
“El súper hasta arriba de gente, la vecina del quinto diciéndote lo mucho
que ha crecido tu niño, y tu intentando ordenar la compra sobre la cinta,
mientras que tu cielito tirado en el suelo pataleando, grita lo mas fuente que
puede, para que le compres un chicle”.
A la mayoría de los padres, en una situación como esta o en otra parecida, nos
han echo pasar un mal rato. ¿Qué podemos hacer cuando están en juego nuestro
equilibrio físico y emocional por un simple chicle?
Lo primero de todo intenta
relajarte, te está poniendo a prueba,
en los primeros años de su vida,
entre los dos y los tres años, los niños intentan establecer su propia
identidad e independencia. Intenta hacer las cosas a su manera y bien por sus
propias limitaciones, bien por que tu criterio se impone, el niño se siente
frustrado y se manifiesta de la forma que mejor conoce con rabietas y
berrinches.
No
debes premiar de ninguna manera sus rabietas, y tu atención es una forma de
recompensa para él. Si no puedes aguantar la situación ponte a hacer otra
cosa. La mejor forma de evitar los berrinches es ignorarle, como si no pasase
nada. Piensa que con tu forma de actuar le estas enseñando a él también, cual
es el mejor camino para resolver una situación complicada.
Observa
en que circunstancias se producen las rabietas y evita, en la medida de lo
posible, estas situaciones. Generalmente suelen ir asociadas al cansancio, si no
ha descansado lo suficiente, intenta no sacarle a la calle.
Si ves que se prolonga, un buen
sistema para atajar la rabieta es el
cambio de actividad, intenta llevar su atención hacia otro terreno. Por
ejemplo, si estas peleando con él por que no se quiere poner el gorro, no te
empecines, seguro que por mucha prisa que tengas, cualquier situación puede
esperar cinco minutos, mientras le enseñas el postre que has preparado para la
cena. Si es posible y tus nervios te lo permiten, intenta hacer un chiste sobre
el postre, conseguirás que se relaje.
Ahora puedes explicarle que como ya es mayor, se podrá colocar solito el gorro
en el espejo del ascensor.
Si este sistema no funciona y
continua llorando, déjale sin ningún remordimiento, él tiene que aprender de sus
propias experiencias, simplemente no le atiendas. Eso sí, en cuanto se calme
intégrale en la rutina familiar como si no hubiese ocurrido nada, ni abrazándole
especialmente, ni intentando que entienda que ese no es el camino, él ya lo ha
aprendido.
No todos los niños tienen la
misma predisposición a las rabietas, dependerá del carácter de cada uno, y
por supuesto de la actitud que tomen sus padres ante esta situación.
Si tienes la suerte de que te
toque un “corajudo”, ten en cuenta para tu propia tranquilidad, por
un lado que es algo normal, que forma
parte de su desarrollo, y que todas las personas que han tenido hijos han pasado
por situaciones similares y lo entienden. Y Por otro lado, que no
lo esta haciendo para fastidiarte, que su propósito es únicamente el de
conseguir lo que desea, y el tuyo debe ser el de prepararle lo mejor posible
para saber que en la vida no es posible tenerlo todo. Aunque muy de vez en
cuando, tampoco esta demás que cedas con alguna cosilla intranscendente, no
pasa nada por darle lo que quiere si lo pide bien.
Animo, se les pasa.