Vale.
El verano es cosa de playa, y por tener, tenemos una costa envidiable. Pero, ¿y
la primavera? Los primeros calores invitan a salir de casa pero tampoco está la
cosa para chapuzones. Y en cuanto a la nieve, ya nos podemos empezar a despedir.
¿Cuál es el mejor sitio para escaparse ahora en primavera?
Es
tiempo de mirar a los tesoros del interior de la península, y
ahí, Cáceres, juega ahora con ventaja.
No
se trata solo de que al caminar por sus calles también estemos viajando en el
tiempo, reconociendo en cada fachada, en cada esquina, épocas pasadas, de esas
que a veces nos toca repasar con los niños en sus libros de historia. Este
encanto es algo que atrae a la gente todo el año, y por lo que merece la pena
ir en cualquier momento. Bonito, sí, pero no justifica en tirón que tiene ésta
localidad por éstas fechas.
Según
parece, el secreto está en un milagro de la naturaleza, llamado el Valle del
Jerte, en el cual una población de dos millones de cerezos se pone de acuerdo
para abrir sus flores y cubrir con su manto de blancas una vista espléndida.
Por si fuera poco, al artista que se le ocurrió el ingenio, todavía le quedó
tiempo para añadir un bandada de aves de distintas especies, además de la
delicadeza de poner un mirador que todo lo preside, y desde el cual se puede ver
éste espectáculo al atardecer, como quien ve una obra de teatro.
Solo
por éste fenómeno merecería el paseo, pero es que además Cáceres es una
provincia donde hay mucho de lo que disfrutar, y, para que negarlo, no todo está
en sus paisajes: también nos lo podemos encontrar en un buen plato. ¿De qué?
De jamón de bellota, de migas extremeñas, de cerezas del Jerte, de pimentón
de la Vera, de..., de....
Pero
bueno, vayamos por etapas. Primera parada: Cáceres capital.
Cáceres
Ciudad, donde las calles hablan de historias pasadas...
Ésta
ciudad está hecha para pasearla, andando despacio, pues cada rincón, cada
portal, es una sorpresa. El casco antiguo de Cáceres más que una ciudad es un
museo de fachadas y viviendas, con recuerdos de casi todas las culturas que la
han conocido. Ello le valió que la UNESCO la nombrase Patrimonio de la
Humanidad en 1986. Ha sido también elegida por distintas organizaciones
internacionales que hacen allí festivales de música (que os podéis encontrar
en la primera semana de Mayo) y medievales; en parte también a lo bien
comunicada que se encuentra, siendo punto de encuentro de andaluces,
portugueses, castellanos y madrileños (éstos últimos, a solo dos horas en
coche).
Podemos
comenzar nuestro recorrido por la Plaza Mayor, siempre concurrida por
chiquillos que quedan, turistas despistados, y bares que ya empiezan a instalar
sus terrazas. Tras subir unas escalinatas, accedemos al casco antiguo por el Arco
de la Estrella. Nos parecerá antiguo, pero los efectos de la
“modernidad” también pasaron por él: en el siglo XVIII tuvieron que
reconstruirlo para hacerlo del tamaño actual porque si no se producían los
primeros “atascos” con los carruajes. Tras dejar atrás la muralla,
accedemos a la Plaza de Santa María, lugar de encuentro con la catedral,
que tiene una fachada gótica (s.XV) y otra renacentista (s.XVI). Nosotros nos
quejamos ahora de lo que tarda el fontanero o la constructora, pero en aquella
época las edificaciones las empezaba una generación para que la disfrutase la
siguiente.
Cerca
de la Plaza, nos sorprenderá el encuentro con un resistente, con un desclasado.
Se trata de una casa de estilo mudéjar, que además de diferente por su
cultura, lo es por su sencillez. La suya es una historia como la de Astérix y
Obélix, pues, lo cierto es que, en la época de esplendor de la ciudad, los
nobles no tuvieron empacho en echar a los humildes fuera de lo que ahora es el
casco antiguo para construir sobre sus casas los palacios que hoy admiramos.
Seguimos
caminando por pendientes pronunciadas, pero con un entorno que invita a no tener
prisa. Entre las fachadas de piedra aun podemos encontrar algunos bares rústicos
donde parar a descansar si el camino se hace cansado. Otra opción es la de
esperar hasta dar con un restaurante que se encuentra en el patio de la
imponente Torre de Sande, edificio del siglo XIV hoy cubierto de hiedras.
En
cualquier caso, más pronto o más tarde nos encontraremos con una construcción
de sonoro nombre: la Iglesia de la Preciosa Sangre. En Cáceres mejor será
irse acostumbrando a éste tipo de títulos que tanto sorprenderán a los pequeños,
como por ejemplo la llamada Casa del Mono, o el Palacio de los
Golfines. También son sitios interesantes el Palacio de Moctezuma
(construido por una descendiente del último emperador azteca), el Rincón de la
Monja, el Hospital de los
Caballeros, y el enorme Palacio del Comendador, hoy convertido en Parador
Nacional de Turismo.
Trujillo:
una ciudad hecha con aires de conquista.
A
no muchos kilómetros de Cáceres tenemos otra ciudad más
pequeña pero entrañable: Trujillo. Se trata de una población
que ha crecido en la ladera de un cerro, lo que puede provocarnos que, si
cometemos la ingenuidad de meternos en coche por las estrechísimas calles del
casco antiguo, nos encontremos con una vía cortada y tengamos que hacer virguerías,
en marcha atrás, y por unos desniveles de esos que no se los subía ni Perico
Delgado. Experiencias propias a parte, Trujillo es un buen sitio para acercarse
en coche a mediodía y ponernos a saborear en alguno de los numerosos
restaurantes instalados en la Plaza Mayor. Después de ello la sobremesa
reclama paseos cortos y espacios donde los pequeños puedan corretear. En la
propia plaza Mayor encontraremos huellas de la época dorada de Trujillo, que se
vivió con el descubrimiento de las tierras americanas, o más concretamente,
con el oro que allí había. No en vano la Plaza está presidida de manera
colosal por una estatua de Francisco Pizarro a caballo, que pesa nada
menos que 6.500 kilos y que es la réplica de otra que hay en Lima. A la estatua
la guarnecen edificios que primero fueron de sencillos mercaderes, pero a los
que el comercio de América fue elevando de categoría, y con ellos, la Plaza
entera, que hoy en sus fachadas renacentistas alberga incluso escudos
nobiliarios. Llama la atención por ejemplo la Casa de la Cadena, con una
inmensa insignia en su esquina, símbolo de que el rey había otorgado a sus
habitantes el derecho de asilo.
Si
vuestros hijos empiezan a verse superados ante tanta clase de historia por todas
partes siempre podéis deteneros a jugar un rato en la Plaza Mayor o en los
parques de la parte baja de la ciudad. Aunque si queréis sorprenderlos mientras
disfrutáis vosotros también, os recomendamos que os subáis a alguno de los
carros de caballos que hoy recorren la ciudad.
Alojamiento
·
Sol Meliá ****
Si
lo que buscas son comodidades y atención, la cadena hotelera Sol Meliá tiene
un hotel en Trujillo (Plaza del Campillo 1) y otro en Cáceres (Plaza de San
Juan, 11). El de Trujillo está
acomodado en lo que antes fue un convento, mientras que el de Cáceres es un
antiguo palacio cercano a las murallas del casco antiguo.
·
Extremadura Hotel ****
También
puede ser una opción a tener en cuenta. Es un hotel reciente, lujoso, y está
cerca del casco antiguo.
Valle
del Jerte y Parque Nacional de Monfragüe: la naturaleza que no vemos en
televisión.
Esto
es otra historia. Fuera de las ciudades, se encuentra uno en Cáceres un
paisaje extraño, a medio camino entre la frondosidad y el verdor de Galicia o
Portugal, y las explanadas inmensas de Andalucía. El resultado, que sorprende
al que lo ve por primera vez, no deja de ser un regalo de la naturaleza.
Se
trata de un paraje, como de cuento, donde caben las palmeras con el limonero, la
hoja del tabaco, o el madroño. Inmensas llanuras de pastos que parecen jardines
cortados a mano, con sus encinas bajo las que descansan vacas bravas, y de
cuando en cuando, un río de aguas claras o un charco lleno de ranas. Un suelo fértil
increíblemente no deja paso con facilidad a los secanos castellanos.
Y
entre tanto colorido, el milagro. O como lo llama la oficina de turismo, “un
reducto de bosque mediterráneo en el corazón de Extremadura”, o lo que es lo
mismo, el Parque Natural de Monfragüe. Es naturaleza en estado puro, con
animales y árboles que llevan a la familia lejos, muy lejos de lo que estamos
acostumbrados a vivir los urbanitas. Razón por la cual no siempre se vence la
tentación de llevarnos una cámara de fotos con la que llevarnos un poquito de
esto a casa.
El
Parque Nacional de Monfragüe es regado generosamente por el
Tietar y el Tajo y en él se refugian encinas, romeros,
alcornoques además de doscientas especies de vertebrados tan difíciles de ver
como el lince, el gato montés o distintas clases de águilas y cuervos.
Vigila
el parque, desde lo alto de una montaña, un castillo del siglo XII.
Cuenta la leyenda que a éste castillo lo rodearon los árabes. Los
caballeros que lo custodiaban no sabían que hacer, hasta que de repente les dio
la solución una voz femenina. A la mañana siguiente cuando los árabes
entraron al castillo no vieron a nadie al principio. Después se les apareció
la virgen de Palestina, rodeada de lobos fieros y salvajes. Los árabes,
desconcertados, abandonaron para siempre el castillo. ¿Los caballeros? La
virgen les había ofrecido convertirlos en lobos a cambio de que custodiasen el
castillo y sus alrededores ...para siempre.
El
lugar que sería imperdonable no visitar es el llamado Salto del Gitano,
un mirador al que se puede acceder cómodamente desde la carretera, y desde el
cual se pueden divisar fácilmente las buitreras.
El
Valle del Jerte es una comarca de once pueblos de esos que se recorren
andando en media hora. Se llama así por el río que lo atraviesa, que fue
bautizado por los árabes como Xerete, es decir, de aguas transparentes.
La
visita debe comenzar en el Centro de Interpretación de la Reserva Natural,
en Jerte, donde podremos obtener mapas con las distintas rutas medievales y
romanas.
En
el Valle, además de poder perdernos por sus pueblos, es visita obligada la
llamada Reserva Natural de La Garganta de los Infiernos. Si le ponéis un
tono misterioso al decir éste nombre, podéis conseguir que los niños vean en
lo que les rodean aún más magia de la que ya hay. Pues, además de
encontrarnos con la frondosidad de un bosque de robles, podemos encontrarnos con
un fenómeno de la erosión llamado Marmitas de Gigantes, que no es otra
cosa que pozas de agua que se han creado en rocas.
Alojamiento
·
Hospedería
Valle del Jerte **** c/Ramón Cepeda 18 (Jerte)
Si
quieres tranquilidad éste es tu sitio. Acondicionado en una antigua almanzara,
ha sido rodeado con jardines japoneses y tiene unas impresionantes vistas a todo
el valle. A los niños menores de once años les hacen una rebaja del 50 %.
·
Hospedería Hotel Monfragüe **** Ctra. Plasencia-Trujillo Km. 39
Hotel
moderno por su arquitectura y decoración. Tiene servicio de canguro, área de
juegos y la posibilidad de incorporar cunas a las habitaciones. Los niños
menores de doce años duermen en la misma habitación que los padres sin coste
alguno.
En
otras zonas de Cáceres
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Finca La Herrería, en Villanueva de la Vera
Sin
duda una de las ofertas más atractivas para aquellos que busquen una auténtica
escapada. Ofrece la tranquilidad de estar en un lugar privilegiado por la
naturaleza, además de actividades de golf, hípica... Habitaciones amplias y
atractivas. 605 25 20 60
·
Hospedería Hurdes Reales **** Ctra. Factoría S/n
927 434 139
Situada
en la localidad de las Mestas, a unos precios muy asequibles, añade el
atractivo de que los niños no pagan por el alojamiento.
·
Casa Rural Los Montejos, en Valverde del Fresno. 927 510 266
Muy
acogedora y bien decorada. Es una alternativa que cuesta más o menos como un
hotel, pero que tiene un encanto especial.