"El niño está preparado. Lleva varios días
mentalizándose sobre en qué consiste eso de ir al cole. Le han dicho que allí
se juega. Le han dicho que sus amigos del parque van a ir también. Está
deseando empezar. Pero...
Esa mañana, antes de salir de casa, su mamá le mira de
arriba a abajo, con una lagrimita a punto de brotar. "Qué grande eres ya,
mi chiquitín". Un abrazo, un beso, y luego otro abrazo y otro beso.
Caminando por la calle mamá le dice que no se separe de ella. El niño se da
cuenta de que mamá no está contenta, no habla como otras veces. Algo le
preocupa. Cuando llegan al cole él se va detrás de un amigo que acaba de
reconocer, pero entonces un grito a su espalda le para. "Hijo, ven aquí
que te vea". Y nueva sesión de besos. El niño da un paso. "Ten
cuidado y pórtate bien". El niño da otro paso. "Si tienes que ir al
baño levantas la mano y se lo dices al profesor". El niño intenta dar el
tercer paso. "Y si tienes algún problema con un compañero, se lo dices al
profesor y yo vengo a buscarte".
Entonces el niño se da la vuelta y corre a abrazar a su mamá
y a decir que no, que bajo ningún concepto se separará de ella. Las cosas
dan mucho miedo si no está mamá."
Una situación como esta se relata en el libro "Miedos y
temores en la infancia". A veces la manera que tenemos de proteger a
nuestro hijo, nos lleva a preocuparnos y preocuparnos de todo lo posible y
lo imposible, de un montón de cosas en las que él no había pensado, de
forma que nuestra angustia se la contagiamos a él, creándole un miedo y una
inseguridad que antes no tenía.
Es lo que tenemos los padres, que nos ponemos a evitarle
peligros al niño, y al final acabamos comprándole rodilleras, coderas, casco y
lo que haga falta para subirse a la bicicleta de toda la vida. Y debajo de toda
esa coraza aparece el pequeño, diciendo que, bueno, también hay videojuegos
con los que jugar a subirse en bicicleta, y no necesitan ponerse
armadura.
Sobreprotegiendo "porque es muy pequeño"
(desconfiar de él)
Querer cuidar y proteger a nuestro hijo antes que cualquier
otra cosa es un sentimiento normal, que nos hace padres, pero que llevado al
extremo, nos puede hacer enfermos, "padritis" lo llaman cuando no
podemos soportar que llore si se cae intentando andar, o que le castiguen por no
saber hacer unos deberes, o que juegue a la pelota y se lastime... sus heridas
nos duelen más a nosotros que a ellos, pero hay que saber controlarse:
Si te encuentras en este grupo solo recuérdate una frase:
cuando nace, el niño llora. No todo lo que nos cuesta un poco de esfuerzo es
malo. Hay cosas muy necesarias. Como dijo el psiquiatra Rudolf Dreikurs,
"no podemos proteger a nuestros hijos de la vida. Por lo tanto es esencial
que los preparemos para ella". Nosotros no siempre vamos a poder estar
encima de él, y, aunque pudiéramos, lo mejor es que sea lo más autónomo y
seguro de sí mismo posible. Para ello puede seguir estos consejos:
· lo primero, fíjate si le estás transmitiendo
preocupaciones o temor. Tu eres quien guía sus emociones. Ante cualquier reto, muéstrate
siempre tranquilo y dile que no hay nada que no pueda hacer. No debes
precipitarte ayudándole. Por ejemplo, si él está haciendo un puzzle y se
queja porque no consigue juntar las fichas, lo más cómodo para nosotros sería
llegar y resolverle el rompecabezas, pero lo mejor para él es que nos quedemos
a su lado, animándole, guiándole, pero nunca resolviendo por él su
problema.
No debes sentirte culpable por no resolver siempre sus
problemas. Como advierte la psicóloga Caterina Munar, "a veces se quiere
compensar la falta de tiempo disponible con todo tipo de gratificaciones".
Puede ocurrirnos que nos sentimos culpables por no haber podido pasar la tarde
juntos y cuando viene a contarnos que no le sale un problema y que la pueden
castigar por ello, se lo resolvemos para que nos quiera. Nuestra forma de
quererles no debe ser evitando que hagan cualquier cosa que les moleste o
cueste, sino enseñarle a superar él solo todo lo que deba hacer, y cuantas
más cosas, mejor. Por eso...
· Por eso debes aplaudir todos sus logros, hacer que los
ponga en practica, y enseñarle todo el tiempo.
"El primer día de clase, con los nervios, Rubén se
levantó pronto", relata María, madre de un rubencito de seis
años. "Mientras esperaba en su habitación, y como ya estaba todo listo,
le dio por intentar hacer la cama, como tantas veces me habría visto hacer a
mi". María cuenta que, al entrar y ver la cama hecha, cogió a su hijo, le
preguntó que cómo lo había conseguido, le felicitó, le dijo que era "un
niño muy listo", muy amable además... y que como ya sabía hacer la cama,
a partir de entonces la haría él solito todos los días.
Esa es la dinámica que tenemos que seguir: enseñarle
nuevas habilidades (doblar la ropa, salir en bici, recoger la mesa, arreglar
la bici...), felicitarles cuando las consiguen y, después de ello, exigir
que las cumpla.
· "La independencia no es negociable". No se trata
de un nuevo eslogan político. Se trata de no caer en los premios y en los
castigos en este tema. Podemos pedirle que se encargue de ponerle la comida
al perro, de pasearlo solo, o de recoger el cuarto o de que aprenda a dormir
solo, y para ello regalarle cosas, pero siempre es mejor hablar con él y
decirle que si hace esas cosas nos ayuda a todos, estaremos muy contentos y
orgullosos, y que si se lo pedimos es porque ya vemos que es más grande.
· Sustituye progresivamente el "ten cuidado" por
el "pásatelo bien". Cuando le damos permiso para hacer algo como
irse a casa de un amigo, bajar solo al parque... y ya hemos comprobado unas
cuantas veces que no pasa nada, hay que ir soltando estas expresiones de alerta
y empezar a animarle a seguir haciendo lo que ya hace: apañárselas muy bien
él solito.
"Daniel se cayó con nueve meses por un escalón que hay
al entrar a casa" dice Diana, quien recuerda que "durante un tiempo ya
no quería intentar andar. Un día le vi que se acercaba al escalón y se me
encogió el corazón. La otra vez se había torcido su dientecito y lloró
muchísimo. Yo tenía miedo y ya iba a lanzarme a por él cuando pensé que, si
después de sufrir lo que sufrió, estaba ahí otra vez intentado superar su
miedo, yo, que tengo algo más que sus nueve meses, tenía que enfrentarme
también a mi miedo por él. Tuve mucha suerte: desde ese día no le cuesta más
pasar por el dichoso escalón". Esa es la clave, irnos dando cuenta
todos poco a poco de que las cosas no suelen ser tan graves, y que nuestros
"pequeños" crecen, no solo se hacen más altos, también más capaces
de enfrentarse a situaciones y salir bien sin nuestra ayuda.
Sobreprotegiendo por miedos pasados (desconfiando de los
demás)
Como padres tenemos un inmenso poder sobre el niño: no solo
aprende de nosotros lo que le decimos, también lo que le transmitimos, y ahí
en ese lote, no siempre tenemos lo mejor de nosotros. A veces arrastramos con
nosotros miedos de cuando éramos niños, y esos miedos se los pasamos a nuestro
hijo.
"Le cuento el caso de dos familias que conocí", nos
dice el psicoterapeuta Miguel Mestre. "Habían dos hermanas, una, Julia,
era la obediente, la que nunca hacía nada que pudiera molestar mínimamente a
sus padres, la otra, Teresa, iba más por libre, intentaba hacer viajes con sus
amigos, pasar más tiempo fuera. Yo conocí a los hijos de esas dos mujeres: los
hijos de Julia recibieron una educación en la que el suspenso era una falta
gravísima, e intentar hacer algo que a uno le apeteciera, sin contar con la
aprobación de los demás, era muy angustioso. En cambio los hijos de Teresa
eran más independientes, intentaban hacer más cosas por su cuenta, sabían que
a veces se iban a equivocar pero eso no les limitaba... no arrastraban tantos
temores. Julia en cambio como tuvo pocas experiencias en su juventud, le
hacían sufrir las propuestas de sus hijos que se salían de lo que ella había
conocido (y ya decirle que si podían ir a dormir a casa de un amigo se salía
de lo que ella había vivido). En ese sentido sus hijos estaban limitados por
los miedos de Julia a lo que no quiso conocer en su adolescencia".
Según Mestre, todos los padres lo primero que deberíamos
hacer es repasar la educación que tuvimos, nuestra experiencia, y los miedos
que arrastramos de ella. Inconscientemente, puede que en lugar de animar la
confianza de nuestros hijos en sí mismos, estemos haciendo que crean que
nosotros somos sus salvadores, y que sin nosotros no puede hacer nada.
Un niño puede "oler" nuestros miedos y hacerlos
suyos, pero también pasa al revés. Una vez unos científicos hicieron una
prueba: pusieron a un bebé con una serpiente enorme y amaestrada. Delate del
bebé pusieron a su madre. La mamá se mostró tranquila, y le hizo carantoñas
al niño, animándole a jugar, así que, tras quedarse un poco parado por la
extraña situación, el bebé se acercó a la serpiente y se puso a tocar su
piel mientras se reía. La seguridad que tiene tu hijo será en gran parte
producto de lo que le trasmitas: si ve que para nosotros la situación es
difícil, para él también lo será, y si ve que confiamos en él y que sabemos
que es capaz, lo mismo sentirá él.
-> Además:
* ¿Cómo
pudimos sobrevivir? Una carta que circula por Internet y recuerda que,
pese a nuestros miedos, los niños antes no tenían tantas protecciones y
seguían creciendo.
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Test: ¿Estás sobreprotegiendo a tu hijo?. Te
planteamos ocho situaciones para que puedas valorar mejor si tu actitud con tu
hijo le está sobreprotegiendo demasiado o no. |
1) Tu hijo dice que en su habitación tiene miedo. Llevas una semana
hablando con él y ese día se supone que ya iba a empezar a dormir solo.
-
Le acuestas contigo. Tienes mucho sueño, y él también. Mañana
lo intentaremos.
-
Vas con él a la habitación y le explicas que todo son
fantasías, que no hay nada de que temer. Intentas que vuelva a dormir.
-
Desde que era bebé ya le pusiste en su habitación, aunque
tuvieras que levantarte por las noches.
2) Está aprendiendo a caminar. Estáis en el salón y ves que se cae y
pone cara de susto.
-
Corres a por él inmediatamente y lo pones en brazos. Como se
pone a llorar, decides que esa tarde ya está bien de intentarlo.
-
Te pones malo cada vez que se cae, pero sabes que tiene que
hacerlo, así que practicas junto a él, siempre le coges siempre de la mano y
dais unos pasos. Así nunca se cae. Ya aprenderá con el tiempo.
-
Le tranquilizo pero sin
cojerle. No ha pasado nada. Al rato, y
como veo que le cuesta, me acerco y le cojo de la mano mientras intenta caminar
y cuando lo consigue le suelto.
3) Estáis todos en casa de los abuelos y tu te tienes que ir a comprar
una cosa. Vais a ir dos adultos pero entonces tu hijo de cinco años llora y
dice que se quiere ir contigo.
-
Le subes al coche. Habéis ido a pasar un rato en familia, nada
de escenitas, por favor.
-
Intentas que se distraiga y cuando ves la oportunidad, te marchas
sin que se de cuenta. Ya los abuelos sabrán hacerse cargo de él.
-
Hablas con él un rato tratando de calmarle. Le dices a donde
vas, cuanto vas a tardar, y le pides por favor que se quede porque la abuela
necesita que le ayude con algo. Al final, después de gastar quince minutos,
consigues marcharte.
4) Es Navidad y os habéis reunido toda la familia. Tu hijo está jugando
con sus primos y empiezan a discutir por las reglas del juego.
-
Llego y pongo orden antes de que empiecen a pelearse.
-
Espero un rato para ver si resuelven solos el problema. Como no
lo consiguen, voy y les explico las normas del juego.
-
Como no pelean no intervengo. Cuando llegan y me piden que
intervenga, les digo que ellos tienen que hablar para encontrar una solución,
que si no, les quito el juguete. Cuando tienen la solución les pido que me la
cuenten.
5) Tiene 12 años y te dice que quiere ir de campamento.
-
De ninguna manera. Es muy pequeño, y muy peligroso. Yo no se
quien le vigilará y se que lo acabará pasando mal.
-
Le dices que de acuerdo, e inmediatamente te pones a organizarlo
todo, a buscarle un campamento cercano, a armar la mochila de todo lo habido y
por haber.
-
Hablas con él y le preguntas que a dónde quiere ir, quienes
van... A la hora de la preparación del viaje, tratas que él también se
implique.
6) ¿Cuántas tareas del hogar hace tu hijo de seis años?
-
a · Ninguna, aún es muy pequeño.
-
b · A veces, por jugar, me ayuda a llevar la ropa o a poner la mesa.
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c · Lo que le he enseñado: recoge su ropa, ayuda con la mesa...
7) La maestra le ha puesto un problema de matemáticas y te dice que no
sabe hacerlo, que es muy difícil, y que quiere salir a jugar.
-
Ella es responsable de sus cosas. Si dice que es difícil, lo
será, y no creo que por un ejercicio la vayan a pillar. No pasa nada, la dejo
salir.
-
Me acerco y, efectivamente, es un problema difícil, tanto que la
maestra solo les ha puesto ese. Le "ayudo" para que no la riñan, pero
me promete que cuando lo corrijan estará atenta para aprender a resolverlo.
-
Me paso la mitad de la tarde intentando explicarle el problema.
Si pese a ello, no lo entiende, le digo que revise la lección, y que la
repasaremos antes de salir a jugar. Si después de eso le sigue sin salir, le
digo que al día siguiente le pregunte a la maestra, que no pasa nada.