Laura
ha dicho que no sale y es que no sale.
La
abuela le hizo el traje. Todos los días de la semana Laura repasaba el papel, y
hasta lo representaba delante de sus hermanos. La madre la vio ensayar. “Lo
hacía muy bien”. El padre ha salido antes del trabajo y está, como todos los
demás, cámara de video en mano, delante del escenario. Graba, graba y graba,
pero Laura no sale. Se ha sentado detrás del escenario. Tiene seis años y un
disfraz de hada. Cuando le tocó salir en la obra de teatro Laura dijo que no
salía. Hay mucha gente y tiene vergüenza.
“El
día del teatro supe que teníamos un problema de verdad”. Habla Marta, madre
de una niña de seis años llamada Laura. “Había estado ensayando toda la
semana su papel, yo le cosí el disfraz, Laura estaba muy ilusionada siendo el
hada buena del cuento. Y de repente, cuando le tocó salir, se sentó y dijo que
no, que no salía. Y no salió.”. La hija de Marta es tímida, un problema que
no siempre nos tomamos en serio.
La
timidez encierra al tímido.
Le tapa la boca y le agarra como a Laura para que no se pueda mover. Los tímidos
no hablan ni preguntan; sienten
muchísima vergüenza, como si fuese un delito. Así que se van limitando,
conocen a la menor gente posible, evitan hacer cosas en grupo y cuando no
hay más remedio, hacen todo el esfuerzo posible para camuflarse y pasar
desapercibidos.
Al
principio es normal que un niño se sienta nervioso cuando llega a una clase
nueva o a un sitio donde no conoce a los demás. Pero si ese sentimiento normal
se queda para siempre, se convierte en problema, porque reduce la vida del niño,
le quita unas experiencias necesarias para que crezca.
A
veces no sabemos entender la gravedad de éste problema y lo dejamos pasar. Como
el niño no levanta la voz, ni grita, ni nos contesta, y no suele dar problemas,
podemos pensar que la cosa no es tan grave, que peor sería si nos diese la
tabarra. En realidad lo que pasa es que él está obedeciendo y asumiendo todo
lo que le digan porque prefiere eso antes que decir su opinión. Aunque ésta
“sumisión” nos evita ahora unos cuantos problemas, ¿te imaginas la que se
nos puede venir encima cuando sea adolescente y otros le empujen a hacer cosas?
“Pero hay muchos a los que se les pasa con el tiempo”. Sí, es verdad, pero
también lo es que hay muchos adolescentes con problemas de timidez que andan
diciendo en las encuestas que sin una copa o dos, no se ponen a hablarles a una
chica ni aunque les obliguen. Ahora que son pequeños es cuando les toca
aprender cómo se pueden decir los sentimientos y opiniones que uno tiene; si no
lo hacen, será un retraso que irán arrastrando. Las soluciones, como
siempre, cuanto antes mejor.
“En
la fiesta de su último cumpleaños ya debí empezar a buscar remedio a la
timidez de Laura”, cuenta su madre. “Escuché a otras dos madres que
hablaban de mi hija. Una acaba de saludarla, y la otra, sorprendida, le dijo,
“ah, ¿pero tu le hablas?, yo es que, como no me contesta nunca, pues he
dejado de hablarla” ¡Oye! Qué mi hija no te habla, pero te escucha, le dije
enfadada, pensando que ella era una maleducada y que allí se acababa todo el
problema. Tuvo que llegar lo del teatro para que me diese cuenta de que mi niña,
que no me daba problemas, era así porque se estaba encerrando ella sola en
una jaula, y no la estábamos ayudando a salir”.
Causas:
¿de dónde salen éstas hormigas en la barriga?
Como
cada año hay más psicólogos en el mundo, a éste problema le están cayendo
encima unas cuantas investigaciones por año. Así hoy parece demostrado que
algunas personas, más que tímidas, serían “muy reactivas”. Ya desde bebés
lloran más en un entorno desconocido, se asustan más fácilmente ante
ruidos... Un experimento reciente demostró que, ante fotos de desconocidos, los
niños tímidos tienen una actividad mayor en la parte del cerebro que controla
las emociones.
Pero
esto no es más que el comportamiento del cuerpo. Las causas de por qué un
niño puede ser tímido hay que buscarlas en casa y en el colegio.
Los
genes no tienen nada que ver, pero a veces la timidez de un niño es transmitida
por sus padres. Si sois tímidos, lo más seguro es que se os haga difícil
salir, hablar con los demás, y eso es algo que el niño ve. Sus primeros
comportamientos suelen ser un espejo de los padres. Otras veces
puede ocurrir lo contrario: los padres son muy perfeccionistas y
el niño se cría en ese clima de exigencia, temiendo que si hace algo por su
cuenta no estará a la altura. Pasa a veces cuando sus notas no han sido muy
buenas y él se había esforzado. Un error que nunca debemos cometer es
enfadarnos con él de manera que sienta que, como se ha equivocado, ya no le
queremos.
Ésta
sensación de inferioridad también se la puede provocar un hermano que sea
un lumbrera y destaca mucho; o en cambio porque siempre se meta con él
por un defecto físico. Esta pequeña tragedia es algo muy común en el
colegio, donde los niños, aunque angelitos, a veces pueden ser muy crueles.
En
general los niños tímidos lo son porque no se valoran en relación a lo que
les rodea. Y eso puede ser porque los que le rodeamos le damos mucha importancia
a algo en lo que él no puede destacar o no lo ve. Si los chicos se
obsesionan con el fútbol y a él éste deporte no se le da bien, pasará a ser
el torpe del grupo; si es el ligoteo lo que más ven sus amigos y a él no le
apetece o no se siente motivado, poco a poco, con cada experiencia negativa se
irá haciendo un muro con el que aislarse. Tendremos que hablar con él y
explicarle la relativa importancia que tienen éstas cosas en el enorme mar de
cosas que tiene la vida.
Otra
forma de meter al niño en éste mal traje la ponemos nosotros con la
sobreprotección. “Nosotros, como tuvimos una infancia difícil, quisimos
hacerlo todo por Christian”, dicen Javier y Lucía, sus padres. “No nos
dimos cuenta de que, al dárselo todo, él nunca tenía que tomar decisiones, ni
sufrir malas consecuencias. Al final es como si proteges a un pájaro mucho y
para ello le tienes en una jaula bien alimentado y cuidado. El día en que abres
la jaula te das cuenta que él no quiere salir, que sin los barrotes se siente
indefenso”.
Soluciones:
cómo romper el muro, piedra a piedra.
Para
un niño tímido los demás son un mundo peligroso donde puede quedar en
evidencia. Es como si tuviera miedo a cruzar un puente... ¿cómo se le puede
quitar? Pues haciéndole que lo cruce poco a poco, para que vea que no pasa
nada, que sus miedos nunca se cumplen. Y así, experiencia a experiencia, va
amontonando una seguridad que le hace no detenerse nunca más ante ningún
puente.
Lo
bueno que tiene éste problema es que, una vez encontramos esa experiencia donde
él se siente cómodo y es capaz de disfrutar a la vez que aprende a
relacionarse, una vez encontramos esa llave, todo es coser y cantar.
Lo
malo, es que hay que ir con cuidado: a un niño tímido que le guste el
teatro puede funcionarle ésta actividad, pero si cogemos y metemos en un
escenario a otro al que no le guste, al final el niño se siente peor, más
incomprendido, y traicionado por unos padres que, sabiendo lo mal que lo pasa,
parece que les da igual.
Nosotros
te proponemos las siguientes actividades. Unas le pueden servir a tu hijo, otras
le harán sentirse peor. Tu tienes que valorar cuál es aquella en la que tu
hijo lo tiene más fácil:
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En
el colegio tu podrías quedarte a la salida hablando con otros padres, para
después quedar juntos o invitar a uno de sus hijos a merendar a casa.
-
No
necesitan que les protejas aún más, necesitan sentir que ellos son capaces
de hacer cosas, que sus ideas son buenas, que se les da bien algo... no
pierdas ocasión en reconocerle cualquier mérito.
-
Si
tu hijo tiene problemas con un compañero en concreto que se esté burlando,
tendrás que ayudarle a superarlo.
Dile que hay otros chicos, y que éste, si se porta así, es que realmente
no merece la pena.
-
Ponle
retos. Por ejemplo, le dices que vais a ir a un restaurante y que será
él quien pedirá la comida (con la ayuda de mamá), o que la próxima vez
que vayáis a comprar un jersey, lo elegirá él...
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El
teatro es una magnífica actividad en la que un niño tímido puede
actuar como otra persona y aprender de esa experiencia. Es más, ¿puede
conseguir mucho éxito! Catalina Sandino, la actriz que ha ganado el último
festival de cine de Berlin, empezó sus primeras clases de interpretación
porque sus padres le apuntaron para que superase su timidez.
-
Igual
que el teatro, los deportes de equipo (fútbol, baloncesto, voleibol,
danza...) necesitan que todos se hablen. Sería una buena idea apuntarle a
un equipo. También los de lucha, tipo judo o kárate le darán confianza
en su fuerza.
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Un
juego relacionado al teatro: las marionetas. Con ellas se Interpretan
papeles, se inventan personajes, y además las puede utilizar para canalizar
sus sentimientos. En general cualquier juego donde tenga que simular a otra
persona le vendrá bien, ya sea a los médicos, a los exploradores, a los
bomberos, a policías y ladrones,...
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Puede
ser buena idea apuntarle a un grupo de convivencia, como los Scouts.
Si es más mayor y tiene inquietudes, participar en una ONG le hará
sentirse útil y en comunicación constante con otros que le valoran.
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¿Internet?
No es bueno siempre: el hablar solo con gente por internet es una salida
falsa, pues no se aprende a tratar a los que están fuera de la red. Si
gracias internet tu hijo “queda” con otros como él, sí que le estará
ayudando.
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Una
buena técnica puede ser la lectura. El que tu hijo te lea a ti, en
voz alta, un poema o un cuento suyo. Y que gracias a tus elogios se atreva a
leérselo a más familiares o personas de confianza, aumentando el círculo
progresivamente. Leer le hace exteriorizar cosas, y el tener un papel
delante le concentra en la lectura, no en sus miedos. Después de ello será
más fácil hacerle preguntas de vez en cuando y que empiece a soltarse, ya
sin un papel delante.
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Las
aficiones artísticas le ayudarán a exteriorizar emociones por un canal
por el que además puede conseguir felicitaciones. Modelar con arcilla,
pintar, tocar un instrumento.