Cierra
los ojos y piensa en ésta palabra: “dinero”. Seguramente aparezcan en tu
mente palabras como fin de mes, sueldo, préstamo, vivienda, precios…y otras
tensiones más o menos satisfactorias.
Pero aunque
parezca extraño, en el dinero no todo es gastarlo. Hay una serie de valores que
podemos enseñar a nuestros hijos educándoles en el manejo de los euros.
Valores como el esfuerzo, la generosidad, la honradez, el trabajo...
Viendo cómo
reacciona, podemos saber hacia dónde apunta nuestro hijo y aconsejarle en
consecuencia. Puede que nuestro niño sea despreocupado, o bien que le guste
ahorrar, quizás luche por conseguir más, o en cambio se desprenda del dinero rápidamente
gastándolo en los demás; en cualquier caso cuanto más pronto podamos hablar
con ellos de éstos temas antes podremos corregir los posibles errores del
futuro.
Antes de
dar una paga a nuestro hijo
es conveniente asegurarse de que ya sabe manejar correctamente las cantidades y
los números, no vaya a ser que con la primera paga intente comprarse una moto
acuática. Para ello no estaría nada mal ir mandándole pequeños recados como
ir a comprar el pan, el periódico o alguna cosa al súper. De ésta forma el niño
se familiariza con el precio de las cosas, las monedas, y con revisar que “el
cambio” es el correcto.
El momento
idóneo para comenzar a darle una cantidad fija
a nuestro hijo se sitúa entre los diez y los trece años (etapa llamada de pre-adolescencia).
Nuestro hijo ya empieza a estudiar solo, a elegir la ropa que se quiere comprar,
incluso comienza a pasear con sus amigos sin la atención de un adulto. Es el
momento de empezar a hablar de dinero con nuestro hijo.
El primer
paso es explicarle a nuestro hijo como se consigue el dinero.
El niño ve que siempre hay billetes y que cuando se acaban hay una máquina en
la calle que te da más. A todos nos gustaría pensar esto, pero la realidad y
lo que debemos hacerle entender es que el dinero no es infinito, que se consigue
trabajando, y que al gastar hay que ordenar las necesidades.
¿Cuánto
darle de paga? Cada edad tiene su gusto y cada
gusto tiene su precio. No debe ser lo mismo lo que le damos a un niño de diez años
que a otro de quince.
Para saber qué
cantidad se debe dar a un niño se suelen dar dos consejos: preguntar a otros
padres cuánto le dan ellos a sus hijos, o hablar con nuestro propio hijo para
discutir cuál puede ser una buena cantidad. Cada consejo tiene sus matices: es
conveniente hablar con nuestro hijo para hacerle sentir partícipe de la decisión,
pero es aun más importante no olvidar que la última palabra es nuestra. Debemos
valorar cuales son sus necesidades por encima de lo que él dice necesitar.
Los niños aprenden pronto eso de que “el que no llora no mama” y pueden
ponerse a pedirnos el último juguete de moda sin pensar mucho en cuánto caso
le harán después.
En cuestión
de dinero más tarde o más temprano el pequeño nos pondrá a prueba.
Cuando nuestro hijo se haya gastado su dinero y le queden días o semanas antes
de su próxima paga intentará pedir aumentos, dinero extra o préstamos. Debemos
decidir si con éste asunto del dinero queremos educar a nuestro hijo (para
lo que no es recomendable que las reglas cambien siempre en función de sus
necesidades) o si vamos a renunciar a todo conflicto y vamos a darle la
satisfacción que nos pide sin importarnos que aprenda o no las consecuencias de
su libertad mal usada..
Por otra
parte, saber cuánto le dan otros padres a sus hijos, es una información útil
pero no definitiva. Cada casa es un mundo. Cada uno tiene sus posibilidades.
Los niños
deben saber que la paga supone un esfuerzo extra que hacen los padres, un
esfuerzo que quizás no siempre se pueda hacer si la economía familiar no lo
permite. Antes de pensar en si tiene más o menos que los chicos de su edad,
encárgate de que tu hijo se compare con lo que hay dentro de
casa.
Paga con
condiciones.
Determinados padres aprovechan el “premio” del dinero para impulsar a una
actitud que quieren inculcar en el niño. Así por ejemplo se le puede dar la
mitad de la paga de forma fija y la otra mitad depende de si el niño estudia o
ayuda con las labores del hogar. Aunque sea una medida que parece
facilitarnos las cosas en un principio, lo ideal es que el niño entienda que
debe hacer éste tipo de tareas haya o no haya recompensa económica. Si no
se podemos encontrarnos con que el niño no estudie “porque lo que pierdo es
mi paga y me da igual”.
Hay que
intentar convencer al niño con otros argumentos y dejar los premios económicos
como último recurso.
Una vez el niño
lleva tiempo suficiente en el manejo de su paga se puede y se deben ampliar los
compromisos. Lo principal es que entienda que para conseguir unas cosas hay
que hacer ciertos sacrificios. Por ello podemos llegar a acuerdos del tipo
“yo te pago hasta 30 euros en unas zapatillas, pero si tu las quieres de marca
el resto lo tienes que poner tu” o “yo te regalo el móvil pero las recargas
las pagas con tu paga”.