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Adolescencia

Adolescencia: Las señales que la anuncian



Antes de la catástrofe, una serie de pequeños cambios nos van avisando. Leerlos te ayudará a prepararte

Como todas las tormentas, la adolescencia viene precedida de una constelación de pequeñas señales que nos van avisando, como carteles luminosos en una autopista, de que nos acercamos a una zona de baches, que conviene prestar atención y cambiar la velocidad.

En este caso, el camino pedregoso recibe el nombre de pubertad, palabra que nos suena a pubis, y con razón. Pubertad viene de pubertad, que en latín significaba edad viril. Machismos a parte, lo que nos señalan las viejas palabras, es que en el fondo del asunto ésta es una edad marcada por la maduración del aparato reproductor de nuestros hijos.


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Señales para  estar atento

Qué hacer y qué evitar


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¿Horror? No, solo esta creciendo

“¿Aparato reproductor? ¿mi mocoso?”, dirán unos. “Ahhhg, el horror, el horror”, dirán otros. Pero como buenos conductores, lo que nos conviene es conocer a la perfección el camino que vamos a recorrer en los próximos años para poder irnos anticipando a la situación. 
Es el cuerpo humano, y es la evolución natural de nuestros hijos. Merece la pena hacer de tripas corazón y no pensar que esto es algo feo. Es tan natural como el día en que por instinto nos agarraron el pecho para succionar por primera vez. 
Es un precioso milagro que nos traerá muchos problemas, pero que no deja de ser un pequeño milagro de la vida.

Culpables, quiero culpables

Hemos hablado de baches, pero sería más adecuado llamarlo turbulencias. La maduración de nuestros hijos se produce por una revolución hormonal que va a tener a sus emociones todo el día subidas a una montaña rusa: tan pronto una cosa le llevará al cielo de la alegría como al infierno de los desesperados.

La revolución tiene su origen en la glándula pituitaria anterior, que inicia el ataque aumentando la producción de hormonas gonadotrópicas. Ante esta “provocación”, quienes reaccionan son las glándulas sexuales hormonando también ellas, lo que por un lado nos va a poner a los niños “como motos”, y por otro lado permitirá que maduren definitivamente óvulos y espermatozoides.

El gran momento (de ella)

El primer sueldo, el primer piso, el primer beso, el primer coche… la vida está llena de primeras veces, pero la pubertad es solo eso, unos cuantos años donde todos los días hay una primera vez. 

Pero en este calendario, hay días muy muy señalados. Hay que reconocer que a veces, con tal de sacarnos unos dineros, la gente exprime un ingenio sorprendente.

La imagen es como sigue: una niña está en clase, y de repente la llaman para que salga al pasillo. Allí hay una señora vestida de rojo, con una amplia sonrisa, que muy amablemente se presenta a ella. “Hola, ¿qué tal? Verás soy… tu menstruación”. Al principio la niña no comprende muy bien, y la menstruación empieza a decirle que ha traído confeti y todo para la ocasión.

La primera menstruación, tan visible e inesperada ella, es sin duda un momento especial en la vida de toda mujer. Puede ser traumática y vergonzosa, pero, sobre todo, es una oportunidad para las mamás. En ese instante nuestra hija necesita que alguien la tranquilice, que le digan que todo va bien y le expliquen lo que significa esto que está sucediendo. Eso y lo que tendrá que hacer a partir de ahora.
Es un momento estupendo para reafirmar ese vínculo tan especial que se da entre madre e hija: a partir de ahora las madres son, a los ojos de las hijas, ese referente, esa persona que ha pasado antes por las mismas situaciones y que por eso tan bien podrá comprenderla cuando ni ella misma es capaz de comprenderse. 

Y va a tener muchos momentos de confusión. Por eso debes tratar de estar junto a ella a toda costa y atenderla en este momento tan determinante. 

Recuerda: no vamos a tener dos veces la oportunidad de estar en este momento que recordará el resto de su vida.

El gran momento (de él)

Si la pubertad dura hasta que madura el aparato reproductor, si esta etapa termina para las chicas con la menstruación, es justo decir que los chicos llegan al mismo punto con su primera eyaculación.

Este no es un momento tan sonado como pueda serlo el de las chicas. Es mucho menos visible, más privado, y, desde luego, menos recordado. Antes de llegar a éste momento nuestro hijo va a sentir erecciones que le vienen de forma involuntaria. 

Ahí va a tener él el mayor momento de confusión y necesitará que alguien bien formado le explique qué le está ocurriendo (porque si no lo hacemos nosotros, corremos el riesgo de que, juntando lo que oye en un sitio y lo que oye en otro, nuestro hijo se haga una idea no del todo adecuada).

Por eso, antes de este primer estremecimiento, conviene que hayamos hablado con él. ¿Cómo sabemos que ha llegado el momento? Por las muchas señales que nos anuncian que el momento está acercándose.

 

SEÑALES A LAS QUE ESTAR ATENTO

Como en todo, cada niño tiene su ritmo a la hora de crecer, en función de los genes que nos ha heredado, la alimentación que le dimos, y un sinfín de factores. Lo que si tenemos más o menos claro es que las chicas suelen madurar antes que los chicos [por mucho que los varones nos empeñemos en creernos otra cosa]. 

- EL "ESTIRÓN": su cuerpo aumenta rápidamente en estatura y masa corporal. Lo dan niños y niñas, aunque a distintas edades. Ellas pueden comenzar a darlo entre los 7 y 11 años y medio y empiezan a estabilizarse pasados los 13. A los chicos el estirón les suele pillar más tarde, entre los 9 años y medio y los 13, y no bajan el ritmo hasta que pasan los 15 años. Este desfase en el crecimiento hace que durante algunos cursos las chicas suelen ser más grandes que los chicos de su aula. “Inmaduros” pueden soltarles.

- LA VOZ: es uno de esos cambios que “hablan” por si mismos. No tiene un momento definido, pero cuando llega es bien notorio. De súbito, nuestro pulgarcito pasa de la voz alegre de los cuentos a la gravedad de los camioneros. Ello se debe a que cambia su laringe, pero también al efecto de la testosterona. 

- EL "MOMENTO": el 80% de las niñas suelen tener su primera menstruación entre los 11 y los 14 años y medios. En cuanto a los chicos, su primera eyaculación les suele llegar tres años después de que comenzase a crecerles pelo en sus partes.

- EL CAMINO DE ELLA: Los dos años antes de la primera regla, nuestra hija ya irá experimentando en su cuerpo ciertos cambios de volumen nada infantiles: se está haciendo mujer. 

  • La primera señal la dará la glándula mamaria, que empezará a sobresalir en su pecho. A la vez empezará a surgirle un tímido vello púbico.

  • El vello se irá espesando, y empezarán a dibujársele los botones de los pechos.

  • El vello irá haciéndose más frondoso y se extiende. Aparece vello también en otras partes del cuerpo, mientras que sus pechos van terminando de definirse

- EL CAMINO DE ÉL: 

  • La primera señal se produce entre los calzoncillos: empezarán a crecerle al principio unos pocos pelillos rodeando al pene.

  • Esos pelillos irán aumentando, a la vez que también empiezan a hacerlo sus testículos

  • El bello, suave al principio, se va rizando. En cuanto a los testículos, su tamaño termina multiplicándose por 8 en estos tres años clave. El último en empezar a aumentar de tamaño será el pene [así que, papás, nada de preocupaciones absurdas sobre este tema]. 

- ¿Y LA BARBA? Es la última en hacer acto de presencia. Cuando aparece, es que estamos ya sin duda ante un adulto… en lo que a físico se refiere, claro. Lo que si mediará entre la nariz y el labio de nuestro pequeño por unos cuantos años es una pelusilla que, si empezamos a afeitarla en cuanto “asome la nariz”, incentivará la llegada de un pelo más duro y raspador que obliga a entrar para siempre en la cofradía de “los que ya nunca más podrán dejar de afeitarse”.

QUÉ HACER / QUÉ EVITAR

QUÉ COSAS HACER:

  • Tomarnos este momento como una fase más de su crecimiento. No es feo ni hay que evitar el tema. Todo es tan natural como el instinto que le llevó, cuando era bebé, a acercar su boca a nuestro pecho y succionar.

  • En muy poco tiempo va a vivir muchas “primeras veces”. Esta etapa de turbulencias y cambios la dirige un cuerpo que de repente hace cosas “extrañas”. Procura, en función de su desarrollo, ir hablando con él y explicándole. Que sepa que estás ahí para hablar abiertamente de cualquier cosa que le inquiete.

  • Estate muy pendiente de su desarrollo, de sus cambios, para que no los viva en silencio y para que puedas anticiparte al siguiente.

  • Aunque estamos en una época en la que los roles se difuminan un poco, conviene que ambos padres estemos pendientes y cerca de todos nuestros hijos, pero no debemos extrañarnos si elijen al de su mismo sexo para tener más confianza con él.

QUÉ COSAS EVITAR:

  • El pudor. Una idea equivocada de la educación puede ser nefasta. Estamos ante un proceso evolutivo natural, por el que todos hemos pasado. Es verdad que esto del aparato reproductor tiene ciertas connotaciones que nos pueden hacer sentirnos incómodos, pero también fue incómodo quitarle los pañales y lo hicimos. Esto es igual de necesario. Si no hablamos con él, si no le damos una adecuada información, él puede formarse una idea equivocada con lo que va tomando y oyendo de un sitio y de otro. Además, no dar respuesta a sus inquietudes es desperdiciar una oportunidad de oro para estar más unidos.

  • El humor es un arma de doble filo en determinados asuntos y para determinadas edades. Si vas a tratar el tema así, asegúrate que él participa también de las bromas y que no se sienta en ningún momento ridiculizado por los cambios de su cuerpo.

  • Estar a su lado constantemente preguntándole por su cuerpo y por si “ha llegado ya ese día”. Nada de traspasarle a él nuestra ansiedad. Hay que saber estar pendiente sin agobiarle.

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