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La educación y la enseñanza infantil de 3 a 6 años: ¡Mira lo que hago!


Autor de los libros más vendidos en España sobre educación, Bernabé Tierno conoce mejor que nadie las claves de la psicología de los niños. Cómo van dando sus primeros pasos, cómo esa hoja casi en blanco que es su mente al nacer, va comprendiendo gestos, sensaciones, palabras, normas...

Por todo ello el célebre escritor (al que podemos ver en Antena 3 los miércoles por la mañana), a iniciado una serie de libros en los que explica las diferentes etapas del desarrollo de un niño. Hablamos con él del primer libro: “La educación y la enseñanza infantil de 3 a 6 años”.

Somos Padres: En el libro hace una descripción muy precisa e ilustrativa de cómo percibe el niño todo lo que le rodea y de cómo eso irá cambiando poco a poco. Una de las cosas más interesantes que dice es que los niños no tienen una idea muy clara de lo que es el tiempo, de cómo pasan los días...

Bernabé Tierno: Las nociones de que hay un pasado, y una sucesión de días, se van formando poco a poco. Nosotros ahora mismo estamos aquí, y nos situamos en ésta conversación con el bagaje de muchos años de estudio, de haber hecho otras entrevistas... el niño no tiene ninguna experiencia del mundo, no hay un pasado que le explique el presente. Sin esos referentes, para él al principio todo es una sucesión de días, de actividades, cada una independiente... sin relación con lo de antes. 

SP: Dice que por eso la mente del niño se dispersa al atender mucho, ahora a esto, ahora a lo otro; y que una de las consecuencias de ello es que los castigos que no se produzcan en el momento (los que son del tipo “el sábado no vas al cine”), cuando llega el momento de cumplirlos, al niño se le ha olvidado porqué está castigado....

BT: Eso es así y quien haya utilizado ese tipo de castigos con niños tan pequeños se habrá dado cuenta de lo poco que sirven. Tendemos a mirarle y a juzgarle según nuestra forma de pensar, y según nuestra forma de pensar está claro que cuando hay una causa, luego viene la consecuencia. Hay cosas que suceden hoy y que decimos que son consecuencia de algo que se hizo mal hace años. Así es cómo pensamos nosotros. Pero en la mente del niño, que tiene una memoria frágil, la causa y el efecto tienen que ir seguidos, porque si no, no lo entiende.

Esa es una consecuencia, la de los castigos, que tienen que ir seguidos a lo que haya hecho mal. Pero hay otras actitudes nuestras que funcionan como consecuencia de esto. Por ejemplo, nosotros tenemos experiencia, el niño no puede echar mano de unos conocimientos del pasado, no tiene referencias propias... así que necesita las de otros. Por eso le encanta que le cuenten sus padres o sus abuelos las cosas que les pasaban cuando ellos eran niños.

SP: Una idea que ustedes los educadores tienen clara, pero que a los padres les cuesta practicar. Dice que en éste momento lo que el niño más busca es llamar nuestra atención; y que a veces, si hace algo malo, el que le hagamos caso para regañarle es peor que ignorarle. En el libro pone un ejemplo: Daniel quiere decirle algo a su madre, pero ella no le hace caso (pongamos que está hablando por teléfono). Entonces Daniel sigue llamándola. Como no consigue nada, va y tira un jarrón. Si la madre le regaña usted dice que la moraleja que saca de ahí el niño es que haciendo cosas malas conseguirá que le hagan caso. ¿Qué debería hacer entonces una madre en ese caso?

BT: El subtítulo de éste libro es “mira lo que hago”. Buscan nuestra atención para que les queramos, para que les contemos, para que respondamos a las muchas preguntas que podamos hacer. Si tu estás enamorado, por ejemplo, lo que más te duele es que tu enamorada no te haga caso. Aquí pasa algo así. El niño quiere que le mires. Si no puedes, lo que hay que hacer es decirle cuándo podrás atenderle. “Después de comer vemos esto”, o “cuando acabe de hablar por teléfono me cuentas eso y también lo otro”. Y ahí si que se espera, es más, se calma y puede que luego eso que era tan urgente se le olvide. Lo único que no aguanta es que le des largas. Hay que explicarle cuándo podremos atenderle.

SP: Siguiendo un poco con la disciplina, el mayor problema que encuentran los padres con niños de éstas edades es que ahora ya te comprenden, ya entienden lo que les hablas. Por lo tanto es normal que se les empiece a decir que hay una serie de reglas... una serie de reglas que en ese momento entienden pero que luego se saltan muy fácilmente. Vuelves a hablar con ellos y de nuevo, la misma historia. ¿Qué se les puede pedir y qué no? ¿No basta con explicarles que hay unas reglas para que las acepten?

BT: Vuelvo a lo de antes: tienes que poner tus actitudes y tu lenguaje a la altura de lo que puede asimilar su cerebro. No entiende las normas si se las explicas en abstracto, ni si le dices que las cosas son así “por que sí”. Pero en cambio entiende muy bien los ejemplos concretos. 

“¿Ves como papá se para cuando está el semáforo en rojo? Si todos hiciéramos lo que quisiéramos, porque tenemos mucha prisa, como tu ahora que quieres ir al parque, al final chocaríamos y nadie podría hacer nada. Tiene que haber un orden, hay que saber esperar”. ¿Que quiere siempre comer la misma cosa? “Ves que hay día y noche. Si siempre fuese día las plantas se quemarían y nosotros no podríamos dormir. Tiene que haber un poco de todo”. Las profesiones también son un buen ejemplo, hacerle ver que cada cual ocupa su sitio, que todos nos necesitamos a los demás. ¿No quiere hacer los deberes? Explícale que a veces sus padres tampoco quieren ir al trabajo, pero que si no lo hacen él no podría comer, ni vestirse... que a veces hay que hacer cosas aunque no quieras...

SP: Empiezan a hablar, a relacionarse con otros en el parque, en la guarde... ¿qué importancia tiene en éste momento los amigos? ¿influye mucho? ¿de qué forma? Con éstas relaciones también surgen competiciones entre primos, hermanos y amigos por las cosas más absurdas. Algo así parece casi “natural”, pero, ¿se debe intentar parar éste afán de competitividad? 

BT: El estar con otros de su edad es imprescindible. Con ellos aprenderá a compartir cosas, y a “aguantar” las cosas de los demás, que si por ejemplo le empujan, no pasa nada, no es ningún drama. En una palabra: aprende a no ser un superprotegido. Y eso no se lo vamos a poder enseñar nosotros.

Las relaciones empiezan poco a poco. Primero con otros hermanos (si los hay), con los hijos de los vecinos, luego el parque, luego la guardería...

¿La competitividad? Hay que controlarla. Tiene que entender que no puede ser el número uno siempre. El mensaje que hay que darle, no es el de que trate de ser el número uno, sino que intente ser el que mejor se lo pasa.

SP: ¿Cuál es el mejor método para animarles a la lectura? ¿Leerles? ¿Darles comics? Muchos padres que intentaron presionar para que sus hijos lean a larga se han dado cuenta de que así, al final el leer parecía una obligación, un castigo... pero si no se les induce a ello, nadie lo hará.

BT: Es necesario hacer que la lectura le entre de forma natural. Para ello tenemos que meterlo en la casa de la misma manera. Que vea que en la mesilla de noche de sus padres hay libros, que él tenga un libro en la suya y que se adapte a su capacidad. Que nos vea leyendo alguna tarde (por ejemplo el periódico). Comentar con él y entre vosotros el libro que os estáis leyendo cada uno. Y, claro, si no sabe leer, hay que leerle, pedirle que cierre los ojos e imagine.

Muchas gracias.

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