VISITAR PARÍS, ¿POR DÓNDE EMPEZAR?
Pero ya que nos hemos adentrado en territorio
galo, ¿por qué no repartir nuestro tiempo y hacer otras cosas en la
"grande ville"?.
Sin vacileos: esta ciudad no tiene monumentos,
el monumento es ella misma. Pasear por París es como hacerlo por un museo,
una galería de arte, un centro comercial y unos paisajes bellos y tranquilos,
todo junto, todo a la vez. El símbolo de la ciudad está en el Campo de
Marte, donde se eleva majestuosa la TORRE EIFFEL, un inmenso entramado de
hierros que, si solo hiciéramos caso a las leyes, debería estar hoy demolida.
Construida en solo dos años, la torre se inauguró en 1889 para conmemorar el
centenario de la Revolución Francesa, y desde entonces se calcula que más de
200 millones de personas han subido a alguno de sus 324 metros.
Disneyland
Paris, el paraíso de la familia
Cuando tienen que pensar en Europa, el primer
edificio que reconocen los de fuera es esta mole de metal, que, en 1900, tras la
Expo de turno, se salvó de que la echasen abajo porque el ejército francés
hizo unas pruebas para utilizarla como torreta de transmisión de radio y el
resultado fue positivo. Hoy, siguiendo esa costumbre, varios canales de
televisión tienen allí sus antenas.
A los amantes de la música clásica, la Torre
les agasaja siendo el marco de frecuentes y muy buenos conciertos.
-> "Tour Eiffel". Metro
Bir-Hakeim, Trocadéro o Ecole Militaire.
Horario de escaleras: de 9,30 hasta las 18,30 (en verano hasta las 0,30 horas)
Precios desde 2,30 a 10,70 euros (en función de la edad y la planta deseada)
Más
información en http://www.tour-eiffel.fr
· EL OBELISCO: otra inmensa mole, ahora
de piedra, todo tatuada de jeroglíficos. Es un souvenir que se trajo Napoleón
de uno de esos paseos que el emperador se dio por Egipto. Este, concretamente,
se lo trajo de Luxor, porque, según cuenta la leyenda, Josefina le dijo antes
de salir que "si vas a Tebas, tráeme un pequeño obelisco".
Otra leyenda dice que no, que el obelisco está
ahí porque el rey Luis XVIII se lo cambió a un rey egipcio por un reloj que,
para colmo, no funcionaba y que, existe y está hoy guardado en una mezquita de
El Cairo.
Erguido en la plaza de la Concordia, este trozo
de granito rosa tiene ya 3330 años, año arriba año abajo. La plaza en la
que se encuentra fue escenario de la decapitación de Robespierre, Danton, y,
por supuesto, Luis XVI. Es decir, es una de las principales y con más
"vidilla".
-> Metro líneas 1, 8 o 12, estación Concorde.
· EL MUSEO DEL LOUVRE: el principal
joyero del arte guarda en su kilométrico interior obras de Miguel Ángel, El
Beso, La victoria de Samotracia y la misteriosa Gioconda. Lo bueno es que las
grandes obras de arte están ahí, todas juntas; lo malo es que las principales
obras de arte están ahí, todas juntas, y uno puede llegar a envejecer
considerablemente si pretende verlo todo de una tirada. Si no nos hacemos con un
guía que nos lleve a las obras que más nos interesan, corremos el riesgo de
perdernos o agobiarnos viendo otras obras.
A las puertas del museo (un sitio que
acabaremos sabiéndonos de memoria a menos que tengamos influencias que nos
permitan saltarnos a la legión de turistas que forman cola cada mañana) está
la pirámide de cristal diseñada por Ieoh Ming Pei. Su reproducción invertida,
en el interior del Louvre, ha sido "redescubierta" para muchos
gracias al libro superventas "El Código Da Vinci", de Dan Brown.
La obra de este norteamericano está atrayendo
a nuevas ornadas de turistas que, novela en mano, repasan los rincones de la
novela, como por ejemplo la Iglesia de Saint-Suplice, en la ficción un
templo pagano relacionado con el Priorato de Sión, en la realidad una
iglesia relacionada con San Pedro y San Sulpicio y regentada por un cura que,
cansado de dar explicaciones, ha tenido que instalar una placa para explicar que
la ficción de Dan Brown, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.
-> Son muchas las formas de adquirir con antelación los billetes, así como
las entradas al museo
(la de mayor horario es la de la Pirámide, abierta de 9 a 22 horas, salvo los
martes)
Más información en http://www.louvre.fr/espanol.htm
· MONTMARTRE: contra lo que dicen las
guías, esto no es un barrio, es la pintura hecha calles. Cafés, bistrôs y
terrazas de artistas, cuadros de pintores callejeros, la meca y la bohemia de
los artistas sigue aquí. Paseando encontraremos calles y jardines que ya
conocemos, que vimos antes, en cuadros bien importantes. Las luces y colores crean
aquí unos paisajes con los que, un par de siglos antes, se inventó un estilo,
el impresionismo. Visitas inexcusables: la casa de Van Gogh y la de Renoir.
· DE TIENDAS: conviven en la capital de
Francia la elegancia de las tiendas de diseñadores de renombre, portada y
precios insolentes, con un amalgama de establecimientos más dados a la importación
y la ganga; claro que la ganga, en países tan pujantes, no siempre tiene el
mismo sentido que para el resto de los mortales.
Pero si lo que queremos es admirar y
quedarnos con las ganas, nuestro sitio está en la Avenue Montaigne. La
calle que recibe el nombre del célebre ensayista que dijera aquello de "la
verdad o no existe o no la podemos saber", ofrece hoy alojamiento y puesto
a marcas como Dior, Chanel, Vuitton o Ines de la Fressange. En el barrio de
Saint Suplice (si, donde la iglesia de ese promotor de turismo que es Dan Brown)
encontramos a Christian Lacroix y Saint Laurent.
Si nuestro bolsillo ya a estas alturas nos
reclama la visión de precios más suaves, el sitio está en el Instituto
del Mundo Árabe, donde podemos comer mientras se disfruta de una impresionante
vista (sobre el Sena y con Notre Dame al frente), y comprar en la asociación
Los Compañeros de Emaus, una organización benéfica con artículos nada
desdeñables.
-> Instituto del Mundo Árabe. Entrada gratuita. 1 rue del Fossés Saint-Bernard.
Y queda aún mucho París por ver. Queda
Notre-Dame, el Sena, los Campos Elíseos y su Arco del Triunfo. Queda el mismo
palacio de Versalles, con sus jardines cortados al milímetro, y su sala de los
espejos, construida en una época de decadencia, siendo los espejos por entonces
algo muy caro, y haciendo así tamaño despliegue de opulencia con la sola
intención de intimidar a prícnipes extranjeros. Ese es el sentido de
"la grandeur", un comportamiento muy francés que obliga, antes
que nada y por un puntito de orgullo, a esforzarse por enseñar la mejor cara
cuando viene el visitante.
Digo que si lo logran.
Más información
turística sobre París en www.parisinfo.com/es/