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Viajar en familia

Londres en Familia

¿Por qué Londres? La capital de Inglaterra produce algunos temores poco atractivos para un viaje en familia: “fría, inhóspita, con gente introvertida que religiosamente toma el té a las cinco, y entre los cuales sale de vez en cuando algún tipo a lo Mister Bean”. Hasta aquí los mitos; la realidad es bien diferente. La city es una ciudad de ciudades, extensa pero sin agobios (pues los edificios no pasan de las tres o cuatro plantas), poblada por tantos ingleses como inmigrantes venidos de todo el mundo, viviendo juntos en una de las ciudades más seguras del mundo, lo cual se agradece mucho siendo turista y padre. Una capital hecha a retales: aquí un edificio moderno, en esa esquina un palacio del siglo XVIII, más allá un parque donde los cisnes pasean por las mismas aceras que los transeúntes. Con éste decorado es fácil caminar con los niños sintiéndonos los protagonistas de una aventura lejana.


Mimando la joya de su turismo, los ingleses han tenido la delicadeza de mantener los suficientes zoos, acuarios, atracciones, artistas callejeros y parques temáticos como para que la visita pueda encantar hasta a los niños más exigentes.

 Preparar el viaje

“Hay que ir a Londres”. Ésta es una frase de pensar cuando uno ve los precios de los aviones. En los últimos años las compañías aéreas están bajando tanto los precios de éste trayecto que el vuelo sale más barato que ir en autobús a muchas ciudades españolas.

En cualquier caso la planificación es lo esencial. Sacar los pasajes con dos meses de antelación nos permite pagar hasta 25 euros por trayecto y persona con algunas compañías. Eso siempre y cuando decidamos organizar nosotros el viaje. Internet hoy permite que en unas horas reservemos avión, hotel y visitas, aunque siempre podemos optar por pagar algo más de dinero y contratar un viaje programado en cualquier agencia de viajes.

Si nuestra opción es organizar el viaje a nuestra medida, deberemos tomar algunas decisiones:

ALOJAMIENTO: y primer aviso. Pese al ahorro que supone el avión, Londres es una ciudad cara en comparación con los precios españoles. De todos modos hay diferentes soluciones. La más económica es alojarse en un albergue. Aunque las comodidades son mínimas, los hay por 20 euros la cama en habitaciones que van desde las cuatro hasta las doce camas. Conviene hablar con los albergues previamente para intentar conseguir una habitación exclusivamente para la familia. Suelen dar desayuno y cuentan con lavandería y cocina para uso de los residentes. En www.hostels.com encontrareis una considerable lista de sitios y precios.

Otra opción son los llamados Bed&Breakfast, un alojamiento típicamente ingles. Parecido a nuestras posadas, suelen tratarse de habitaciones en una casa normal y en un entorno más familiar. El desayuno está asegurado y su nivel de comodidad respecto a intimidad y aseos suele ser mejor que en los albergues.

En comodidad la mejor opción, y de largo la más costosa es el hotel. Londres tiene una extensa red de hoteles muy diferentes. Algunos de ellos han adaptado sus atenciones a clientes que vienen con la familia. Podemos encontrar una lista de los hoteles con más facilidades para los niños en http://www.londonhotels-discount.com/base/forchildrenhotels.html

TRANSPORTE: Lo más cómodo en una excursión familiar es poder disponer de un vehículo propio. En Londres el alquiler de coches es relativamente sencillo y barato pero la dificultad está en que el volante lo tienen a la derecha y circulan en sentido contrario al que estamos habituados. Esto puede hacer que nos llevemos alguna sorpresa al cruzar la calle, porque inconscientemente lo solemos hacer mirando solamente a la izquierda. Conviene ser pacientes con éstas rarezas. Todo es cuestión de aclimatarse. Incluso al conducir. Si somos hábiles al adaptarnos a su sistema no tendremos problemas para conducir.

En cualquier caso el transporte público es una buena solución. Londres cuenta con una red de autobuses muy práctica y su metro, el legendario tube, al tener ya un siglo de historia, ampliaciones y mejoras llega a cualquier sitio de la ciudad. Si optamos por éste sistema conviene adquirir la visitor travel card, un pase para todos los transportes pensado para los turistas y que solo se puede comprar en el extranjero. Es más rentable que los pases que se compran en la misma ciudad. En España solo la venden las oficinas de turismo británico. Existe una travel card familiar con la que ahorraremos muchas libras. 

PASEANDO POR LONDRES

Ser turista en Londres es caminar y detenerse ante cada sorpresa. Lo que sigue es un recorrido típico por el centro de ésta enorme ciudad. El itinerario se puede hacer en un día o en una semana, dependiendo de cuánto tiempo decidamos pasar en cada tienda, parque... y de si vamos caminando o preferimos ver la ciudad desde uno de esos autobuses rojos de dos plantas.

En lugar de recorrer la ciudad a nuestro aire también podemos subirnos a un autobús turístico. La compañía Evan Evans Tours ofrece distintos recorridos, algunos de ellos con guías españoles. En los aeropuertos y las oficinas de información encontraremos quién nos puede indicar cuál es la parada más cercana a uno de éstos autobuses.

De Notthing Hill al Hyde Park: el barrio del que supimos gracias a una comedia romántica es uno de los lugares más curiosos de Londres. Hace una década era la zona céntrica más barata para vivir, lo cual atrajo a inmigrantes, estudiantes y artistas que le han dado un colorido muy especial. En Agosto se celebra un famoso carnaval que dura varios días y llena las calles de gentes que bailan samba, música oriental, africana...  Todos los sábados  se celebra un mercado muy famoso de antigüedades y cosas de segunda mano: el Portobello market.

Por la avenida de Notthig Hill llegamos al pulmón de Londres: dos parques unidos, el Hyde Park y los Kensington Gardens. Un buen lugar para pasear o dejar a los niños jugando en el Princess Diana Playground, un parque lleno de muy distintos columpios y juegos hecho en recuerdo de Lady Di. En el estanque llamado Round Pound, una magnífica muchedumbre de patos, cisnes, ocas, gansos y hasta pelícanos y flamencos pasan del agua a la acera sorprendiendo al paseante. Podemos visitar el palacio de Kensington, que lo utilizaban para veranear los reyes del siglo XVIII.

Uno de los sitios más curiosos lo encontraremos en un rincón del Hyde Park. Se trata del mítico Speakers Corner, donde cualquier persona que lo desee puede subirse a una tarima o escalera y expresar su opinión y enfado. Rabinos, budistas, nacionalistas, antiglobalización, hombres desengañados... el elenco de personajes es sorprendente. Ésta peculiar situación proviene de un antiguo truco para salvar una antigua ley: según la norma, no podía ofender a la corona nadie que pisase suelo británico... así que desde entonces la gente para soltarse se sube a una silla.

Desde el palacio de Buckingham al Covent Garden: Al lado del Hyde Park se encuentra el Parque verde (Green Park) y el de Saint James, que rodean al famoso palacio de Buckingham. La prueba definitiva de una visita a Londres es la de hacer una foto al palacio y sus guardianes de sombreros de medio metro. El acceso desde la calle de The Mall es esplendoroso. Quizás de todos los parques, el de Saint James sea el más bonito para pasear, aunque también el más pequeño.

El paseo hasta Piccadilly Circus nos lleva al centro de la ciudad: la minúscula estatua de un cupido rodeada de grandes almacenes, McDonalds y mucho bullicio. Más tranquilo es el paseo hacia el Covent Garden. Nos encontraremos tiendas muy exóticas y variadas además de acogedores restaurantes. En la calle peatonal es habitual encontrarse con mimos y grupos de artistas con exhibiciones que merecen mucho la pena. Es un buen momento para tomar un helado y descansar viéndoles antes de alcanzar el Covent Garden. Se trata de una especie de nave de dos plantas y un sótano donde las tiendas y el espectáculo se dan de la mano. Mientras vemos establecimientos de cuadros, velas o corbatas encontraremos a caricaturistas, cantantes de ópera, funambulistas y muchos payasos capaces de hacer reír a cualquier niño por extranjero que sea. Los chavales más intrépidos se sentirán atraídos desde el principio por una atracción en la que, sujetados a unos cables elásticos, podrán saltar hasta una altura de dos y tres pisos.

Paseando por el Tamesis: guiarse por las orillas del Tamesis es encontrarse con vistas increíbles de la ciudad además de atracciones muy divertidas para los niños. Podemos caminar por sus orillas o tomar uno de los catamaranes turísticos que los recorren. Con un poco de suerte encontraremos alguno con explicaciones en castellano.

La primera parada obligatoria es el Big Ben y el Parlamento ingles. Ésta permitido el acceso al senado, pero es una visita muy pesada para un niño. En la misma plaza de estos dos edificios se encuentra la Abadía de Westminster, que es la única iglesia donde se celebran todos los oficios religiosos de la corona británica.

Tras éste rato de turismo en estado puro, conviene alegrar a los chicos. Cruzamos el puente y nos encontramos con una oferta amplia y divertida. Tenemos la London Eye, una de las norias más grandes del mundo y desde la que se puede tener una vista de Londres muy difícil de conseguir de otro modo. Enfrente encontramos un amplio acuario, un museo de Dalí y unos recreativos. Hagamos lo que hagamos habrá que tener paciencia pues suele haber colas como para pensárselo dos veces.

En ese mismo lado del río veremos el corral donde Shakespeare estrenaba sus obras, un puente bajo el cual se venden libros usados y se tocan músicas exóticas al lado de las mesas de un conocido café decorado con los posters de estrellas de cine. En los días de fin de semana el paseo se llena de pintores y mimos que amenizan el paseo.

Visitas especiales

British Museum: aunque las palabras niños y museos nos llenen de dudas merece la pena intentarlo. Las joyas de toda una historia de imperio y colonialismo se encuentran en las salas de éste museo casi infinito, cerca de la parada de metro de Rusell Square. Una habitación nos traslada a Egipto, otra a Mesopotamia, la siguiente nos sitúa en Grecia, después veremos los instrumentos que usaron los auténticos indios de América. Además de ser gratis el acceso (funciona con donaciones) todas las figuras se pueden tocar. No es raro cruzarse con una excursión escolar en la que unos niños corran al lado de una efigie mientras otros golpeando algún mural.

Legoland: un parque temático basado en el famoso juguete. Tiene atracciones, espectáculos, restaurantes además de modelos Lego de gran tamaño. Su precio es de unas veinte libras, aunque se puede conseguir más barato reservando la entrada por Internet.

El zoo de Londres: es uno de los más antiguos del mundo y de los más grandes. Sus más de 8.500 animales hacen que pueda ser una visita quizás no muy turística pero sí que agradecida por los más pequeños. Uno de sus atractivos es una sección en la que se pueden ver animales nocturnos en plena acción. Se encuentra en el extremo Norte del Regent’s Park, al lado de la estación de Camden Town. Al sur de éste parque está también el museo de cera más famoso del mundo, el de Madame Tussaud’s, el Planetario y un museo dedicado al universo de Sherlock Holmes.

El mundo de aventuras de Chessington (Chessington World of Adventures). Se trata del parque temático más concurrido. 1,7 millones de visitas lo justifican. Además de rápidos, norias, toboganes y una montaña rusa con más de diez vueltas el parque tiene su propio zoo, especializado en animales que están en peligro de extinción. Su precio está entre los quince y veinte libras y su mayor obstáculo es el acceso. Hay que llegar hasta la estación de tren de Chessington South Station y desde allí caminar unos diez minutos.

¿Viajar al extranjero con niños? Preocupaciones con y sin fundamento

Es normal sentir cierto temor a visitar un país extranjero con nuestros hijos. Se trata de un lugar que no conocemos y eso nos produce una inseguridad comprensible. Cada padre debe decidir hasta dónde aventurarse con sus hijos, y en esto, todas las respuestas son válidas.

Si hablamos aquí de Londres es porque se trata de una ciudad tan segura o más que cualquier ciudad española. Hace unos años pusieron en todas las calles cámaras con sistemas que reconocen el rostro de aquellos que han sido fichados alguna vez por la policía y le vigilan calle a calle. Hoy esto permite que podamos caminar por calles solitarias con la misma tranquilidad con la que andaríamos si estuviésemos al lado de un guardia. Por tanto la pregunta es que si estamos dispuestos a visitar con nuestros hijos cualquier ciudad española por desconocida que sea, ¿por qué Londres no?

Conocer una ciudad extranjera puede ser muy beneficioso para un niño. Él se da cuenta de que hay otros países donde la gente vive con naturalidad algunas cosas de forma diferentes a lo que estamos habituados. Además la visita nos une en la aventura, cada rincón tiene una leyenda y cada leyenda es un cuento que el niño vivirá si estimulamos su imaginación con juegos y relatos.

Texto: Ramón Muñiz Abad

Imagen: María Casado Lafuente

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