“Por
ahí”. Frase mágica. Te puedes pasar media tarde rondando a tu hijo sin
conseguir que te diga mucho más. “Pero vamos a ver, ¿por ahí?, ¿dónde
es por ahí?, ¿qué hacéis por ahí?. ¿No estaría mejor
quedarse por aquí?” Y no hay forma de sacarle ni media palabra. Entre
la infancia y la madurez existe eso que se llama adolescencia y que se parece
bastante al más horrible sarampión. Dicen que te viene, cuando los miedos
y los problemas que nos da nuestro hijo, se multiplican hasta el infinito.
Sale
por la noche, empieza a tener contacto con el sexo y puede que con la droga,
empieza a definir su futuro profesional, nos contesta más a menudo y no se deja
dirigir con facilidad... y encima se junta con unos amigos que tienen una forma
horrible de vestir.
Pero
que el árbol no nos tape el bosque. Con frecuencia los agobios de tanto
problema, nos hacen olvidar que ahora está aprendiendo lo que es la vida de
verdad, y cómo se va a definir él ante ella. Pasa menos tiempo en casa
porque ya no es nuestro niño, es una persona, un individuo que se está
formando. Está dejando atrás al niño que ha sido para que crezca en él
una persona madura; eso le enfrenta a su pasado y, en cierta forma, a todas las
personas que intentan anclarlo en ese pasado.
Cambiar,
es una lucha interior muy dura que necesita del apoyo de gente que comprenda sus
circunstancias más intimas y cada paso que da. Ahora necesita a un grupo de
su edad, con los que compartir sus preocupaciones, que le acepten no por ser de
la familia, sino por esa forma nueva que tiene de ser y pensar. Cuando era un niño
nosotros éramos todo el apoyo que necesitaba, pero ahora se está
independizando de sus padres y necesita de otros apoyos. No podemos culparle por
todo esto.
Por
eso ahora no se le ve el pelo. Pero por mucha tristeza que podamos sentir al
perder
la “competición”, el que pase más tiempo con sus amigos que con
nosotros no es necesariamente malo: un círculo de amigos “sano” puede
ayudar en la formación de nuestro hijo mucho más que algunos de nuestros
consejos. Pero, ¿qué pasa cuando ese grupo no es tan “sano”.
El
primer problema que nos planteamos es la intimación: los atrevidos del
grupo, esos líderes que pueden intentar empujar a nuestro hijo a probar o hacer
cosas que él no quiere, pero si se niega perderá el apoyo del resto de la
pandilla.
Otro
problema serio se da “cuando el adolescente está con
gente que no le gusta, haciendo cosas que no le llenan, pero sigue ahí con
ellos, porque cree que si no está con esos amigos va a quedarse solo”,
según la psicóloga Virginia Fernández. Para la especialista, esto “es
horrible, porque el medio ambiente en el que se desarrollan no les hace sentirse
seguros, tranquilos ni respetados, precisamente en el momento que más falta les
hace”. Es un problema de confianza que se ira incrementando: “primero
el joven cree que no pueden existir otros amigos con los que estar o que éstos
son lo mejores aunque a él no le gusten; así que les acepta y comienza a hacer
cosas que ellos hacen pero que a él le siguen sin gustar, con lo que cada vez
se siente más frustrado e inseguro”. Un problema de timidez no atajado
puede hacer que tu hijo crezca conociendo a poca gente y teniendo escasas
experiencias.
Para
evitar éstas situaciones con los amigos hay que fortalecer la autonomía
de los adolescentes, que sean capaces de defender sus ideas y gustos, de moverse
para cumplir sus expectativas, y de decirle “no” a cualquiera, incluso a
nosotros mismos, si no conseguimos convencerle.
Lo
mejor para él en éste momento es que seamos dialogantes en todo lo que se
pueda dialogar. Piensa que aunque no tenga la responsabilidad ni experiencia de
un adulto, ya sabe pensar y entender cualquier tema. Ahora no hay tanta
diferencia entre ambos, así que debes intentar explicarle tus decisiones y
escuchar lo que piensa. Si contigo es capaz de defender sus gustos y
convencerte también lo conseguirá con cualquier otro.
Las
siguientes indicaciones te serán útiles para actuar en éste tema:
-
Los
amigos son necesarios. En un mundo de más de 6.000 millones de personas
hay muchísimas que pueden ser su amigo del alma, no hay más que animarle a
buscarlo. No dejes que tu hijo se encierre entre videojuegos y ordenadores.
-
Es
necesario respetar la intimidad de tu hijo, sí, y confiar en él
mucho, pero intenta conocer lo máximo que puedas sobre sus amigos y lo que
hacen juntos.
-
Cuando
tu hijo te pregunte si puede venir con sus amigos a casa (para ver una película,
hablar, cenar...), o te diga si uno de ellos puede acompañaros en una
excursión o en las vacaciones, piensa que te está dando una gran
oportunidad para conocer a sus mejores amigos. Podremos hablar con ellos
y observarles, pero sin interrogatorios, ni juicios.
-
Intenta
ponerte en contacto con los padres de sus amigos. Ellos estarán
encantados de conocerte, y podréis hablar de vuestros hijos. Es importante
para ello que abandones el tópico de que “mi hijo no hace nada, es bueno,
serán los otros los que le llevan por el mal camino”.
-
Ahora
que tu hijo pasa menos tiempo con vosotros, debéis esforzaros por aprovechar
bien esos momentos y no estancaros ante un televisor. Es el momento de
“mimar” mucho las aficiones, deportes o inquietudes que tengáis en común,
pues ahí podrás encontrar el medio ideal para comunicarte con tu hijo.
-
Haz
que se sienta libre para hablar y aprecia sus opiniones. Para ello
tienes que escucharle a él y a sus amigos ignorando la forma que tengan de
vestirse, peinarse o adornarse.
-
Como
ya hemos dicho, es importante que nuestro hijo se acostumbre a discutir
sus ideas con los demás. Así que a la hora de comer podéis comentar
temas sensibles, de esos que le puedan preocupar: el trabajo o los estudios
que hay para jóvenes, el fútbol, la religión, el matrimonio, un libro o
película, las últimas noticias de nuestro barrio… Es importante, que no
machaques sobre el alcohol y las drogas: indúcele a que sea él quien saque
el tema.
-
Si
sus amigos no te gustan, explícale por qué, pero hazlo con delicadeza:
estás tratando uno de sus puntos de apoyo, a lo mejor el único que el cree
tener. Dile qué es lo que no te gusta, trátalo abiertamente en una charla,
pero no estés recordándolo constantemente.
-
Trata
de no enfrentarte. Sus amigos son su elección. Una vez aceptado esto,
lo que si puedes es influir en esa elección propiciando otras alternativas,
como campamentos, encuentros... puedes hacerle recordar a algún buen amigo
que haya dejado atrás, en la infancia, en otra ciudad...
Recuerda,
que los problemas de los adolescentes son comunes para todos los padres del
mundo, no dependen de ti, no te has equivocado en tu forma de educar.
Simplemente tu hijo se esta haciendo su hueco en el mundo adulto y posicionándose
ante la vida. Aunque sea muy difícil, por que esta insoportable, debes
apoyarle, quererle más que nunca y respetarle. En unos años volverá a ser el.
Autor:
Ramón Muñiz Abad
Imagen:
Maria Casado Lafuente