Las cosas no vuelven a ser
iguales después de llamar a París, así que normal que nos lo pensemos
bastante. Crear una nueva vida y responsabilizarnos de cuidarla es uno de esos
tres momentos trascendentes que tenemos en la vida.
Y es que "un niño te
cambia la vida", como repiten desde hace siglos los padres con infinita
sabiduría.
El problema es que actualmente
vivimos un momento cultural en el que, además de las dudas propias, debemos
sortear una serie de dificultades que no nos ponen las cosas muy fáciles para
embarcarnos en esto de la pa y la maternidad. Unos
dicen que nos hemos vuelto vagos, cómodos, perezosos y hasta materialistas;
otros replican que para tener un niño hay que haber alcanzado antes una cierta
comodidad económica donde con la que acoger al bebé en mejores condiciones.
Sea por esto, o por la
dificultad de hacer compatible el trabajo y la maternidad, lo que está claro es
que cada vez vamos a por el primer niño más tarde. Como nos dijo el doctor
Ochoa en otra ocasión, "hace
unas décadas muchas mujeres eran ya abuelas con la edad con la que muchas ahora
deciden ser madres”.
LA
OTRA CARA DE LA MONEDA
Nuestro
cuerpo, acostumbrado a siglos de lo que ahora nos parece una maternidad
temprana, no termina de adaptarse a
los nuevos tiempos, y esto de que ahora vayamos a por el primer retoño pasados
los 30, pues no lo tiene preparado.
A partir de esa edad la
fertilidad empieza a disminuir, y nos puede costar más intentos conseguir
concebir al pequeño (lo que, bien llevado, tampoco está mal).
No es fácil que todos los
elementos se alineen para producir el milagro. No basta con haber tomado la
decisión. Es perfectamente normal que nos cueste mucho amor concebirle, y no
deberíamos preocuparnos si van pasando algunos meses sin que logremos el éxito
deseado.
PAPÁ, MAMÁ, Y EL DOCTOR
Si pasados 6 meses
intentándolo no lo hubiéramos conseguido, entonces sí que debemos plantearnos
algo que está a la orden del día: buscar la ayuda de un experto. Cada vez
más parejas necesitan ayuda médica para concebir, lo cual no es una
deshonra ni una calamidad: es una ayuda a la que merece la pena recurrir si de
verdad queremos tener un niño. Una ayuda que será paso habitual en las
próximas generaciones.
Las estadísticas cuentan que pasados
los 35 años solo un 15% de embarazos se logran sin ningún tipo de ayuda
médica (una ayuda que puede ir desde el tratamiento para mejorar la ovulación
o la "cosecha" de espermatozoides, hasta la inseminación artificial).
Es recomendable ir al médico
incluso antes de intentar concebir al bebé: el doctor conoce nuestro historial
de enfermedades, es un experto en el funcionamiento de nuestro cuerpo, así que
nos podrá orientar en loq ue ahora ha pasado a ser lo más importante en
nuestras vidas: prepararnos para el bebé.
Si tenemos un problema de
consideración, como la diabetes o similares, el paso por el médico más que
recomendable es imprescindible. Piensa que si tu hijo tuviera algún problema,
cuanto antes lo reconozca un médico mucho más fácil será curarle.
MÁS EDAD = MÁS CUIDADOS
La cosa está clara: tener un
bebé pasados los 35 tiene mayores complicaciones, por lo que tenemos que
implicarnos a tope con los
cuidados del embarazo.
Nuestros mandamientos a partir
de ahora pasan a ser:
-
Llevar una dieta
rigurosamente sana
-
Tomar ácido fólico como es
debido
-
Llevar un seguimiento
médico constante
-
Y a partir de ahora
queda
rigurosamente prohibido el tabaco, el alcohol y respecto a los medicamentos
habrá que tener mucho cuidado.
PERO SOMOS MÁS EXPERTOS,
¿O NO?
Eso por hablar un poco de lo
meramente físico. Luego cada madre necesitará crear a su alrededor un
determinado clima de cariño, cuidados. ternura y algún que otro
"antojo".
Y es que aquí, la edad no
siempre es un grado: por un lado, se supone que con el paso de los años vamos
aprendiendo de la vida, nos conocemos más, somos más expertos. Pero, al fin y
al cabo, ¿quién está preparado para el embarazo? El tobogán de emociones,
los dolores y dificultades, solo son palabras hasta que toca vivir esta
experiencia tan intensa para la que la edad, ay, no es garantía de llevarlo
mejor. La única receta es seguir al pie de la letra los cuidados que nos
recomiende el ginecólogo y querernos mucho, mucho, mucho. Por que lo vamos a
necesitar. También
el bebé.