Medio mundo ha vuelto sus ojos a un rincón a Oyadaw, un pequeño rincón de la
selva camboyano. Allí está una pequeña niña que pasó abandonada en la selva
varios años. Está ella, y su historia, que nos mira directamente a los ojos y
nos pregunta; ¿cómo seríamos si no nos hubiera criado nadie?
Porque aquí llegamos y de repente alguien nos alimenta, nos pone unas telas y
no otras, nos dice que el sol se marcha pero luego vuelve porque los planteas
giran, nos enseña que dos más dos son cuatro, y que las mareas suben y bajan por
la presión de las lunas. Pero, ¿cómo seríamos si nadie nos hubiera enseñado?
A lo mejor estoy loco, pero,¿no te has fijado que cuando le pones un animal a
un niño, enseguida se lo lleva a los brazos, le susurra, le cuida, y le toma
como un amigo? ¿No te parece sospechoso que se pasen la vida fascinados por
cuentos en los que, esos simpáticos seres que endulzan nuestros platos se
convierten en personajes que les dicen cómo es la vida, qué es lo que está bien
y qué está mal?
Tengo una sospecha. Quizás te parezca extraño, pero creo que nuestros hijos
son unos animales (no se los tuyos, pero te aseguro que los míos me dan motivos
para pensarlo).
¿Has tenido una mascota? Al principio coges al animal, lo cuidas, le vas
enseñando, dando premios cuando hace las cosas bien, explicándole a su nivel
cuando lo hace mal... ¡exactamente igual que con los cachorros de nuestra
sangre, nuestros hijos!.
Estas ideas extrañas me han venido desde que me puse a investigar cómo viven
niños y animales solos. A lo Mogli. Porque aquello del Libro de la Selva es algo
que se ha dado mucho en la historia. Niños que se pierden en un paseo en el
bosque y los animales, en lugar de zampárselo, cogen y le educan como un
cachorro más. ¿Por qué? ¿Por qué lo acogen como uno de los suyos? ¿Cómo lo hace
un bebé para entenderse con un lobo?
UN ÁNGEL AL QUE SALVÓ UN PERRO
Por que ha pasado. Sin ir más lejos, hace un par de meses, un bebé al que
llamaron "Ángel" y que tenía dos semanas de vida. Su madre lo abandona en
un bosque, en Sudáfrica. Un perro callejero se lo encuentra y se lo lleva a la
ciudad, donde le pone al lado de otros cachorros suyos y le cuida hasta que
alguien lo encuentra. ¿Qué instinto, que extraño sentimiento hizo a ese perro
acoger a un niño humano y cuidarlo?
El año pasado en Siberia, se supo el caso de Andrei Tolstyk, un niño
al que se encontró con siete años. A los pocos meses de nacer se había quedado
abandonado: su madre dejó la casa cuando Andrei tenía tres meses. Su padre,
alcohólico e inválido, también se va de ese hogar aislado de un pueblo muy
aislado. En la casa solo quedaron dos seres: el niño y el perro guardián, que se
las fue ingeniando para ayudar al cachorro humano a crecer y alimentarse, hasta
que un día, ya con siete años, alguien le encuentra, comportándose como un
perro: no sabía hablar, andaba a gatas, era hosco con la gente, olfateaba la
comida para reconocerla.
La historia de Andrei por lo menos parece que va bien. Se lo llevaron a un
orfanato, donde tuvieron que hablarle por gestos. Según cuentan, a las dos
semanas ya consiguieron que andase solo con sus pies, jugara a la pelota, y
usara la cuchara. Dicen que tiene una amiguita con la que habla en señas.
Ángel y Andrei son lo que se llama como "niños salvajes". Desde
antiguo han atraído muchísimos estudios. Los científicos les han cogido para ver
si podían descubrir en ellos eso que se llama "la naturaleza humana". Y tiene su
lógica.
¿POR QUÉ SOMOS COMO SOMOS?
Desde que nacemos otros nos cuidan, nos enseñan, y sobre todo, van haciendo
que crezcamos de una manera muy concreta, adaptada al tiempo y al país que nos
toca vivir.
Cuando venimos al mundo no somos españoles, o peruanos. Nuestra voz está
capacitada para acabar hablando cualquier idioma, nuestros pies, para andar por
el suelo duro, nuestras manos, podrían terminar desollando un animal para comer.
¿Qué sería de nosotros? ¿Qué sería de nosotros si nadie nos hubiera amamantado,
enseñado a hablar, explicado que después del invierno vendrá la primavera?
En 1211 la duda le picó tanto al emperador germano Federico II, que hizo lo
que para otros científicos curiosos pero con un poco de humanidad ha sido un
experimento prohibido: cogió y aisló nada más nacer a docenas de niños. El
emperador creía que así se podría ver lo que sale de forma espontánea de un
niño, algo así como "el lenguaje de Dios".
El problema para esos niños y para otros niños salvajes es que el cerebro
está en los primeros años muy preparado para aprender cosas como hablar... pero
si llegan a los diez años y no se les ha enseñado, el cerebro se va cerrando y
luego puede ser casi imposible. Los niños de Federico II no aprendieron a hablar
y acabaron muriendo todos en su infancia.
Eso de que con el tiempo tengan más difícil el volver a convertirse en "gente
normal" plantea muchos problemas. Se puede dar el caso de que al niño, por norma
legal, se le descubra y se le intente enseñar en un orfanato, pero que sea tan
tarde y tan doloroso para él, que prefiera volver a su vida como niño animal.
¿ES MEJOR LLEVARSE A MOGLI AL PUEBLO?
Más o menos ese es el argumento con el que Kevin Lewis, un dramaturgo
británico, hizo hace unos años hizo una obra para niños llamada "Marcos", basada
en el caso de Marcos Rodríguez Pantoja, un niño que se encontró en España
en 1965 tras doce años de vida salvaje. En la obra de Lewis Marcos, tras un duro
proceso de adaptación, termina siendo camarero, pero vive triste recordando su
antigua vida, cuando criaba una manada de ovejas en lo alto de las montañas, y
tenía por amigos a un grupo de lobos y pájaros.
Ficciones aparte, la historia de Marcos es cierta, y la recogió Janeri Maria
en "L'Infant selvàtic de Sierra Morena". Marcos Pantoja fue vendido a los
siete años a un pastor, algo que podía pasar entonces. El pastor, que era muy
mayor, vivía en una zona recóndita de Sierra Morena, y un buen día murió,
dejando solos al ganado y a ese pequeño de siete años llamado Marcos. El
pequeño, continuó viviendo en una choza y una cueva. El día que la guardia civil
le rescató de esa vida, apenas sabía un puñado de palabras y caminaba descalzo.
Dicen que cuanto adquirió más vocabulario, le dio por repetir: "Yo, con mucho
gusto, volvería".
Y es que a veces entre los animales un niño encuentra el cariño que los demás
no le supieron dar. Y si que se lo pregunten al chileno Axel Rivas, cuyo
caso se conoció en el 2001. Axel huyó primero de una casa donde sus padres le
maltrataban, y luego de un centro de menores donde tampoco estaba bien.
Al final acabó durmiendo cerca de un puerto, junto a una "banda" formada por
quince animales callejeros. Para crecer llegó a alimentarse con la leche de una
perra embarazada. Un día la policía fue a cogerle, y él intentó escaparse
tirándose al mar. Cuando le volvieron a llevar al centro de menores, decía que
"los perros son mi familia, por favor, dejarme volver con ellos".
¿CUÁNTA DISTANCIA, ENTRE EL NIÑO Y EL ANIMAL?
Leopardos, monos, perros, y chimpancés. De todos hay casos en los que
cuidaron a niños y bebés. Incluso de unas gemelas que fueron acogidas por una
manada de lobos, hay un caso en la India, donde luego más arde un misionero se
las vio bien difíciles para "civilizar" a aquellas niñas.
Los niños salvajes crecen imitando, como nuestros hijos, lo que ven en su
entorno, los sonidos y las formas. Se dice que los niños nacen con la capacidad
de hablar cualquier idioma, que su voz está preparada para repetir sonidos
árabes o chinos, si se le enseña. Parece que en el catálogo también pueden
entrar, en los primeros años, sonidos de otras especies.
Incluso de varias, pues, según los estudios, cuando el niño no tiene ni una
manada que le acoja, lo que aprende son los sonidos que va oyendo de los
pájaros.
Y esto nos lleva a un interrogante bien serio. A principios de siglo se
"cazó" literalmente a una mujer que vivía desnuda en los pirineos, asaltando el
ganado. Era llamada "la loca de los Pirineos". Y la trataron más como un
animal, que como una persona.
"El ser humano es criado por otros humanos. Si no fuera criado por
humanos, ¿sería completamente humano?", se interroga James Law, profesor de
ciencias del lenguaje y la comunicación. Durante otras épocas, a los niños
salvajes se les consideraba animales, o quizás no animales, pero desde luego, no
eran vistos como personas.
¿Cuanta distancia hay entre un niño criado entre chimpancés y que se
comporta como un chimpancé, y un chimpancé de verdad? Quizás la respuesta a todo
esté en una frase del Libro de la Selva.
Una frase en la que un niño y un animal se dicen: "Tu y yo somos de la
misma sangre"