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El lobo del siglo XXI: “Mi niña tiene Anorexia”


Entrevista con Gloria M.A. , madre de una adolescente con anorexia y miembro activo de AMCAB, una asociación de ayuda a familias con problemas de anorexia y bulimia. 

La encontramos cocinando, relajada, con unos zuecos blandos y peleándose con una tortilla que no termina de salir. “¿Qué?, ¿empezamos?”

Está llena de energía a pesar del tema que tratamos. Y es que Gloria lleva nueve años pelando en ésta guerrilla: primero con la hija mayor, y ahora vigilando a la pequeña. Nos sentamos a la mesa de la cocina.  

“¿Cuándo te planteaste que tu hija podía tener un problema serio?”

Ya a los nueve años empezó a sentirse mal consigo misma. Lloraba por las noches y no sabía por qué. Pero en realidad vi el problema claro a los once, cuando dejó de comer lo que le gustaba. Nosotros vamos mucho a la playa de Altea. Todos los años Beatriz se hinchaba a helados, pero de repente dejó de comer helados y solo nos pedía polos de hielo, verdura y cosas que no engordasen. Perdió mucho peso en ese verano. Nos asustamos mucho y acudimos a su pediatra, que no nos hizo ningún caso. Para él la niña estaba bien. De todas formas volvimos a verle a los quince días y fue entonces cuando notó el problema: en dos semanas había perdido mucho peso.

Aquí respira hondo y se enciende un cigarro. Sin quitar los brazos de la mesa sigue contándome. Aquel médico les mandó al Hospital Niño Jesús, el único de Madrid con especialistas en casos de anorexia y bulimia.

A Antonio, mi marido, no le hacía ninguna  gracia que la niña tuviera que estar en la zona de psiquiatría. Aquello era demasiado fuerte, Beatriz solo tenía once años. Así que probamos otras salidas. Acudimos a un psicólogo privado, que para reforzarle en su estima me hacía a mí culpable de la situación.  Pactaba con trozos de pan. Le decía: “haber si te puedes comer hoy éste trozo de pan”. Hacía tratos de éste tipo, pero no llegábamos a ningún lado. La niña no mejoró, así que a pesar de que el psicólogo tenía muy buena reputación, dejamos de ir. Un familiar mío me habló de ADANER, una asociación que ayuda a familias con éste problema, donde me recomendaron a un psicólogo especializado.

“En todo éste tiempo, ¿Beatriz sabía que tenía un problema?”

Se dio cuenta. Lo bueno que a tenido Beatriz es que muy pronto empezó a pedir ayuda. Ella sabía que algo iba mal, y eso estuvo a nuestro favor. De todas formas, no siempre fue así. Al principio fue difícil que ella se diera cuenta de que estaba enferma. Las vecinas la decían que tenía un cuerpo estupendo, que de mayor sería modelo. A mí cuando lo oía me hervía la sangre, porque eso era justo lo que no debían decir.

Me mira y me dice:

“Todo esto es muy complicado”. Cuando más adelgazaba su hija, más la miraban los chicos y más piropos recibía de las vecinas. Y pese a ello, Beatriz seguía viéndose gorda.

“¿Por qué crees que pese a todo se veía así?“

Beatriz era una niña que tenía problemas emocionales, era una niña muy absorbente, muy pendiente también del mundo adulto. Era una niña que demandaba constantemente cariño pero no sabía pedirlo. Supongo que el querer ser, como ese modelo ideal que la tele nos planta la hacía estar en el centro. No se si me entiendes. Si eres una persona graciosa, harás las gracias o los chistes y recibirás esa atención. Pero si no eres una chica graciosa, solo te queda estar ahí siendo ese modelo. Es una especie de prestigio social.

Todos éstos chavales que llegan a la anorexia suelen tener un patrón tipo: son más maduros que el resto de los niños de su edad, son muy perfeccionistas, tienen mucho sentido de la responsabilidad, y sobre todo mucho miedo al fracaso.

Después de haber pasado por distintos médicos y psicólogos, ¿cómo ha sido el tratamiento que sí ha funcionado con tu hija?”

Para empezar esto es un tratamiento indefinido, y hay que concienciarse de ello. Se puede superar, pero es un proceso lento en el que nunca hay que bajar la guardia. Beatriz está mucho mejor. Ha aprendido a asumir que se puede ser imperfecto, y ser feliz con ello. Los que padecen la anorexia tienen que aprender a querer y a quererse.

Un buen paso se da cuando son adolescentes y empiezan a tener novios. Manifiestan su cariño, y asumen ciertas responsabilidades emocionales. Yo lo he notado con mi hija. De todas formas mi hija a pasado por varias terapias, individuales, de grupo, y hemos saltado de una asociación a otra. Para salir de esto tienes que preguntar, probar, cambiar muchísimo.

Pero estamos hablando de una enfermedad que afecta a más del 3% de los  españoles, es una brutalidad ¿El problema es que no hay una cura muy definida?¿ qué hace la Seguridad Social en éstos casos?”

Si es un locura,¿sabias que cada primavera dos millones de adolescentes comienzan una dieta, no controlada y con múltiples riesgos? Es demasiado pero voy por partes.

En primer lugar hablamos de una enfermedad psicológica, con lo cual para tratarla no hay un solo método. La continuidad de uno u otro dependerá de la evolución de tu hija.

Por otro lado la Seguridad Social no tiene cobertura para nosotros. Faltan psicólogos, faltan especialistas, faltan centros de día... todavía hay muchos médicos que no se han enterado de que esto es una enfermedad y que exige su tratamiento. No saben lo que te tienen que decir.

Ahora se está empezando a poner servicios especializados de anorexia y bulimia, tu piensa que hace quince años no había especialistas. Cuesta mucho encontrar médicos especializados. En Madrid solo te ingresan en el Niño Jesús, y a los quince días a la calle. ¿Y qué haces después?

El tratamiento privado es carísimo, es una millonada que no todo el mundo puede pagar.

“¿La Seguridad Social no os da pautas o preparación ante éste problema?”

Nos dan pautas. Lo primero que te dicen es que la niña no puede entrar en la cocina, que no debe comer sola. Hay que pesarle la comida... una serie de indicaciones. En esto mis padres me ayudaron mucho. Yo trabajo en un centro de niños con síndrome de down. No podía estar con ella cuando le tocaba comer, así que los abuelos venían todos los días a casa. Toda la familia girábamos en torno a ella. Quizás hubiésemos necesitado ayuda nosotros también. No sabíamos como tratarla. No sabíamos si consentírselo todo o no pasarle ni una. Sus crisis nos afectaban a todos y, de alguna manera, su padre y yo nos sentíamos culpables. Yo me sentía culpable de estar gorda. Empecé a pensar que eso podía afectarle a ella. Pensé en operarme. Pero luego después me di cuenta que sería mejor así, gorda.

Su padre y yo nos sentíamos culpables. Algo habíamos hecho mal. Beatriz siempre había sido una niña muy despierta. En el cole sacaba sobresalientes, y aun así la apuntamos a música y a baloncesto. Solo queríamos abrir su campo de iniciativa, siempre con nuestra mejor intención. Pero quizás fomentamos esa excesiva responsabilidad o perfección, quizás le pedí que dejase de ser niña antes de tiempo.

Se apoya con las dos manos sobre la mesa, y suelta el mandil. Le digo que yo no creo que fuera así. Hay muchos niños que hacen actividades extraescolares y no les pasa nada de esto.

“No se, te llegas a plantear todo”. Y como te he dicho, cuando pienso en esa época aún veo que en muchas cosas tuvimos suerte, por ejemplo con los abuelos. Gracias a eso no tuve que dejar mi trabajo. Pero, ¿qué pasa con esas madres que trabajan y no tienen a la familia cerca?. En el trabajo no te dan un permiso para enfrentarte a esto.

Antes has hablado de un modelo de belleza que nos plantea la televisión y que es parte del problema. Nosotros hace poco entrevistamos al presidente de la Asociación de Usuarios de la Comunicación. Según él no podemos hablar de una relación directa entre la televisión y éste tipo de enfermedades, y nos contaba por ejemplo que en Estados Unidos todas las personas que salen en la pantalla son “perfectamente delgados” pero sin embargo hay cada vez más telespectadores obesos. ¿Cuál es tu opinión?”

Yo creo que sí tiene una relación directa. El factor social influye muchísimo en éste problema, y en esto tienen mucha importancia los medios de comunicación. Ahora casi ninguna modelo tiene la menstruación. La mujer tipo que ahora nos venden es una mujer andrógena. Mi hija pequeña, Sara, tiene dieciséis años. Se dedica a perseguirme por toda casa cogiéndose una cadera mínima, y contándome lo horrible que es tener “esto”. Está delgadísima. Con ella también tengo un poco de miedo. Sus ídolos son mujeres extra delgadas, sin curvas, ni pecho, ni nada que parezca una mujer.      

“Entonces, ¿tu crees que la anorexia es un problema de ahora, que no existía antes?”

No, no. Es una enfermedad que existe desde hace muchísimo tiempo. Sisi Emperatriz dicen que ya la padecía. Era una enfermedad que afectaba a las clases sociales altas. Ahora no. Ahora afecta a todo el mundo, y cada año es peor. Cada vez la edad de riesgo es más amplia. Ya hay casos de mujeres que en la edad de la menopausia padecen anorexia, y en cuanto a los jóvenes la cosa es mucho más grave. Se están dando casos de niños con seis años. Es horrible. Y no solo están enfermando mujeres.

“Pero siempre que se habla de ésta enfermedad se piensa en anoréxicas, ¿no es ésta una enfermedad solo de mujeres?”

No. Es cierto que a la mujer siempre se le ha exigido que fuese ese modelo erótico, siempre ha estado muy definido el modelo de mujer que debería ser. Sin embargo a los hombres no les ha pasado esto. Las mujeres nos hemos sentido culpables por no estar guapas, por no estar en casa cuidando a los niños. Sin embargo al hombre solo se exigía un prestigio profesional. Pero desde hace poco, al hombre también se le está exigiendo que esté guapo, que esté fuerte, que se parezca a ese modelo. Como ya te he dicho ningún sector de la sociedad se escapa. Sí, cada vez hay más hombres anoréxicos.

Después de lo que ha visto, Gloria podría dar un master sobre la anorexia. El problema de su hija la llevó de médico en médico, y en ese camino se fue uniendo a otros padres que, como ella, se enfrentan solos a ésta enfermedad. Forman una asociación que todas las semanas se reúnen, hablan de los logros que han conseguido, de un nuevo tratamiento que han oído por ahí; editan una revista que reparten por colegios, organizan cursos y orientan a los padres que acaban de encontrarse con la misma enfermedad. No puedo marcharme sin preguntarle por lo que habría que hacer para solucionar éste grave problema

“No lo sé. Una mayor cobertura a nivel médico, familiar. Alguien que te ayude. Los hospitales de día son fundamentales, son hospitales donde las niñas van a comer cuando salen del ingreso. Además socialmente también tienen que cambiar algunas cosas, como por ejemplo abandonar el prototipo de mujer delgada y triunfadora.

Con esfuerzo, con mucho esfuerzo y cariño se consigue todo”.

Web de la asociación: www.lanzadera.com/amcab

Contacto: amcabweb@mixmail.com

Texto de María Casado Lafuente y

Ramón Muñiz Abad

Imagen: María Casado Lafuente.

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