"Tan
inocente, tan angelito, él, ella, a sus seis años. Jugando en la piscina.
Lo que ha costado hacerles, pero ahora, mírales..."
Y les miras, y
de repente a "él", el angelito, le da por bajarse el bañador y enseñarle
la colita a su amiga, o se ponen a jugar debajo del agua y, entre risas, no
paran de tocarse todo el cuerpo.
Una mosca de
preocupación empieza a rondarte en la cabeza: ¿son normales estos tocamientos?
Has oído hablar de niños que juegan a los médicos, o mejor dicho, que emplean
el juego para explorarse los unos a las otras o al revés.
Sí, cuando era
más bebé, también le gustaba el exhibicionismo, y llevarse las manos entre
las piernas, y reírse... pero entonces era un bebé, jugaba solo, ¿qué está
pasando ahora?
Aunque te pueda
extrañar, es normal que a estas edades tan tempranas los niños sientan
cierta atracción por el sexo opuesto, aunque no es ni de lejos una atracción
como la que podemos sentir nosotros. No hay nada de perverso ni de sucio.
A los seis años
el niño (y la niña) está descubriendo el mundo, y detrás de cada cosa que ve
se hace una nueva pregunta, es un científico de la vida al que le gusta probar
y comprobar. Ahora es un explorador que no sabe lo que hay detrás de cada cosa,
y lo que le pasa es que, como es natural, le llama la atención las diferencias
que hay entre niños y niñas, y se hace preguntas (y exploraciones) al
respecto.
No debes pensar
que tu hijo tiene una idea del sexo que le atrae tan poderosamente como para
romper la imagen idílica que tenemos de él. Lo que sucede es que, igual que
durante una época le da por tocar con las manos toda la comida para
experimentar con su textura, ahora tiene inquietud por comprobar porque los niños
tienen colita y las niñas no.
Si por un
momento nos olvidamos de lo que significa para nosotros el sexo en sí, y
pensamos con los ojos de un niño, no deja de ser un milagro, un fenómeno extraño
eso de que siendo personas, con los mismo gustos y juegos, resulta que hay
algunas "cosas" en nuestro cuerpo que nos hacen muy diferentes. Nosotros
tenemos ya hecha toda una teoría sobre ello, pero ellos lo único que tienen
son preguntas, que aunque se dirijan a partes del cuerpo, no dejan de ser
preguntas inocentes.
El que los niños
de seis años empiecen a tocarse, o a besarse, es tan normal como el que
sientan curiosidad por el mundo que les rodea.
Además ahora
hay otra influencia más: a la ya natural curiosidad hay que sumar el que a
los niños les encanta imitar comportamientos que ven en nosotros, los adultos,
en alguna película, serie...
¿Cómo
reaccionar ante esto? ¿Si vemos a unos niños jugando a los médicos, o enseñándose
los unos a las otras sus partes, qué debemos hacer?
Pues ante todo,
tranquilizarse y procurar ver las cosas desde el punto de vista de la
naturaleza y no desde el del escándalo. No debes echarle una bronca, ni
gritarle que eso es algo que no debe hacer. Una prohibición a veces puede
funcionar, pero en otras ocasiones no hace más que invitar al niño a que siga
haciéndolo, pero ahora con una sensación de que lo que hace está mal visto
por los demás y debe por tanto esconderse.
Piensa en ti: si
alguien te dice que no te quiere volver a ver haciendo algo que tu sabes que da
gustito, que no tiene ningún peligro, que es una forma de jugar agradable y que
el único problema que hay es que te vean los adultos...¿no intentarías seguir
a escondidas?
Tampoco
conviene asustarle con argumentos que tu hijo pueda fácilmente comprobar que no
son ciertos. Por ejemplo puedes intentar decirle que esos órganos son para
hacer caca y pis y que si se toca es una cochinada que además le puede
enfermar... entonces él pensará que, bueno, si se lava las manos, ya no hay
ningún problema, ¿no?
A lo mejor,
pese a estos argumentos, lo que te gustaría saber es de qué forma puedes
convencer a tu hijo de que no se toque, o no juegue... si ese es tu caso te
recomiendo que hagas un momento un pequeño examen de conciencia. ¿Qué
estamos temiendo? ¿Realmente crees que estos juegos les pueden perjudicar? ¿Por
qué crees que no está bien?
No basta con
decir que está feo y mal; reflexionemos un momento en por qué pensamos esto.
¿No puede ser que lo que pasa es que tenemos una imagen de la infancia un poco
idealizada, y que en esa imagen no entran cosas naturales? A lo mejor el
problema es nuestro y lo que tenemos que ampliar es nuestra idea de infancia.
El otro día
estuve con un sobrino que está a punto de cumplir tres años. Estábamos en la
piscina, él iba con su bañador y se pasó todo el santo día tocándosela. Su
madre me contó entonces cómo hacía unos días, mientras se tocaba el pene, el
niño notó como se le ponía erecto, y le preguntó a su madre "mamá,
¿qué le pasa a la pilila?". El niño empieza por experimentar, luego
nota que le gusta, y en ocasiones se acarician sólo por tranquilizarse.
Y es
que los niños y niñas alrededor de los cinco o seis años tienden a llevar su
curiosidad sexual más allá de la exploración de sus propios cuerpos e incluso
buscan el contacto con el cuerpo de sus amigos y amigas
a través del juego; a esta edad es frecuente jugar a enfermeras, a médicos, a
papás y a mamás e incluso darse masajes mutuamente. Cuando son más pequeños,
alrededor de los tres años, empiezan a descubrir que tocarse les gusta,
y los padres soléis observar como se llevan la mano a los genitales, sobre todo
los niños, y cuantas más veces se les dice que no lo hagan, más lo hacen,
como en todo.
Si lo natural
es tener curiosidad por el mundo, y parte de la inocencia que tanto admiramos en
los niños les lleva a no cohibirse con su cuerpo, a no tener vergüenza de
estar desnudos, ¿por qué nuestro interés en prohibirles estas exploraciones?
Quizás porque
nosotros tenemos una idea de tocar y tocarse completamente relacionada con el
sexo y tememos que el niño esté participando de eso muy pronto, pero ya hemos
visto que para él no hay nada perverso, que lo único que hace es jugar para
conocer más lo que le rodea.
Entonces, ¿qué
es lo que tememos?
Creo que en
este caso nos encontramos ante un tabú, un miedo o prohibición que
adoptamos de padres a hijos sin hablarlo ni pensarlo mucho. No lo hablamos
porque nos da vergüenza, porque nos parece raro, cuando lo cierto es que el que
los niños se toquen siendo pequeños es lo más normal del mundo, pero claro,
como no lo hablamos ni escuchamos que otros lo comenten, pues nos parece que es
algo rarísimo, que nuestro niño no es normal, que hace cosas que a nadie de su
edad se le ha ocurrido, y no es el caso.
Personalmente
creo que los tabúes son un error, que nos limitan como padres y como hijos:
las cosas hay que hablarlas, sin presión, sin miedo, somos seres humanos, y
hacemos lo que hacen los seres humanos. Partiendo de aquí hay que escuchar
y explicar, que no se hunde el mundo. Estoy de acuerdo en que es más fácil
recurrir al grito y a la prohibición que devanarse un poco el coco buscando el
modo de hacernos entender, pero a mi me parece que si uno se hace padre, es con
la idea de enfr3entar situaciones complicadas, y superarlas lo mejor posible.
Esta es una
situación complicada.
Requiere que
nos olvidemos de prejuicios y miedos, para hablar con normalidad.
Es difícil,
pero si ya desde pequeños los acostumbramos a poder hablar con nosotros de
cualquier tema, estaremos ganando una batalla decisiva de cara a la
adolescencia, donde ahí si que corremos serios peligros.
Mi consejo es
que tratéis con el niño las cosas con la mayor normalidad posible, y solo os
pongáis duros con él si os dais cuenta de que no se trata de una exploración
inocente.
Pero para esto
lo primero es hablar con ellos, no para reñirles, si no para responder a sus
dudas, acerca de por qué niños y niñas son tan diferentes, de dónde vienen
los bebés... Sobre todo esto el niños siente curiosidad y, francamente,
mejor que aprenda las respuestas por sus padres que no por cualquier otro cauce.
Ramón Muñiz Abad
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Evolución
de la Sexualidad en los Niños: |
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Hasta
los dos años:
no establecen diferencias entre géneros y tratan por igual a los niños
y a las niñas.
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A
partir de los dos años:
empiezan a establecer esta diferencia, pero al principio solo lo
hacen en función de ropas, pelo... los aspectos externos.
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En
torno a los tres años:
comienzan a ser conscientes de sus órganos sexuales, se miran
desnudos y empiezan a tocarse. Empiezan a fijarse en que los niños
y las niñas hacen pipí de forma diferente y a partir de ahí,
sigue una batería de preguntas sobre el tema.
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A
los cuatro años:
momento del exhibicionismo, les encanta desnudarse y miran y tocan a
los adultos. Empiezan a preguntar sobre el embarazo y cómo nacemos.
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Entre
los cinco y los seis años:
hay menos exhibicionismo, pero, aunque sepan más cosas, siguen
teniendo dudas sobre el porqué de las diferencias entre chicos y
chicas. Hay mucha separación a la hora de jugar, las niñas por un
lado, los niños por otro. Aparecen también muchos juegos de tipo
sexual, con contactos corporales, y les encanta decir palabrotas o
nombrar groseramente a los órganos sexuales.
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Después
de los siete u ocho años: tienen
más claras las diferencias físicas, asíq ue su propia evolución
les hace pedir ahora más explicaciones sobre la procreación o
cuestiones más científicas, como la forma de alimentarse el bebé
dentro de la madre, si nos escucha cuando está dentro...Es el
momento también de los primeros "enamoramientos".
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Hacia
los nueve años: las
conversaciones con sus compañeros suelen girar en torno a la
sexualidad, y aparece el pudor y la vergüenza a que se les vea
desnudos.
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