirañas. El panorama en lo que a bichos se refiere se ha multiplicado en Madrid. Por un lado está el histórico Zoo de Madrid (en Metro Casa de Campo) Pero es que ahora hay que sumarle desde hace unos años Faunia (en  la Avda. de las Comunidades, Metro Valdebernardo), que se ha dividido en zonas con cuidada ambientación, como demuestra su área del Amazonas, que por tener, tiene hasta tormenta tropical.

  • Parque de Atracciones: un clásico. Ideal para un día que le queramos dedicar a los pequeños. Una diversión continua para niños de 2 a 62 años. Además, si ya el lugar es increíble, la competencia de  la Warner a obligado a este parque, durante mucho tiempo solitario en Madrid, a ponerse las pilas y traer nuevas atracciones, apostar por más representaciones en la calle… Está también en  la Casa de Campo.

  • Warner Bross Park. Emplazado en san Martín de  la Vega , la apertura de este parque temático, al que solo se puede acceder por carretera o mediante cercanías, fue todo un hito en una capital acostumbrada a la visita de líderes mundiales, estrellas de cine y demás farándula. Pero es que ahora, el que se venía para Madrid era Bugs Bunny y compañía. Un parque de cine, con atracciones de Batman, del Oeste, con rápidos, Supermanes, Piolines y demás.

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