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Pocas cosas habrá como la Navidad, un tiempo
en el que tenemos ganas de estar con la familia, de celebrar la dicha de estar
juntos, de querernos. Un tiempo en el que esas ganas están aquí, y en
cualquier país, poniendo a todas las familias de todo el mundo a festejar la
alegría que nos dan los niños, la esperanza por el nuevo año, el querernos y
el demostrarlo. A todos nos mueven los mismos sentimientos, pero en cada país
estas ganas adquieren una costumbre u otra. ¡Apúntate a esta pequeña vuelta
al mundo para conocer otras formas de celebrar las mismos sentimientos!
La primera parada se la reservaremos a aquellos
que se sientan un poco abrumados por las visitas de estas fechas: habrá que
decirles que no se quejen, porque no están en Puerto Rico. Allí existe
la tradición de "El Asalto", que consiste en que un día se te
presentan sin avisar los amigos y te llenan la casa para comer y cantar hasta
que llegue el amanecer.
En Perú el problema está en conseguir
una postal de esas con la nieve sobre la casa y que no parezca un anuncio de
viajes. En estas entrañables fechas, cuando medio planeta se agarra a su
abrigo, en Perú azotan los calores del verano. Mientras la gente hace la compras navideñas en
los grandes supermercados, unos sufridos empleados se embuten en el abrigado
traje de Papá Noel, y andan diciendo "jo-jo-jo-jó" mientras les cae sobre
litros de sudor la nieve artificial. Algo
parecido a lo que sucede en Australia, donde la comida de Navidad suele hacerse...
en la playa. Bueno, esto pasa en Australia, pero a veces también en Sudáfrica,
que por estas fechas entra en el verano. En este país, además las costumbres
tienden a hacerlas propias, y así se está poniendo de moda que, en vez de
llenar el árbol de luces de colores, se haga con muñecos zulúes y con cuentas
de colores.
En cambio, por la antigua Checoslovaquia,
las cosas son bien distintas. En Nochebuena, los jóvenes se van a los lagos y
tienen que romper el hielo solo con sus manos. Después la familia se vuelve a
juntar para una buena cena, cuyos restos los guardan durante dos días. Después
de ese tiempo, el padre de familia coge los restos de la cena y los entierra en
el jardín, para fecundarlo, y que así el año que empieza sea próspero.
Pero es que este espíritu festivo, estas ganas
de juntarnos en familia y hacer especial la entrada del año, también llega a China.
En esa parte del mundo, más que la tradición del belén y el cristianismo,
está presente la cultura de los agricultores, por lo que, lo que celebran los
chinos, es la llegada de la primavera (que para ellos coincide con el inicio del
año). El motivo es otro, pero la forma de unirse es la misma: todos en familia,
con buenos platos, conversaciones, canciones... y petardos, pues, igual que en
nuestra noche de San Juan, los chinos dan la bienvenida al año llenando de
petardos y fuegos artificiales las calles.
Un pobre Papá Noel (y su familia)
Si en España quienes vienen son los Reyes
Magos, en Grecia lo hace un Papá Noel que fue pobre. Se le conoce como
San Basilio, y cuenta la leyenda que fue una persona que cantaba en las calles
para poder pagarse los estudios. Un día, cuando unas personas se rieron de él,
el bastón en el cual se apoyaba, empezó a florecer, y por eso, los griegos
ahora suelen decorar la casa y regalarse rosas en estas fechas, además de poner
una moneda en el pastel.
Pero no es este el único primo hermano de
Papá Noel. Estas fechas están llenas de personajes que ayudan a que nos
unamos, divirtamos, y sintamos en nosotros lo mejor que hay en el ser humano.
Así pasa por ejemplo con Santa Lucía, en Suecia, una tradición muy
bonita solo para niñas. Esta mujer, Santa Lucía, según la tradición se ganó
la santidad por llevarles comida a los cristianos cuando estos tenían que
ocultarse en las catacumbas porque los romanos los perseguían. En su recuerdo,
la mañana del 13 de diciembre, la hija mayor se levanta al amanecer para
despertar a los demás llevándoles algo de comer. Respecto a los reglaos, esas
tierras parece que no están en la jurisdicción de Santa Claus, pues allí
quien pone los regalos es un pequeño duende invisible.
En Rusia es en cambio la abuela
Babouchka la que le hace la competencia a Papá Noel, pero con una tradición
que representa la alegría de la familia por cada bebé nacido durante el año y
los deseos de que la suya sea una gran vida. Dicen los rusos que Babouchka se
recorre Rusia para dejarles un regalo a todos los recién nacidos, con la
esperanza de uno de ellos sea el niño Jesús. Así que ese regalo, hace al
pequeño un poco Jesús ante los demás familiares.
Pero además de la competencia a Papá Noel,
también existe la competencia por Papá Noel, ya que muchas son las ciudades
que aseguran y prometen que tienen al auténtico Papá Noel entre sus
habitantes. Hveragerdi en Islandia, Drammen en Noruega, Rovaniemi en Finlandia,
insisten en ser las auténticas moradas de Santa Claus, y para convencernos
preparan actos y festejos (en Finlandia hay hasta un parque temático sobre la
Navidad, con su casa de Papa Noel y todo), aunque para fiestas las de Santa-Catalina, en
Francia,
Otro detalle curioso: a veces los niños nos
preguntan que cómo se las ingenia Papá Noel para repartir todos los regalos en
todo el mundo la misma noche. Los niños son muy listos y enseguida se dan
cuenta del engaño así que habrá que contarles la vedad de una vez por todas:
no lo hace todo Santa Claus, y no lo hace en la misma noche. Además de la
abuela Babouchka y otros duendes, la verdad es que hay países donde Papá Noel
llega antes. Es lo que les pasa por ejemplo a los niños belgas, que
tienen Papá Noel antes que muchos: ya el 6 de diciembre pueden empezar a
destrozar los nuevos juguetes.
Un día más tarde, en Guatemala, se
celebra el inicio de la Navidad con la "Quema del Diablo", que
también es muy parecido a la noche de San Juan: hay que coger todo lo que haya
por casa que no se utiliza y quemarlo en una hoguera, representando de esta
forma el expulsar lo peor, al "Diablo" de nuestra casa. Un buen
comienzo.
Pero para tradiciones particulares, la que se
da en una sola casa del mundo, una que está en Washington, que es
bastante grande, y que se la conoce como la Casa Blanca. En esta, nuestra
última parada, la noche del 24
de diciembre, el postre que se toma es el llamado "pastel del
presidente", un dulce cuya receta lleva haciéndose en esa casa doscientos
años, pasando de cocinera a cocinera.
Y con esto acabamos el viaje, que hay que
volver a casa a terminar los preparativos. ¿Quién sabe? Después de lo
aprendido en esta travesía, quizás este año cojamos en casa y hagamos una
antigua receta de la abuela, o enterremos las sobras de la comida con los
niños... ¡después de conocer todas estas buenas ideas que hay en el mundo,
quizás alguna nos puede servir para formar nuestras propias costumbres
familiares!
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