¿Por qué a un niño se le da genial las
matemáticas pero pincha luego en historia? ¿Cómo puede ser que con lo listo
que es para la música luego no sepa hablarnos de sus cosas? ¿Si se pasa el
día hablando de proyectos de futuro cómo es que luego no da ni un paso?
Todas estas cuestiones dan vueltas sobre un
mismo tema: la inteligencia. Hasta hace poco estábamos convencidos de que la
prueba que demostraba la inteligencia de un niño era la nota de clase, y por
eso aún hoy muchos padres se angustian más de la cuenta cuando su hijo
suspende: creen que significa que el niño no da para más y que tendrán que
resignarse a ello.
A las notas de la escuela hay que darles una
gran importancias, pero no son un test de inteligencia y tampoco podemos
olvidar que las marca un señor que a veces se equivoca (cuántos no hemos
sucumbido alguna vez ante un "profesor hueso", de esos para los que
suspender es como respirar). Hay que confiar en las capacidades del niño y
recordar que, pese a los resultados escolares, siempre puede llegar a ser algo
en la vida, como Einstein, que de pequeño suspendía las matemáticas y de
mayor se hizo un genio de la física.
Las calificaciones del cole son el resultado
del esfuerzo y la capacidad que nuestro hijo pone en clase, pero la inteligencia
es otra cosa. Se pueden sacar grandes notas, tener una memoria fotográfica,
y, sin embargo, ser incapaz de entenderse con la gente. En otras épocas pensábamos
que, bueno, eso no era importante y que, el que era bueno en los estudios
llegaría siempre muy lejos, pero las cosas han cambiado.
No solo es que ahora nos preocupemos más por
nuestros hijos, y por su equilibrio emociona, es que también las empresas han
cambiado: si antes solo valoraban la experiencia y los conocimientos, ahora, además
de eso, siempre tratan de evaluar la manera que tiene cada uno de relacionarse
con los demás... ¡la manera de relacionarse! Eso es algo que antes no contaba,
y sobre lo que nunca se trabaja en clase.
En el mundo de hoy una persona que no sea
brillante en los estudios, pero que se le de bien el teatro, leer, hablar y
escuchar a los demás puede ser un gran representante, comercial, vendedor,
presentador, captador, formador...
Por eso nos toca también a nosotros cambiar el
chip: un niño inteligente no es un niño que aprueba y ya está. La
inteligencia tiene muchos lados, y nuestra tarea como padres nos obliga a:
· darnos cuenta de qué habilidades e
inteligencias tiene más desarrolladas nuestro hijo. Si por ejemplo se le da
bien el dibujo y la música, hay que dejarle a su aire en esas áreas, que él
ya sabrá desenvolverse solo.
· comprender cuanto antes qué aspectos
tiene más flojos para intentar estimularlos. Igual que cuidamos que apruebe
para ser alguien en la vida, tenemos que preocuparnos de que sepa expresar sus
sentimientos, se relacione...
Alicia, una madre de tres hijos, tiene un buen
ejemplo de todo esto con su hija pequeña, de catorce años, que la trae de
cabeza. "Canta y baila, como nadie, y yo creo que por ahí podrá tirar el
día de mañana, pero ponerla a estudiar, es toda una guerra, se sienta delante
del libro, pero las cosas no le entran". Cuenta Alicia que pensó
prohibirla la música si no estudiaba, pero que luego se lo pensó. "¿Y si
resulta que ese es su futuro, y no el estudio?". Ahí está la clave de
algo en lo que no podemos caer: hay que intentar potenciar aquello donde
nuestro hijo tenga más dificultades, pero nunca debemos cortar lo que se le da
bien.
La inteligencia tiene muchos lados, y, para que
tu hijo sea el día de mañana una buena persona, tendrás que intentar que los
desarrolle todos.
Repasa el cuadro que te dejamos a
continuación, y valora en qué áreas tu hijo está un poco "un poco
verde". Por ejemplo, puede ser muy curioso, muy investigador, con
cierta fantasía y maña, pero que le cueste contar sus problemas o participar
de las emociones de los demás. Si ese es su caso, puedes apuntarle a grupos de
convivencia y repasar si en casa no habéis instalado ciertas rutinas que
bloquean un poco el desarrollo de esas capacidades. En nuestro artículo sobre actividades
extraescolares podrás encontrar también algunas ideas.
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Inteligencia
Abstracta
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Inteligencia
lógica: es nuestra capacidad de razonar. La
practicamos mucho con
rompecabezas y juegos de lógica.
Inteligencia verbal:
se
relaciona con la capacidad de retener vocabulario y comprender el
lenguaje. Para potenciarlo, lo mejor, lo de siempre: LEER, y hablar,
claro.
Inteligencia espacial: es
nuestra capacidad de situar las cosas en el espacio. No todo el mundo
tiene la misma soltura para imaginarse una casa con solo ver el plano.
Imaginación: ser capaz de
pensar cosas nuevas, o de, a partir de algo conocido, imaginarlo de
otras maneras. |
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Inteligencia
Intuitiva
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Inteligencia
social e inteligencia emocional: es la capacidad de comprender y
analizar las actitudes y emociones tanto de los demás, como las de uno
mismo.
Inteligencia práctica: es la
que tienen las personas con maña, las que se les da bien, por ejemplo,
el bricolaje. |
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¿ Sabías que ...
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Durante el siglo XIX la gente creía que la
inteligencia era algo con lo que se nacía, y que, o lo tenías desde entonces,
o no había nada que hacer. Ahora sabemos que las cosas no son así, y que
incluso niños con una primera infancia donde estaban desatendidos, pueden
mejorar hasta la adolescencia en todas las áreas de su inteligencia... Eso sí,
si su entorno familiar, es decir, nosotros, nos preocupamos por su completo
desarrollo.
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