Aún agotada, ves como poco a poco se acercan
familiares, vecinos y amigos a animarte y a vera tu criatura, ese ser de carne y
hueso que estaba dentro de ti.
Algunos padres esperan a la primera ecografía,
otros no la necesitan, pero todos nos pasamos meses y meses fantaseando con
el aspecto que tendrá el bebé, nuestro bebé, ese que ahora ven todos y
todos le sacan un parecido con el padre, con la madre y hasta con el
tatarabuelo.
¿Es posible que un recién nacido, con lo
pequeño y renacuajo que es, pueda tener la misma sonrisa que su padre? ¿Y
es posible que algunos vean la sonrisa padre y otros la de la abuela materna?
¿Quién tiene razón? Pues todos.... y
ninguno. ¿Puedo anticipar cómo será el niño? Por poder, se puede, pero la
cosa es bastante complicada, incluso en esos casos donde todos los miembros de
una familia tienen el mismo rasgo, por ejemplo, unos ojos muy grandes. Un
nuevo miembro de esa familia puede continuar la tradición, pero "no está
obligado" a ello.
Como advierte Nicole Philip, un médico
francés especializado en genética, las reglas de la herencia dejan siempre
espacio para que el hijo sea diferente a los demás. "No podemos decir,
como se ha mantenido durante mucho tiempo, que dos padres con los ojos claros no
pueden tener un hijo de ojos marrones. Cuanto más se investiga en genética,
nos damos cuenta que las cosas son más complicadas".
¿Significa esto que los médicos dicen los
niños no se parecerán a sus padres? Para nada. Todos somos hijos y sabemos que
algunas cosas de nosotros (una forma de torcer la boca, una nariz, unas
orejas...) son "igualitas que las de tu padre", como nos habrán
repetido a lo largo de toda la vida [y como a su vez le repetirán a tu hijo].
Vayamos al origen de todo, al espermatozoide y
el óvulo. Cada una de estas células lleva 23 cromosomas, así que cuanto se
juntan suman 46 cromosomas, o moléculas de una cosa que tiene un nombre
feísimo: ácido desoxirribonucleico, al que vamos a llamar un poco para
facilitar las cosas "ADN".
Estas moléculas de ADN tienen forma de collar,
pero son unos collares con muchas, muchísimas perlas o "genes".
Papá, mamá, cada uno de vosotros pone en su descendiente entre 30.000 y 50.000
genes, y cada uno de estos genes va a hablar un poco de cómo va a ser el cuerpo
del niño. A lo mejor papá tiene unos genes que dicen que el niño tendrá
mucho pelo, que además será sedoso y rubio, y que los dedos serán delgados y
alargados, pero esos genes ahora se tienen que combinar con los de mamá, que en
esto como en otras cosas, lo mismo le da (a sus genes) por llevar la contraria y
decir que no, que el niño tendrá el pelo castaño y los dedos gorditos.
Si ya es difícil ponernos de acuerdo cuando
discutimos con palabras, ¡cómo no va a serlo cuando discutimos con genes!
Pero aún hay más. Resulta que a la hora de
"hacer" un bebé, no solo van a discutir los genes del padre y de la
madre. En su día, cada uno de vosotros recibió a su vez al menos 30.000
genes de vuestros padres. Si, por ejemplo, el abuelo tenía los ojos azules
mientras que la abuela negros, y el hijo (es decir, vosotros) salió con los
ojos negros de su madre, pues cuando procreéis vosotros aún llevaréis genes
del padre que cuando te pongas a hacer un hijo, seguirán ahí, intentando
convencer al resto de genes de que lo que hay que hacer es que el niño tenga
los ojos azules (como el abuelo).
Esto es sobre el abuelo, pero aún queda
información genética de los bisabuelos, de los tatarabuelos y de... Parece
complicado, pero para resumirlo en una frase: cada parte del cuerpo de tu hijo
será el resultado de combinaciones (casi infinitas) entre la información de
cada padre, madre, abuelos, tatarabuelos... Todos estamos hechos con trocitos
de nuestros antepasados.
Bueno, eso, y otra cosa más, porque si ya nos
estábamos aclarando, ahora hay que tener en cuenta otro factor: el medio
ambiente donde se dan cita los genes. Hemos dicho que los dichosos genes se
juntan y discuten a ver cuál de ellos domina y cuales otros toman el papel de
"recesivos" (es decir, que no dirán cómo es el niño, pero
intentarán imponer sus ideas cuando ese hijo intente a su vez tener otro hijo).
Pero a la hora de decidir también influye el sitio donde discuten. Los
genes llegan todos y se juntan en una célula, pero hay algunos que se sentirán
más cómodos en esa célula (y por tanto podrán "chillar" mejor las
características que defienden), mientras que otros genes ya de entrada no se
sentirán bien en esa célula (por lo que tendrán más problemas para
imponerse).
Incluso hay algunos genes
"chaqueteros" que, después de estar un ratito en la célula, pueden
cambiar de opinión y decir que el niño tenga los ojos marrones aunque toda su
familia los tenga azules (estos genes "traidores" son los más
escasos, pero también los hay).
¿Qué nos queda de todo esto? Pues algo
muy bonito de esta vida, y es que los niños son todos diferentes y no hay
dos personas en el mundo que sean iguales porque cada uno combinamos de una
forma diferente esa información de nuestros antepasados. Eso y que
cada parte de nuestro cuerpo tiene una forma que nos es dada por los padres, y
por los padres de los padres, y así sucesivamente.
Estamos unidos a nuestros antepasados, y no
solo por el apellido: nuestro cuerpo, de alguna forma, es el resultado de ellos.
/Ramón Muñiz Abad/
Para saber más:
Genotipo y Fenotipo. Con estas dos
palabrotas podeos explicar por qué incluso si dos niños tuvieran la misma
combinación genética, con el tiempo irían haciéndose cada vez más
diferentes. Esto es algo que les pasa a muchos hermanos, y simplemente significa
que evolucionamos de formas distintas.
Dos personas, por ejemplo, pueden haber nacido
con unos genes que dicen que van a tener una constitución normal, pero que si
se alimentan mal se convertirán con facilidad en obesos. Pues bien, en este
caso, el que coman cosas diferentes, va acabar haciéndoles cada vez más
diferentes (aunque naciesen igual, si uno come sano y el otro se descuida, a
base de alimentos se harán distintos). Eso por la alimentación, pero pasa lo
mismo con la masa muscular. A lo mejor dos hermanos adolescentes son muy
diferentes porque uno está fuerte y el otro es más bien delgado y débil. Esa
diferencia no tiene por qué venir de que uno se haya llevado mejores genes que
otro, sino que puede ser simplemente que ese chico ha estimulado mejor su
desarrollo muscular haciendo más deporte que su hermano.
Por eso los científicos hablan de un genotipo
(las características con las que nacemos), pero también hay un fenotipo (cómo
hacemos luego evolucionar a esas características iniciales según nuestros
hábitos...).
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