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"Una mente prodigiosa", el libro
Es tan listo que ya de niño aprendió a hacerse el tonto. No tenía otra forma de hacer amigos. Y es que, para el amigo Ramón, ponerse a la altura de los demás, es ponerse a la “bajura” de los demás: en la azotea de sus 190 centímetros de estatura anida un coeficiente intelectual de 194, cuando los demás nos las tenemos que apañar con una pobreza mental de entre 90 y 120. Es el Nacho Vidal del celebro. Vaya, que puestos a medirnos las mentes, la suya es la más larga de lejos.
Pese a que su superioridad, Ramón hace verdaderos esfuerzos por no acomplejarte. Se mueve y habla rápido, pero al verle sabes que podría hacerlo aún más rápido, que hay ahí una educación por la que espera a que pronuncies la última palabra de la última pregunta antes de lanzarte una respuesta que hace ya rato tenía preparada.
Pero hay esperanza. Este superdotado recorre el mundo con el mensaje de que, para llegar a serlo, ha tenido que currárselo. Que todo es ponerse. Él ya empezó de niño, cuando en la escuela, como todos, trataba de ingeniárselas para trabajar lo mínimo. Pero mientras los demás nos dedicábamos a inventar excusas, él inventaba y experimentaba técnicas de estudio cada vez más eficaces.
Eso es lo que le gusta, lo que le llena, y lo que le ha hecho grande. Por eso cuando habla de lectura fotográfica y trucos para memorizar lo hace con el entusiasmo de los alquimistas. Y es que este tipo listo, muy listo, ha llegado a una conclusión que le obsesiona: con un pequeño entrenamiento, todos podemos ser tan listos como él. Es solo cuestión de práctica.
“Imagínate poder leer en un solo día lo que ahora tardas cinco”.
Esas palabras actúan como una llamada. Espero no olvidarlas nunca, pero por si acaso, las voy a apuntar. No sea que la mente me juegue una mala pasada.
Ramón Muñiz Abad
LAS CLAVES DE "UNA MENTE PRODIGIOSA", EL LIBRO