Es oficial: ya es primavera también fuera del Corte
Inglés. Las pruebas están ahí en la calle: suben las temperaturas, las flores y
hasta la hierba. Algunos pasean ahora fuera de casa y se encuentran pájaros
cantando, otros no necesitamos esperar a la tarde para oírlos, ya de madrugada
nos deleitan con conciertos cerca de la habitación.
Y es que la primavera es un pelín desigual:
mientras unos empiezan a sacar la toalla y el bañador, otros preparamos los
pañuelos y el inhalador.
Se calcula que ya hay un 20% de españoles para
los que la primavera es más una amenaza que una alegría, y en los próximos
años aún van a ser más las personas afectadas por la alergia. Uno de los motivos
de éste aumento nos lleva a un dilema sobre el progreso que estamos
llevando: como cada vez nos vacunamos más y prevenimos todas las
enfermedades que podemos, nuestro sistema inmunológico se está debilitando. Los
ataques de virus que estamos evitando (por higiene, vacunas...), al ponerlo a
prueba estimulan el desarrollo de éste sistema que se encarga de protegernos de
forma natural; pero como estamos evitando éstas agresiones, el organismo cada vez está menos preparado
para enfrentarse a ellos. Es como el dedo meñique del pie. Con los zapatos cada
vez lo usamos menos, y por eso está perdiendo agilidad generación a generación.
La manera en que protegemos el sistema inmunológico lo está debilitando
de tal manera que sustancias que antes eran inofensivas, ahora nos hacen
estornudar, llorar y respirar con dificultad, como les ocurre a los alérgicos al
polen.
Alergia al polen: pequeñito pero matón.
Cuanto antes sepamos si nuestro hijo es alérgico
mejor podrá vivir. Las alergias son enfermedades que vienen por un fallo en
nuestra genética, algo que no se puede curar. Pero lo que sí se puede hacer es
que las células que reaccionan de ésta manera tan molesta, acaben
estabilizadas gracias a un tratamiento que permite que continúe ese defecto
genético, pero que ya no nos moleste para nada. Por eso es importantísimo detectar pronto ese riesgo en nuestros
hijos, así podrá recibir una medicación que prevenga y controle esa inminente
alergia, evitando que se convierta en una enfermedad que le acompañe para
siempre.
Haz que tu hijo se haga las pruebas si tienes
alguna sospecha, y para ello no importa que sea aún muy pequeño. Los
especialistas ya pueden detectar el riesgo a cualquier edad. Por eso es
importante que estés atento a cualquier señal, sobre todo cuando tu pequeño
parezca tener un catarro. Los efectos de la alergia al polen se le parecen mucho
y es un error habitual ir dejando pasar los años sin ponerles en tratamiento
porque creemos que el niño solo tiene un resfriado primaveral.
Ten mucho cuidado: el catarro solo dura una semana
y provoca cansancio y fiebre; las alergias no traen nada de esto pero sigue con
nosotros durante meses. Conclusión: lleva a tu hijo al médico si ves que un
resfriado no se le pasa en una o dos semanas.
Si el alérgico eres tú, tampoco lo dudes. Hazle las
pruebas a tus hijos, pues aunque ésta no es una enfermedad que se transmita
siempre, los hijos de los alérgico sí que tienen muchas más probabilidades
de acabar desarrollando algún tipo de alergia.
Otro error corriente es le de creer que la culpa de
todo la tienen los copos blancos o pelusilla que salen de los chopos y otros
árboles. En realidad a los alérgicos al polen éstas pelusas les pueden
molestar (como a todos) pero no les provocan alergia: su
enemigo es el polen, que es una especie de polvo que cuando lo vemos en las
plantas es amarillo pero que cuando flota en el aire se hace invisible a
nuestros ojos. Éste polen es el que fecunda a otras plantas para
que se reproduzcan en ésta "época de apareamiento floral" que llamamos
primavera. Es a las plantas lo que los espermatozoides a los humanos.
Aunque no lo veamos, si que sabemos algunas cosas
de ésta cosita microscópica que tanto nos hace llorar:
-
En las primeras horas
de la mañana, las plantas emiten un polen que, antes de anochecer, al
enfriarse el aire, baja de nuevo al suelo. Si tu hijo es alérgico haz que en
éstos dos momentos esté en el interior de una casa o, desde luego, que evite
los parques, bosques o lugares con mucha vegetación. Es importante que si
dormís con las ventanas abiertas por el calor, te acuerdes de cerrarlas
antes de que empiece a amanecer.
-
La lluvia y el frío
reducen la concentración de polen.
-
En las ciudades
suele haber menos polen: los edificios actúan como barrera contra el
viento que flota cargado de éstas partículas. Además el calor del cemento y el
asfalto crean corrientes de aire caliente que empujan al polen hasta unas
alturas en las que no respiramos.
-
Las zonas de
interior son más difíciles para los alérgicos que las que están cerca de
la costa.
-
Consulta las
mediciones de polen para evitar los días y sitios más peligrosos. Recuerda:
por norma general los alérgicos empiezan a reaccionar mal a partir de 50
granos/m³.
Aunque la alergia no nos haya afectado a nosotros
directamente, nos incumbe porque cada vez más niños van a tener que vivir con ella. Datos: en los últimos diez años la
cantidad de polen alérgico se ha multiplicado por cinco en nuestro país.
Estimaciones: según los expertos, en los próximos veinte años la mitad de los
europeos tendrá algún tipo de alergia.
Aunque hoy cuando hablamos de alergia lo hacemos de
una enfermedad crónica, el lado positivo de éste aumento de casos es que está
provocando que cada vez más médicos y laboratorios estén investigándola,
con lo que es posible que en los próximos años vayan surgiendo tratamientos y
vacunas cada vez más eficaces.
Texto:
Ramón Muñíz Abad
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