Lo
que dice el niño con los dibujos
Llegan
las visitas y de repente uno de los padres enseña a los demás un folio con
extraños garabatos. En su rostro se refleja el mismo orgullo que si se tratase
de un Picasso. “Lo ha hecho mi hijo, que tiene tres años”.
A
los adultos nos resulta sorprendente y encantadora la facilidad que tienen los
niños para el dibujo. Empiezan desde muy pronto, ya con el puré, que para
nuestra desesperación no lo entienden como un alimento, sino más bien como una
masa con la que se pueden hacer círculos y rayas; por no hablar del barro, que
para él es solo una sustancia extraña que en sus manos hace formas extrañas.
Al
darle unos lápices y folios la cosa evoluciona y logramos una producción artística
con la que llenar cajones, carpetas, neveras y hasta algún marco en el despacho
de trabajo.
Pero
además de para entretenerle y decorar nuestros hogares, los dibujos le sirven al niño para expresar sus sentimientos y
preocupaciones. A su edad no tiene la madurez necesaria como para que llegue
y nos diga “oye, tenemos que hablar del poco tiempo que pasáis conmigo o de cómo
le hacéis cariños a mi hermano y a mi no”. A pesar de sentir esa preocupación
no tiene la madurez de iniciar una conversación. Pero el
hecho de que no nos lo diga, no significa que no tenga preocupaciones que le
hagan sufrir. Las tiene y las expresa, pero hay que estar atentos.
El
dibujo es un modo de expresarse que empezó a manejar antes de que supiese
hablar o escribir. Muy a menudo el sol, los árboles, la casa y las personas que
dibuja son en realidad símbolos, palabras con las que expresa esa preocupación
que no puede decirnos en una conversación.
Un
antiguo error que afortunadamente ya está cambiando es el de solo prestarle
atención a los dibujos de un niño si destacaba por sus dotes artísticas. En
la infancia hay que estar atento a las preocupaciones que sientan éstos pequeños
que ahora están descubriendo el mundo. Si sus dibujos nos pueden ayudar a
comprender mejor qué es lo que le preocupa hay que animarle a ello y olvidémonos
de momento de valorar su talento artístico.
Desde los años 60 educadores, científicos y psicólogos han ido estudiando éste
modo de expresión de los más pequeños, llegando, eso sí, a las conclusiones
más extravagantes posibles: que si el humo de la chimenea va hacia la izquierda
demuestra inseguridad, que si dibuja muchos círculos es en parte porque
recuerdan su pasado como célula, que si la persona a la que dibuja tiene el
brazo derecho más largo que el izquierdo demuestra mucha seguridad en sí
mismo...
Conclusiones
“peculiares” aparte, sí que hay algunas pautas que debemos considerar:
-
Un
dibujo es importante pero no definitivo. Con él un niño puede expresar lo
que siente, o cómo le gustaría que fueran las cosas. Hay que estar atentos
a los elementos que se repitan.
-
Nunca
tomes el dibujo como explicación en sí misma. Habla con el niño y que te
cuente el dibujo. Por ejemplo los dibujos que hace sobre la familia nos
aclara cómo se siente él respecto a los demás. Pregúntale por qué a
dibujado a unos familiares y no a otros y analiza sus respuestas. A veces
cuando llega un nuevo hermanito a la familia y el niño se siente desplazado
por él no le dibuja. Aunque diga que “no había sitio para más” puede
estar indicándonos que realmente lo que le gustaría es que el hermanito no
estuviera,
-
Atentos
al destinatario. Gran parte de los dibujos que hacen los niños los hacen
para una persona y solo para esa persona; para la profe, para mamá o para
el hermano que está en el hospital... lo que expresa el dibujo es un
mensaje pensado para esa
persona.
-
A
los niños no conviene darles instrucciones muy concretas cuando van a hacer
un dibujo. El hecho de que ellos elijan un tema y no otro resulta más
expresivo y esclarecedor para nosotros. Pero a veces conviene estimular un
poco a los niños, poniendo a varios a hacer un mismo dibujo. Un ejemplo
sugerente es el que hicieron dos científicos llamados Kos y Bierman. En
Alemania en 1973 les
propusieron un cuento a 4000 niños. “Imaginar que una bruja viene y hecha
un conjuro a toda vuestra familia, ¿en qué se transformaría cada uno?”.
Los resultados fueron muy sorprendentes.
Hay
que recordar siempre que la forma que tiene un niño de ver el mundo es distinta
a la nuestra, y a veces, algunos detalles que nos pasan sin darle mucha
importancia él los vive como un drama durante varias semanas. Puede haber sido
un beso que vio en una película, un accidente que pasó por televisión, una niña
que vio una sola vez pero que le impresionó… el mundo en el que vive es
extraordinario y lleno de sorpresas. Debemos acostumbrarle a contarnos las cosas
que le preocupan, pero sabiendo que no todo es fácil de explicar para un niño,
y que a veces le resultará más fácil contarnos un dibujo que contarnos sus
problemas.