Parece mentira, que algo tan sencillo como un beso o una caricia, puedan tener en nuestros
niños consecuencias tan serias, como una mejor salud física y mental no solo
en la niñez si no en su vida adulta. Pues aunque parezca mentira es real y así
lo han demostrado múltiples estudios, la buena salud física y psíquica de
nuestros hijos, en un futuro dependen en gran medida del cariño y afecto que
les proporcionamos durante su infancia.
La Universidad
de Albany y de Michigan (Estados Unidos), analizó a más de 3.000 adultos con
edades comprendidas entre 25 y 75 años. En este estudio se realizaron preguntas
tales como la confianza que les ofrecían sus progenitores, el tiempo que
pasaban con ellos, la atención que les prestaban, cuanto cariño recibían, ...
Los resultados de estos test, fueron definitivos. Se demostró que los adultos
que recibieron menos apoyo durante su infancia, por parte de sus padres y de su
entorno en general (colegio, familia, ...) presentaban más patologías crónicas
y tendencia a la depresión, que aquellos que habían recibido un mayor
afecto y estimulo.
Analizando los
resultados de este estudio podemos llegar a la conclusión de que el apoyo de
los padres hacia sus hijos en la infancia determina en la vida adulta factores
como el equilibrio personal, la autoestima, la forma de relacionarse con su
entorno tanto a nivel familiar como laboral. Todos estos factores influyen
en la salud mental de la persona.
A la vista de
estos datos deberemos recordar que los niños, tienen una serie de necesidades emocionales que debemos ayudar a
fortalecer y desarrollar. La niñez y la adolescencia son las etapas
de la vida donde se generan los cimientos de la personalidad y el desarrollo integral
para poder realizarse como
personas física y mentalmente sanas. Para
que el niño alcance una salud mental óptima debe tener la oportunidad de
desarrollar y descubrir progresivamente sus habilidades, establecer vínculos afectivos, crecer en ambientes seguros,
aprender a quererse y a aceptarse, expresar sus propias opiniones y sentimientos, tener
apoyo en sus pequeños fracasos, ..
Aunque parezca
un tópico tener una
infancia feliz, engendra seguridad emocional, autonomía y
confianza en sus propias capacidades. Todos estos factores son imprescindibles
para el desarrollo de una personalidad adulta sana mentalmente, que será capaz
de afrontar la vida, como una persona independiente, capaz de tomar decisiones
propias responsables, establecer y mantener vínculos
afectivos consigo mismo y con los demás.
A continuación
os presentamos una pautas básicas, para que el desarrollo de vuestros niños
sea el mejor.
Elementos básicos de una buena educación basada en el cariño:
-
Quiérele
por lo que es no por lo que te gustaría que fuese.
-
Enséñale
a respetarse
a sí mismo y a los demás
-
Vuestra
relación deberá ser siempre sincera y afectuosa.
-
Pon
límites, la disciplina ayudará a nuestros hijos tanto como el afecto.
-
Ejerce
la autoridad.
-
Evita la comunicación violenta
en todas sus formas,
gritos, imperativos,..
-
La
pareja es una cosa y la educación otra. Nunca obligues a tus hijos a tomar
una posición de alianza o rechazo hacia alguno de sus padres.
-
Ayúdale
siempre ante un fracaso sin criticarle, implícale en las crisis del resto
de la familia.
-
Enfréntate
siempre a los problemas que se plantean con tus hijos y aprende a
resolverlos.
-
Enséñale
a decir "no" cuando sea necesario.
Fortalecer
su autoestima
Lo
que un niño se quiere, se respeta y confía en sus propias capacidades, es un
camino que se desarrollará gradualmente durante toda
la vida. Cuando un niño crece arropado, querido y aceptado aprende a
valorarse. Si es criticado y etiquetado (es malo, no se que hacer con él,...).
El niño creará una imagen negativa de sí mismo, de inutilidad. Nunca
deberemos criticarle en
presencia de otras personas.
Los
padres debemos motivar en nuestros hijos: la superación, aprender a vencer obstáculos y fracasos.
Felicitarle por sus logros,
notar sus cualidades y reconocer sus esfuerzos.
Mejorar la comunicación
La
forma en que nos comunicamos y nos relacionamos en la familia es muy
importante para el desarrollo del niño, ya que de esta comunicación el niño
aprenderá la forma en la que debe comunicarse en grupo.
La
comunicación debe ser siempre: cálida,
afectuosa, con respeto, clara y con libertad para poder expresar a los
demás miembros sus opiniones.
La
comunicación no debe ser nunca:
-
Proteccionista:
El exceso de protección quita al niño independencia y le hace sentir inferior al no
reconocerle
capaz de valerse por sí mismo. Además hace que el niño se convierta en
irresponsable ya que no dependen de el las decisiones sino de sus padres. Debemos
dar la oportunidad de aprender por sí
mismo, poniéndole tareas de acuerdo a su edad (recoger sus juguetes,
ayudar a las tareas domesticas, hacer sus deberes,..).
-
Rechazo:
Hay muchos padres que consideran que el niño es demasiado pequeño para
poder sentarse a charlar con él y que su única misión como padre es
llevarle a un buen colegio, enseñarle a dar las "gracias" y a
tener buenos modales en la mesa. Si un niño se siente rechazado
recurre a determinados
comportamientos para llamar la atención y ganarse el afecto de los padres, o puede volverse hostil y
rebelde.
-
Autoritarismo:
Los padres
que imponen una disciplina excesiva o exigen obediencia absoluta, hacen de sus hijos personas inseguras, tímidas y
dependientes. Habla con tu pareja, las normas familiares que deben ser
cumplidas por encima de todo, y aprende a ser permisivo con el resto de las
normas.
-
Ambivalencia: o sentimientos contradictorios que pueden surgir algunas
veces cuando estamos cansados o agobiados por un problema. Es
preferible explicar a nuestros pequeños que no tenemos un buen día para
ponernos a jugar con ellos, que rechazarles sin una causa lógica.
En
resumen, para aprender a relacionarse con los demás y poder enfrentarse a los
desafíos de la vida, es necesario desarrollar: habilidades para una mejor
comunicación, la expresión de los sentimientos ( tristeza, llanto, cólera,
odio, etc), la toma de decisiones, resolver problemas, un
pensamiento crítico y objetivo, aprender a decir no, manejar la ansiedad y el
estrés.
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