Antigua y moderna. Noble y campechana. En la
última década A Coruña ha sido destino de un buen puñado de euros que han
sabido cambiarle la cara a la ciudad y multiplicar sus atractivos, manteniendo
también el encanto del pasado. He aquí una ciudad que no defrauda ni a
pequeños ni a grandes. Para todos siempre hay algo especial en esta ciudad
donde con razón se dice que "nadie se siente extranjero". Merece
"muy mucho" la pena pasarse a verla.
Se dice que cuando uno se cruza con un
gallego en la escalera no hay forma de saber si sube o baja. Por decir, lo
mismo se podía decir de A Coruña. ¿Moderna, antigua? Uno se pone a pasear y
tropieza con un enorme hierro de 80 metros que, apuntando al cuelo como una bayoneta,
está ahí para recordar el cambio de milenio. Sigues andando y encuentras un
museo moderno, hecho para niños, donde las cosas están ahí para tocarlas y
cuyo guardia es un señor enorme, hecho de bronce, que mira al mar y tiene la
firma de Botero.
Pero además de eso y de la playa y del
carácter extremadamente amable de sus gentes, en Coruña siguen habiendo calles
empedradas, con tascas centenarias, jardines frondosos con iglesias
monumentales, castillos donde se recluían a los leprosos, y una gastronomía de
esa que te hace agarrar al cocinero y darle las gracias a la madre que lo trajo
al mundo.
Estamos ante
un destino que nos lo pone realmente fácil para pasarlo bien con los enanos. Para demostrarlo, repasamos
tres rutas posibles rutas turísticas por la ciudad:
Ruta 1: paseo marítimo, una ruta sin fin.
Nuestros antepasados se asomaban al Atlántico
por estas tierras como si la costa gallega fuera el balcón del mundo: donde no
se veía, se acababa el mundo. De entonces han quedado nombres como Finisterre
(el fin de la tierra). Más allá de las creencias, es fácil sentir el mismo
vértigo mirando el mar abierto y bravo desde Coruña, un vértigo que tiene su
encanto, y para cuyo disfrute se ha construido hace unos años el paseo
marítimo más largo de Europa, al que se le ha acompañado de un simpático
tranvía rojo que lo recorre sin empacho de molestar a los coches en su
recorrido.
En esta senda se haya el Castillo de San
Antón, que ha sido una cárcel de imposible fuga y hospital donde se
trataban a los leprosos. Hoy, esta fortaleza hecha sobre una pequeña isla unida
a tierra por unos metros de carretera, es un Museo Arqueológico en el
que encontramos rastros de piratas, celtas, cañones de defensa, piedras de
extrañas civilizaciones que, con dibujos en elipse, nos activan el botón de la
fantasía y la curiosidad.
Frente al Castillo, el puerto deportivo,
aparcamiento de yates y embarcaciones que tiene la nueva torre de control
marítimo, un capricho arquitectónico que parece sacado de una película del
espacio.
Pero de todos los lugares, el de obligada
visita es la vieja Torre de Hércules, hoy bastante adecentada para ser
el faro romano más antiguo de los que quedan en pie. Su dibujo es el emblema de
la ciudad, y no es para menos. A ella se accede tras caminar por un paseo "pelín"
empinado, pero que da derecho a unas vistas fabulosas. No solo nos habremos
ganado el derecho a una postal única del mar (que la tenemos), ya que junto a
la Torre encontraremos una rosa de los vientos del tamaño de una plaza, que
llama mucho la atención de los pequeños, tanto como las curiosos monumentos
que desde allí se divisan: una especia de caracola gigante, hecha de metal, una
colección de menhires que se juntan como un ejército...
Y, claro, ya que hemos llegado hasta aquí,
merece la pena acceder al faro y subir sus míticos 242 escalones para
deslumbrarnos con la vista y sentirnos un poco en la piel de los fareros que
allí han trabajado. Es un buen momento para demostrarle a nuestros hijos lo
mucho que sabemos, contándole que el nombre de la Torre viene por una leyenda
que recogen manuscritos de Alfonso X "el Sabio", según la cual,
Hércules le cortó por allí la cabeza al tirano Gerión, y para conmemorar su
victoria, se construyó la Torre, dejando la cabeza de Gerión en los cimientos.
Podemos contarle eso, o, según la edad, hablarle del petrolero Mar Egeo, que
embarrancó al lado de la Torre y cuyo incendió dejó al faro del color del
carbón y obligó a movilizar a la ciudad ante el riesgo de intoxicación.
También merece un vistazo el bonito edificio blanco y rojo de estilo colonial,
que está frente a la Torre. Es una edificación tan sumamente alegre que cuesta
imaginar que aquello fuese una prisión, bastante activa tras la guerra civil.
No muy lejos de la Torre podremos llevar a los
pequeños al Aquarium Finisterrae, donde se alojan 300 especies distintas
solo para nuestros ojos. Caminaremos por un submarino, veremos el Jardín de los
Pulpos, y disfrutaremos de los animales que están en las piscinas abiertas al
mar, además de pasar por el Gabinete del Capitán Nemo, sumergido en la piscina
más grande de Europa.
En esta mezcla de cultura que se pone al ritmo
de los niños, destaca también el Domus o Casa del Hombre, un precioso
edificio plateado, con forma de olas, guardado por un soldado romano hecho por
Botero, y lleno de juegos para despertar la curiosidad científica: un terrario
que se llena con un grano de arena por cada persona que nace en el mundo, una
Gioconda formada con la suma de 10.062 fotografías, juegos en los que caemos
por ilusiones ópticas, una bicicleta que mientras pedaleamos nos enseña
nuestro esqueleto en movimiento...
En esta zona, si nos pica el hambre y no
estamos dispuestos a adentrarnos en el centro de la ciudad, podemos buscar el Restaurante
O'Fado, en la Carretera de la Circunvalación. Allí están especializados
en llenarlos la barriga a base de los mariscos, carnes, y pescados gallegos,
como todo lo de esta zona, mirando al mar.
Ruta 2: Cantones, Puerto, y María Pita: en
primera línea de ciudad.
El puerto de Coruña es uno de esos sitios
donde se cruzan también los caminos, formando un fecundo lugar del que
escritores como Manuel Rivas extraen un sinfín de historias. Barcos, barquillos
y trasatlánticos comparten este espacio, único lugar de referencia antes de
que los euros multiplicasen los atractivos de la ciudad. En distintas épocas
del año hay además allí una pequeña feria de atracciones para los niños.
Desde el puerto podemos engancharnos a una
serie de barcos que recorren la costa enseñándola al turista como los guías
que explican los cuadros en los museos; dando un paseo donde las obras de arte
por excelencia son las rías, una tentación para los padres aficionados a la
fotografía. Pero antes de nada, conviene aprovechar y pasarse por la oficina de
turismo, que está ahí mismo.
Siguiendo el camino del puerto llegaremos a uno
de los rincones más entrañables de la ciudad: los Jardines de Mendez Nuñez,
lugar de encuentro entre los coruñeses desde hace siglos. Llamará la atención
de grandes y pequeños el reloj y el calendario hecho con flores que cada noche
son cambiadas para marcar el cambio de día. Los Jardines, y su parque, es un
buen sitio para descansar un rato, sobre todo al atardecer, cuando la plaza se
llena de niños que corretean entre el Kiosko Alfonso, que es de hace dos siglos
y recuerda aquella época. Una vez al año los altos edificios que colindan con
el parque, se llenan de superhéroes con motivo del Salón del Comic. Resulta
chocante ver edificios de bancos con Spider-mans en su fachada. Si no es época
de comic, puede que lo sea de libros antiguos, o de gastronomía.. los Jardines
son un reclamo para que las ferias se vayan sucediendo.
Una ventaja del parque: a su alrededor hay dos
o tres importantes galerías de arte. Podemos intentar visitarlas con los
niños, y, si la cosa se pone muy aburrida para ellos, siempre tenemos al lado
el parque.
Pero ya hemos hablado mucho de paseo y poco de
tapeo. Desde los Jardines podemos irnos adentrando en los Cantones, la zona
clásica de Coruña, con sus travesías que alternan tiendas, bares, tascas y
restaurantes. En cada calle encontraremos una amplia oferta para degustar esa
cocina gallega que ha sido a veces la bandera del turismo Coruñés. Aquí os
dejamos algunas direcciones:
| Restaurantes |
| A Miña Casa |
C/ Galera 15.
981.22.35.92. |
Marisco, pimientos de Padrón, empanada gallega... |
| Beade |
C/ Barrera 5.
981.22.17.45. |
Uno de los sitios con solera y tradición. Tienen empanadas, pero
su pulpo al ajillo y los vinos de la región han marcado una institución. |
| Mesón do Pulpo |
C/ Franja
9-11. 981.20.24.44 |
El pulpo aquí no está solo en el nombre, también en
las mil formas distintas de las que son capaces de prepararlas. |
| Restaurante Delfos |
Av. de la
Marina, 7. 981.22.01.57 |
Un restaurante con música para amenizar la
degustación de platos a la brasa (carnes y pescados), además de platos de
otras latitudes, como por ejemplo, las paellas. |
Tras llenarnos el buche a base de bien, es
tiempo de acercar nuestro agradecido paso a la última de las etapas de este
recorrido: la Plaza de María Pita, donde se alza un ayuntamiento
majestuoso, con una fachada que es entera una obra de arte coronada por
cúpulas, con un estilo muy de la ciudad pero que, por su grandiosidad, bien
pudiera estar en el Vaticano. La Plaza de María Pita, con soportales idóneos
para los días de lluvia, está bautizada con el nombre de la gran heroína de
la ciudad, un personaje que (este sí) existió es la patrona de los festejos de
la ciudad. Para lograr el honor, la buena señora tuvo que encabezar la
resistencia coruñesa que doblegó al pirata Drake, un corsario británico con
no muy buenas intenciones, pero que con su ataque descubrió a una de esas
mujeres que se hacen un nombre en tiempos de guerra, hasta el punto de que su
tumba es hoy uno de los patrimonios turísticos de la ciudad "donde nadie
se siente forastero"... nadie que no se llame Drake.
Otros datos útiles:
Oficina de Turismo: Dársena de la
Marina, s/n - Telf : 981 22 18 22.