Se debaten entre
las ganas de independencia y el miedo a perder el amor de
sus padres. Si además son adoptados, y un poco mayorcitos, subyace el temor a
que todo lo nuevo desaparezca. Entonces, las emociones se escapan y surge...la
rabieta. Os explicamos qué son y como afrontarlas.
Autor:
Mónica Escalona.
Pedagoga-Logopeda
Revista
Niños de Hoy
Tener
emociones y sentimientos, sean cuales sean, es parte de la condición humana.
Sentir es vivir. La tendencia educativa en la familia y en la escuela ha sido, y
continúa siendo, la de controlar y eliminar cualquier manifestación abierta de
los sentimientos (especialmente los negativos). Pero los niños no se inhiben.
Ellos expresan los sentimientos fácil y naturalmente, de forma sutil, o bien,
extremadamente intensa.
Sin embargo, deben aprender a
manejar sus emociones ante la sociedad y a encontrar formas adecuadas de
encauzar la " poderosa energía" con que nos cargan los sentimientos.
Para ello, los niños dependen de la información que les proporcionan sus
padres. Pero comprender las emociones y ayudar a nuestros hijos a expresarlas
adecuadamente, no es una tarea fácil.
Cada uno de los sentimientos tiene
un gran papel que desempeñar. En este pequeño artículo, nos vamos a centrar
en la ira y " el enfado".
INSTINTO
La ira es lo que nos permite
cuidar de nosotros mismos. Es nuestro instinto de libertad y auto-conservación.
La primera reacción que tiene un niño cuando se enfada es pegar a alguien
(incluido a sus padres), como necesidad de aliviar y descargar toda la energía
de una frustración acumulada.
Cuando la ira aparece de forma
brusca y sin control, aparecen las rabietas, llantos, gritos y pataletas
coincidiendo normalmente con momentos evolutivos en que los niños están
aprendiendo a saber esperar y a aceptar un no por respuesta.
Con la primera rabieta, el niño
descubre que éstas son una forma de controlar y manipular a sus padres, ya que
éstos se agobian, se asustan... y la mayoría de las veces, ceden ante las
exigencias y caprichos de éstos. De esta forma, las rabietas no cesan de
repetirse.
¿POR QUÉ?
A partir de los 18 meses, los
niños empiezan a mostrar una gran ambivalencia entre las ganas de ser
independientes y el temor a perder el amor de sus padres. Aparecen todo tipo
de manifestaciones de comportamiento tales como la oposición al adulto y a la
norma, la intolerancia a la frustración y los cambios bruscos de estado de
ánimo.
Un aspecto fundamental, teniendo
en cuenta el hecho de la paternidad mediante la adopción, es comprender que las
rabietas y otras conductas negativas, pueden aparecer muy tempranamente en el
periodo de adaptación de vuestro hijo a su nuevo hogar (especialmente si su
edad es superior a los 2 años) .
Las rabietas van a ser una
expresión de su miedo e inseguridad a que su nuevo hogar; su nueva familia,
pueda desintegrarse, o bien, ante el peligro de un nuevo rechazo o abandono.
Vuestros hijos os pondrán a
prueba constantemente. Necesitarán comprobar si la unidad familiar es lo
suficientemente fuerte para sostenerlos. Desearán saber si vuestra salud
mental, vuestro amor y vuestra disciplina es consistente.
Será un periodo difícil hasta
que vuestros hijos comiencen a crecer con la seguridad de ser amados y
valorados, hagan lo que hagan, y de que estaréis "ahí" siempre para
apoyarlos y cuidarlos. Será importante que reaccionéis con calma y
serenidad entendiendo este tipo de conductas, evitando en vosotros mismos
sentimientos de fracaso, culpa...
La comprensión, la paciencia y el
sentido del humor, serán los mejores aliados para resolver esta situación.
Estas expresiones de miedo e inseguridad pueden ser menos frecuentes y de menor
intensidad si vuestro hijo fue adoptado a muy temprana edad, y ha podido
vivenciar e integrar la seguridad de un vínculo afectivo estable y duradero.
Las rabietas corresponderán a una
etapa evolutiva normal y necesaria en la que el niño intenta lograr su
autonomía y reafirmación, debido a la adquisición de la conciencia de sí
mismo, de su propia identidad y de los adultos que le rodean ("Esta es mi
mamá, éste es mi papá y voy a comprobar qué límites están dispuestos a
ponerme.")
Si se tratan adecuadamente estas
situaciones, esta etapa desaparecerá progresivamente.
QUÉ SE PUEDE HACER
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No consentir una
rabieta.
Cuando comience, simplemente ignórela o contenga físicamente al niño si se
trata de una conducta violenta o destructiva, mostrando una actitud enérgica y
firme.
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Dar al niño una
oportunidad para tranquilizarse.
Lo mejor es llevar al niño a otra habitación, aislarle y decirle que
esperamos que estando solo se le pase la rabieta y pueda pensar que no es
correcta su actitud. Lo importante es que ellos sientan que una rabieta tiene
consecuencias negativas y que no merece la pena repetir la "función".
-
No se puede razonar
con un niño si está bajo los efectos de una rabieta o mal genio.
Es mejor alejarse de él. Si se le riñe o castiga físicamente en este
momento, incluso podemos aumentar la intensidad de la conducta que queremos
eliminar.
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Una vez que haya
desaparecido la rabieta,
hágale saber al niño que si está enfadado por algún motivo, la rabieta o la
agresividad, no es el modo adecuado de resolverlo. Dígale que entiende lo que
siente, pero muéstrese enfadado por lo que ha hecho y explíquele que su
conducta es inaceptable y que en adelante no se va a permitir.
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Evitar comportamientos y actitudes de lástima o
sobreprotección que nos lleven a ceder u otorgar los deseos del niño.
Lo importante es mantener la calma y "poner palabra" a lo que vuestro
hijo está sintiendo (rabia, miedo, inseguridad...).
-
Proporcionar al niño modelos de conducta controlada
que le adviertan que toda conducta agresiva o caprichosa no resulta beneficiosa.
-
Mostrarse contentos y orgullosos ante los primeros
intentos de autocontrol del niño.
Alabar su buena conducta y el hecho de
haberse serenado y tranquilizado en la habitación donde ha permanecido aislado.
-
Reafirmar de manera muy positiva los logros del niño
cada vez que tenga un comportamiento correcto y adecuado.
-
Recuerde que sus hijos están aprendiendo a CRECER y a
generar confianza en ellos mismos, y que todo conflicto puede ser una
oportunidad para crecer, y no un callejón sin salida.
Y recuerde que como padres, estamos aprendiendo a AMAR con
gran comprensión y también a amar enérgicamente, respetando y descubriendo
que cada niño tiene su propio proceso y sus propias capacidades para crecer
autónomamente. |
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La
comprensión, la paciencia y el sentido del humor, serán los mejores
aliados para resolver esta situación. |
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PARA ECHARSE A LLORAR (3 ejemplos)
Rabietas hay de muchos tipos y por
motivos variados, pero aquí os ofrecemos
tres ejemplos tipo de rabieta que seguramente alguna
vez habréis visto o incluso, protagonizado.
En un caso hay un refuerzo de la
madre, en el segundo, el niño intenta
llamar la atención. El tercer ejemplo se
relaciona con la poca resistencia a la frustración.
Esther Herranz Miranda
VERGÜENZA MATERNA
"Todos los días la misma
historia: Después de salir de la guardería pasamos a comprar el pan y a mi
hijo de 3 años se le antoja cualquier chuche. A mi no me gusta que tome
caramelos antes de comer, así que le digo que no.
El insiste, insiste y sigue
insistiendo hasta que se pone a llorar histérico, grita y a veces hasta se tira
al suelo. Me da mucha vergüenza porque parece que le estoy matando, así
que al final no me que da más remedio que comprarle lo que quiere para que se
calle y deje de montarme el numerito. "
¡HAZME CASO, MAMI!
Teresa es una madre monoparental
que por motivos laborales tiene que viajar
de vez en cuando. Entonces su hija Clara,
de dos años y medio se queda al cuidado de los abuelos.
Cuando Teresa regresa a casa, su hija Clara se muestra
resentida con ella y la demanda mucha atención.
En cuanto Teresa se pone a hablar
con alguien, incluso por teléfono, Clara
comienza a reclamar su atención: se pone
en medio, interrumpe constantemente, se echa a llorar, grita,
se sube encima de su madre, intenta taparla la boca...
Cualquier conversación resulta imposible.
¡NO SE, NO PUEDO!
Juan es un niño muy activo y
curioso, acaba de cumplir 17 meses y le encanta descubrir todas sus
posibilidades. Le gusta mucho apilar piezas
de construcción, hacer puzzles sencillos y
todo lo que tenga que ver con juegos manipulativos. Pero
tiene muy poca paciencia y cuando quiere hacer algo
que no le sale, se muestra impaciente y nervioso.
Cuando una pieza no encaja o la
torre que intenta apilar no se mantiene
empieza a protestar y a llorar. Insiste un poquito
más, no mucho, y cuando no le sale acaba tirándolo todo
al suelo a la vez que se tumba pataleando y llorando.
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"¡NO TE ENTIENDO!"
A.M.
Cuando vuestro hijo o hija
adoptado es ya un poco mayor, sabe hablar,
y su lengua de origen es distinta a la
vuestra, puede ocurrir que caiga en lo que parecen
auténticas rabietas sin venir a cuento y
con cierta frecuencia.
Os sentiréis fatal y repasaréis
todo tipo de posibilidades acerca de qué
le ocurre, en qué estáis fallando o como actuar
para evitar lo que parece un comportamiento caprichoso y poco recomendable.
¡Calma! Lo más probable es que
vuestro hijo intente comunicaros algo y no consigue
hacerse entender por la barrera del idioma.
Esa situación le produce angustia y
frustración y le lleva a expresarse como
sí se le entiende: llorando.
A medida que vaya manejando nuestro
idioma, esas "rabietas" remitirán.
lo que nos está diciendo es: "¡No te
entiendo!"
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