Los
niños de hoy tienen mucha mucha suerte. Ellos crecen en un mundo que ya no
fabrica aquellas ostentosas y vistosas gafas de culos de botella con sus
monturas colosales, enormes, imposibles, condenadas a sacarte del anonimato.
Incluso los niños que hoy necesitan parches para activar un ojo vago, incluso
ellos, disfrutan de unos diseños mucho más pensados para el niño.
Antes las gafas era una
pesada montura que, al cargártelas encima, te tramitaban un pasaporte directo a
las burlas del colegio. Hoy, “el niño que necesita gafas, en cuanto se las
pone ya no se las quita. Se adaptan bien y en seguida se dan cuenta de que ven
mejor con ellas”, según opina la optometrista Elena Serrano.
Las opciones son mucho más
amables, pero aún tenemos que elegir. ¿Lentillas o gafas? ¿Y qué tipo de
gafas? Elena Serrano nos explica los pros y los contras:
GAFAS:
“A un niño le tienes que poner un cristal orgánico,
que es el que no se rompe en pedazos aunque el niño o sus gafas se den un golpe
muy fuerte (cosa bastante habitual con sus carreras y caídas). El problema es
que este material se ralla más, aunque intentes dejarte dinero en que
los cristales lleven un tratamiento contra ralladuras”.
El
consejo de Elena: “yo recomiendo no gastar más dinero para
ponerle a los cristales ese tratamiento anti-ralladuras porque aunque trates
de evitarlo, con los pequeños siempre acabas con los cristales casi rajados. Es
mejor guardar ese dinero para tardar menos tiempo en comprarle al niño otros
cristales. No solo porque es perjudicial que anden con las lentes ralladas, es
que además, a estas edades, su visión está evolucionando y todavía pueden
variar la graduación de su vista; por eso unos cristales nuevos te permiten
adaptarte mejor a los cambios que va teniendo su ojo”.
LENTILLAS:
Hasta hace pocos años esta era una opción prohibida para los niños, no porque
técnicamente sus ojos no aceptasen las lentes de contacto, si no porque estas
lentes necesitaban cuidados diarios y mucha s precauciones.
Para
solucionarlo la industria de estas lentes ha avanzado una barbaridad en los últimos
años, “tanto que a los niños con estrabismo ya se les ponen lentillas antes
que gafas. Hoy las lentillas se pueden usar a cualquier edad.
A los niños
se las hacemos para que no tengan que quitárselas ni para dormir. Hay de dos
clases: desechables (que se cambian cada quince días, un mes o el tiempo
que sea) y convencionales (que los padres tienen que sacárselas al niño cada
quince días para limpiarlas).
Con las
lentillas se consigue un mejor resultado, pues envuelve el ojo y le
acompaña en todo el movimiento. Además, con las desechables puedes ir
adaptando las lentillas a la graduación cambiante del niño.
Eso sí,
las lentillas siempre son una opción más cara. Así bien adaptadas al niño pueden
estar entre 9 y 18 euros al mes”.
Aquí el niño, aquí
las gafas (unas amigas)
Sea
cual sea la opción que elijamos, nuestra actitud ha de ser muy positiva para
facilitarle a nuestro pequeño su adaptación con esta nueva prenda y “pequeño
estorbo” que le va a acompañar, quizás, el resto de su vida.
Por la estética, ya hemos
dicho que hoy las gafas son mucho más bonitas, coquetas y elegantes, y, algo
quizás más importante, no es raro que sus estrellas e ídolos se gasten unas
gafas de vez en cuando.
Pero de todas formas es
vital que, nos digan lo que nos digan nuestros ojos, en cuanto le veamos con las
gafas puestas (si elegimos esa opción), es obligatorio sonreír ampliamente
y soltarle un “pero que guapo estás” para animarle.
Elena Serrrano nos aconseja
que le pongamos las gafas o lentillas desde el primer momento, sin hacerlo de
forma gradual ni darle mucho dramatismo a la situación, pues eso podría
provocar cierta inseguridad en nuestro retoño. “Son muy movidos pero
enseguida las hacen suyas”, asegura esta experta.
En cuanto a los
adolescentes, más vulnerables ellos a los dictados de la moda, es bien
probable que nos presionen para coger las gafas más bonitas, las más
brillantes, esas que, justamente, tienen la etiqueta del precio más grande.
Como todo, será cosa de dialogar y de plantearnos que, cada batalla de este
tipo es una oportunidad para enseñarles cómo funciona la vida, que no
siempre puedes tener todo lo que quieres, pero que puedes ser muy feliz con algo
que se le parezca.
Es un momento para
reconvertir un problema en una lección de cómo tolerar que las cosas no sean
siempre como deseamos sin angustiarnos por ello. Eso o, si nos podemos permitir
las gafas o lentillas que más ilusión le hacen, pues no es mala idea
“condicionarle” y pedirle un esfuerzo suplementario en otra área, por
ejemplo, el estudio.
Cada uno desde la trinchera
de su casa deberá elegir cuales son las medidas más adecuadas. Un saludo
y... ¡mucho ojo con los problemas del ojo!
Artículo redactado para SomosPadres.com por Ramón Muñiz
Abad con la colaboración de Elena Serrano, optometrista jefe de los centros de
visión Serrano.
| ¿SABÍAS
QUE
cada vez somos más miopes? |
|
Si
usted vive en una ciudad, la frase es completa y exacta. Nuestra forma
de vida está hecha para las distancias cortas, que es donde focalizamos
nuestra vista. Miramos el ordenador, leemos, cruzamos calles o nos
metemos en el metro. Pero vayamos donde vayamos, no tenemos que
esforzarnos por mirar muy lejos. Se puede decir que los urbanitas somos
gentes de cortas vistas, y eso está provocando que los casos de miopía
se multipliquen (la miopía es un problema en el ojo para ver de lejos).
En cambio, la gente de campo, que está acostumbrada a tener que
esforzar su vista para ver cosas que están alejadas, tienden más a los
problemas de hipermetropía. |
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